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Ellos, nosotros, y de cómo aproximarnos

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Uno de los fenómenos que ha marcado la vida de los argentinos en estos años es la profunda división entre partidarios y opositores del gobierno actual. Una división que ha dañado relaciones familiares cercanas y amistades de muchos años; una ruptura que no llevó sólo a la ausencia de relaciones sino también a ríspidas confrontaciones. Todo como resultado de desencuentros que no han hecho más que agudizar la intolerancia que ha sido una constante de nuestra idiosincrasia nacional: desde los enfrentamientos entre unitarios y federales, pasando por los de conservadores y radicales, para entronizarse en la de peronistas y antiperonistas que todavía nos acompaña. Idiosincrasia que se ha valido incluso de figuras del deporte para la confrontación: con el Boca o River, Gálvez o Fangio, Gatica o Prada. Hace más de cien años Joaquín V. González ya se lamentaba por nuestro “espíritu de la discordia”.

Pero el ciclo kirchnerista termina y los candidatos con más probabilidades de llegar a la presidencia han mostrado características personales que permiten ilusionarnos con una menor confrontación. Es un buen momento para que la sociedad civil, en sus múltiples manifestaciones, se sume al posible cambio fortaleciendo esa posibilidad. Esto ayudará a instalar un diálogo que lleve a los consensos mínimos necesarios para enfrentar los muchos problemas que tenemos por delante. Para esto es necesario desarrollar la capacidad de ponernos en el lugar del otro, para comprenderlo y así aceptar las diferencias.

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Los Nosotros oficialistas deberán entender que los Ellos que piensan diferente no son oligarcas, miembros de corporaciones destituyentes, ni enemigos del pueblo. Algunos podrán serlo, pero la inmensa mayoría nada tiene que ver con ellos. Son ciudadanos que quieren una Argentina previsible, estable, con crecimiento económico, pleno empleo y con una distribución equitativa que reduzca la pobreza a su mínima expresión. Que las diferencias no radican en esos objetivos, sino en una evaluación diferente en cuanto a la eficiencia y transparencia con que se han llevado adelante las políticas para alcanzarlos. A lo que se agrega el poco respeto por las instituciones, en consonancia con la errónea teoría de Laclau que considera los principios de la Constitución Nacional como favorables a una concepción oligárquica y antipopular de la organización social.   

Por su parte, los Nosotros de la oposición deberán descubrir que los Ellos que apoyan al gobierno actual, en su gran mayoría, son personas que más allá de algunas actuaciones inadecuadas, que también las hubo en la oposición, son gente de trabajo que busca una protección que vaya más allá de las declaraciones de derechos, que les asegure empleo estable, convenciones colectivas de trabajo para negociar sus salarios, jubilaciones actualizadas periódicamente y una asignación universal por hijo que les ayude a paliar sus urgencias, entre otras cosas. Gente que necesita pruebas claras y concretas de que esos objetivos son efectivamente compartidos por la oposición. La mayoría de esos Ellos no está en condiciones de evaluar las consecuencias futuras de la actual gestión económica, ni las posibles oportunidades perdidas, por lo que no se les puede pedir que condenen esas políticas. Ellos las juzgan por los efectos de las mismas en el corto plazo y lo que ven les parece aceptable. Y en cuanto a la corrupción, piensan que se trata de un flagelo que va más allá de este gobierno, que está enquistado en la sociedad toda, y que lamentablemente nadie puede tirar la primera piedra frente a esta deformación moral.

Cuando nos tomemos el trabajo de entender a los Ellos diferentes a los Nosotros, veremos que las cosas que quieren los unos y los otros son bastante compatibles, y que la dificultad principal radica en atribuir a los otros finalidades perversas en lugar de intentar comprender lo que efectivamente piensan y desean.

*Sociólogo.