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La grasa de la política

El verano no sólo impone temperaturas agobiantes: también marca tendencias y desnuda una actualidad que se reparte entre la calle y la sombra.

Foto:Cedoc

La productora ya está funcionando. A medias, como todo en enero, pero al menos hay bastante gente como para empezar a armar el año. Incluso en medio de este calor agobiante. En mi oficina, el aire acondicionado está en situación semipolar.

—La idea es que subas a Twitter un hashtag que diga #YoTengoUnPrimoPeriodistaQueTieneLaPostaYMedijo, y ahí vos ponés tus verdades, bien chequeadas, para difundir más tu trabajo –me dice Nahuel, mi asesor en redes sociales.
—¿Te parece? –dudo–. ¿No es un poco largo todo eso?
—Mmm… puede ser… tal vez tengamos que encontrar algo más corto –admite Nahuel–. Pero la idea es buena.
—¿Vos creés? –sigo dudando–. Me parece que lo de “tengo un primo” no tiene mucha credibilidad.
—¡Pero tiene actualidad! –exclama Nahuel–. Y acá lo que importa es eso, la inmediatez. La credibilidad no existe. Y con eso la gente se va a recontra enganchar, te lo aseguro. Vas a ser trend topic.
—Bueno, dale –asiento, aunque con muchas dudas–. ¿Y Carla? ¿Por qué no llegó todavía?
—Sigue de vacaciones en la playa. Ella dejó de lado el trend topic y se aferró al Hawaiian Tropic.
Entra Moira, mi secretaria.
—Llamaron varias veces de distintas organizaciones sociales –dice–. Piden que firmes un petitorio exigiendo la libertad de Milagro .
—¿Qué? ¿Están locos? ¿Qué sigue después de eso? ¿Pedir la libertad de Martín Lan? ¿Del Chapo Guzm&aacu?
—Es un poco mucho lo que estás diciendo –me dice Moira–. No se te ocurrirá poner semejante pelotudez en tu columna…
—Pero Milagro Sala es una mina peligrosa, que tiene una banda armada, que aprieta gente… pregúntenle al Perro Santill&aacu.
—Sí, pero que también construye casas y hace obras para los pobres –agrega Nahuel–. Por eso hay mucha gente que la sigue.
—Bueno, sí, está bien, Pablo Esc también hacía obras para los pobres –me enojo–. Pero no creo que a Milagro Sala la hayan detenido por hacer casas.
—No, peor: la detuvieron por protestar, como líder de una organización social –
dice Moira.
—Claro, es como si detuvieran a José Ped por defender los derechos de los trabajadores ferroviarios –explica Nahuel.
—O como si hace un par de años hubieran detenido a Julio Gron por haber llegado a la final del Mundial de Brasil –agrega Moira.
—O como si hubieran detenido a Barreda por hacerle un tratamiento de conducto gratuito a una persona pobre que no tenía para pagarle –continúa Nahuel.
—¡Qué situación horrible! –me quejo.
—Un asco –agrega Nahuel–. Por un lado, el Gobierno busca criminalizar la protesta social. Por otro, terminan convirtiendo a Milagro Sala en Rosa Luxemburgo.
—¿Y se puede detener a alguien por protestar? –pregunto.
—¡Por supuesto! –responde Nahuel–. ¿O no te acordás que tenemos Ley Antiterrorista?
—Tenés que ver el lado positivo del asunto –me tranquiliza Moira–. Pensá que por un lado tenés al kirchnerismo creando y aprobando la Ley Antiterrorista. Y por otro tenés al macrismo aplicándola con quien salga a la calle a quejarse por cualquier cosa. ¡Es un gran trabajo en equipo! ¡El fin de la grieta!
—Hablando del fin de la grieta, M está demostrando que quiere reconciliar a los argentinos a toda costa, incluso usando el Fútbol para Todos –dice Nahuel.
—¿Pero de qué fin de la grieta hablás, si le dio los partidos más importantes, los de los equipos grandes, a Canal 13 y a Telefe, a cambio de menos del 10% de lo que vale Fútbol para Todos? –me enojo–. ¡Eso es una estafa!
—No, para nada, eso es cerrar la grieta –insiste Nahuel–. Pero la grieta entre Clarín y Telefónica.
—¿Y qué pasa con los demás equipos del fútbol argentino? –pregunto–. ¿O sea que la TV Pública se va a dedicar sólo a pasar Temperley-Arsenal o Aldosivi-Godoy Cruz?
—¡Che, más respeto con esos equipos, eh! –me increpa Nahuel–. Aunque entiendo que algunos puedan considerar esos partidos como la grasa del fútbol argentino, parafraseando a Alfonso Prat.
—Con ese criterio, la inflación vendría a ser la grasa de la economía –agrega Moira.
—Y el endeudamiento externo, la grasa de las reservas del Banco Central –continúa Nahuel.
—¡Bueno, basta! –me canso.
—Mientras no sea grasa militante… –sigue Nahuel.
—Igual, con el verso de la grasa están sacando también una buena porción de carne y están rajando a todo el mundo –agrega Moira.
—Sí, pero son los despidos republicanos del cambio –sigue Nahuel.
—Y, sí, pasar de tener laburo a no tener laburo no deja de ser un cambio importante –agrega Moira.
Siento que están hablando entre ellos, sin importarles mi presencia.
—¡Basta! –grito–. ¿No ven que necesito pensar en qué voy a poner en mi columna política de Perfil y ustedes no me están ayudando en nada?
—Tranquilo, si no se te ocurre nada podés decir que te censuraron –me dice Moira–. Y ahí los muchachos de Resistiendo con Aguante te llenan la plaza y te transforman en una estrella.
—No jodan, que tengo que terminar la columna…
—¡No es joda! –agrega Nahuel–. ¿De qué te sirve tener esa columna berreta si podés ser un ídolo popular del periodismo de la grasa militante?
—¿Vos decís?
—¡Claro! –afirma Nahuel–. Pasamos de la era de la mierda oficialista a la era de la grasa militante.
—El kirchnerismo ya se movilizó por Víctor Hugo, por Sabbatella, por Kicillof, por 6,7,8…Tenés que apurarte para ser el próximo periodista por el que llenan la plaza –insiste Moira–. Mirá que si no te va a ganar de mano Orlando Barone.
—Si no te apurás, se van a movilizar hasta por Amado Boudou y Ricardo Jaime antes que por vos.
—¿Les parece? –dudo–. No sé, creo que debería charlarlo con Carla.
Agarro el teléfono y llamo a Carla. Me atiende. Se escucha de fondo música de Bob Marley.
—Carla, necesito hacerte una consulta –le digo–. Resulta que no se me ocurre nada para mi columna y acá Nahuel y Moira me sugirieron que me dé por censurado y que agite una manifestación a Plaza de Mayo pidiendo por mí. ¿Qué te parece?
Carla no dice nada. Hay un largo silencio. Bah, silencio no: se escucha a Bob Marley cantando Jammin’. Después de un rato, contesta.
—Aaaaaahhh, veo que vos también estás escuchando reggae –me dice, entre risas.
—No, nada que ver –le digo–. Sólo necesito un consejo.
—Mi consejo es que sigas lo que te dicta la grasa de tus neuronas –me responde, muy lentamente, como desvariando–. Total, es verano. Y el verano es la grasa del año. Si querés pensar, esperá el otoño.
Le agradezco: Bob Marley no podría haberlo dicho mejor.


pmarchetti