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COLUMNISTAS / opinion
domingo 10 diciembre, 2017

Políticas para las mujeres

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por Mabel Bianco

Ellas. Las políticas han avanzado, pero una de las más retrasadas es la salud. Foto: Shutterstock

Las políticas para las mujeres deben promover la igualdad, sin embargo esto es difícil de lograr en todas las áreas de gobierno. Es indiscutible que los avances en relación con la violencia contra mujeres y niñas ha avanzado en estos dos años. Contar con un plan de acción como lo plantea la ley, y que se logró después de siete años, es un avance, si bien necesitamos que progrese más rápidamente su implementación, y para eso necesitamos que se asigne un adecuado presupuesto y que éste se vea reflejado en el presupuesto de los ministerios nacionales involucrados. Este es el lado más débil.

Cuando analizamos el desarrollo de las áreas, Salud es una de las más débiles y retrasada, no sólo para las mujeres sino en general. Un área en la que existió una gran demora en las adquisiciones de medicamentos e insumos que son básicos para el desarrollo de programas nacionales que afectó la continuidad de esos programas. En ese sentido, el Programa de Salud Sexual y Reproductiva tuvo muchos atrasos en la provisión de anticonceptivos y otros insumos claves, que cuando las provincias no suplieron con compras afectaron a la población con el impacto en la familia. Otra deuda es la falta de una clara política de disminución de las muertes maternas asociadas al embarazo, parto y/o posparto. Esto es un problema de salud que persiste desde hace años y que no se consiguió en 2015 lograr la meta del Objetivo de Desarrollo del Milenio y que en esta gestión no tiene una política clara para disminuirla e incluso eliminarla. Estas son muertes y enfermedades que tienen grave impacto en la familia y que en un 80% pueden evitarse. En este sentido, hay que impulsar la mejora de los servicios de atención de la emergencia obstétrica y la aplicación en todo el país del protocolo de interrupción del embarazo en base a lo sugerido por la Corte Suprema de Justicia en 2012 y que sólo en nueve provincias se está aplicando. El protocolo fue elaborado pero nunca aprobado por resolución ministerial ni se trató más en el Consejo Federal de Salud, donde los ministros provinciales acuerdan las políticas con el ministro nacional. En un país con un sistema de salud tan estratificado y diferente que no sólo mantiene la desigualdad en el acceso a la salud sino que la profundiza, esto es fundamental.

En educación aun falta la adopción de políticas específicas para las niñas; no son claras y no se está aplicando transversalmente en todos los niveles. Hay que privilegiar la orientación de las mujeres a la ciencia, matemática y tecnología, incluido el manejo de las tecnologías de comunicación. Además, hay demora en la aplicación de la educación sexual integral en todos los niveles educacionales, política que se aprobó en la ley de 2006 pero que aún ni el anterior gobierno ni este  plantean ni consensúan en el Consejo Federal de Educación, donde se discuten las políticas nacionales. Por eso en esta área es necesario un compromiso del gobierno nacional que se acuerde con los gobiernos provinciales. Un esfuerzo que es claro en otras áreas del gobierno, ni en salud ni en educación lo vemos y es fundamental porque afecta e impacta a toda la población para el futuro, también a las políticas económicas. Esto es algo que aun no es visualizado en estos dos años de gobierno, la vinculación entre políticas de salud (por ahora ausentes) y educacionales que constituyan aportes para mejorar el acceso de las mujeres a la actividad económica en niveles más productivos y que mejoren la superación de la pobreza, que las afecta más. Si queremos pobreza cero se deben adoptar claras políticas en salud y educación hacia las mujeres para eliminar los problemas antes planteados y otros no mencionados pero igualmente importantes como: el embarazo en la adolescencia, la persistencia de las infecciones por VIH, la violencia obstétrica, laboral y /o económica que padecen las mujeres, la falta de acceso a educación científica, a matemática, a tecnología y a TICS, entre otras, son las oportunidades perdidas que debemos superar y que aspiramos en los dos próximos años guíen las políticas integrales del Gobierno.


* Presidente de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM).


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