jueves 06 de octubre de 2022
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Alexander Fleming descubrió la penicilina gracias a un olvido involuntario

Apoyó sobre el escritorio unas placas de Petri con bacterias y se olvidó. Al regresar de vacaciones , un hongo puso delante de sus ojos la penicilina, que salvaría a la humanidad de infecciones. La Segunda Guerra Mundial comprobó la eficacia de su invento y le valió un premio Nobel.

12-11-2021 12:00

Hace 76 años el científico escocés Alexander Fleming ganaba el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, compartido con el bioquímico Ernst Chain y el farmacólogo Howard Florey, por sus grandes aportes al desarrollo de antibióticos con el descubrimiento y el desarrollo de la penicilina.

En septiembre de 1928, mientras estudiaba colonias de estafilococos, unas bacterias que se encuentran en nuestro organismo que, en algunos casos, pueden resultar patógenas, Fleming dejó olvidadas algunas placas de Petri con las bacterias durante unos días, tras irse de vacaciones. Cuando volvió se encontró con que las muestras habían sido contaminadas con partículas del exterior. Sin embargo, encontró algo que le llamó la atención: en una de las placas había partes en las cuales las bacterias habían desaparecido. Tras analizar la muestra descubrió que en esta placa había entrado un hongo con cualidades antibacterianas.  Más tarde este hongo sería conocidocomo Penicillium notatum.

Este hongo segregaba una sustancia que mataba las bacterias, a la que llamó penicilina. Fleming comenzó a poner al Penicillium notatum en distintos cultivos con bacterias, y en todos ellas se morían.  Sin embargo, la verdadera dificultad era lograr aplicar este descubrimiento en la medicina para salvar vidas humanas. 

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Premio Nobel compartido con Ernst Chain y Howard Florey, en 1945.

Tras probar aplicando la penicilina pura en conejos y ratones, Fleming descubrió que esta sustancia servía para curar las enfermedades bacterianas. No obstante, debido a la dificultad que implicaba producir de forma pura la penicilina, el descubrimiento de Fleming tan solo quedó como un gran hallazgo para la ciencia que no había podido cambiar, en la práctica, la medicina. 

Años más tarde, en 1935, el alemán Ernst Chain y el australiano Howard Florey armaron un equipo de investigación para finalizar el trabajo que Fleming comenzó: se propusieron estudiar la penicilina para, finalmente, lograr fabricarla para su distribución masiva

La fabricación de la penicilina se volvió de vital importancia con la llegada de la Segunda Guerra Mundial para curar las infecciones en las heridas de los soldados. Pero su distribución de forma masiva seguía implicando una gran inversión económica, y más en una economía debilitada por la guerra.

Las empresas farmacéuticas británicas no estaban en condiciones de costear semejante desafío, por lo tanto, en 1941, Chain y Florey decidieron viajar a Estados Unidos para conseguir apoyo financiero. Allí, la empresa norteamericana Pfizer, en 6 meses, puso una planta de 14 fermentadores para producir la penicilina pura. 

Finalmente, durante el famoso Desembarco de Normandía, episodio en la Segunda Guerra Mundial que dio inicio a la Batalla de Normandía a partir de la cual los aliados liberaron a los territorios de Europa occidental ocupados por la Alemania nazi, los solados aliados desembarcaron en Francia con penicilina para utilizarla si eran heridos. Desde su distribución masiva, la penicilina logró salvar muchísimas vidas al evitar que la infección de heridas llevasen a las personas a la muerte.

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El descubrimiento de la penicilina salvó miles de vidas durante la Segunda Guerra Mundial y, así hasta hoy.

Fleming fue el primero en darse cuenta que, con el tiempo, las bacterias podrían comenzar a hacerse resistentes a la penicilina y que esta, en determinado momento, dejaría de ser útil. Cuando un grupo de bacterias se expone a un antibiótico algunas sobrevivirán y, al reproducirse, transmitirán sus genes a las nuevas generaciones, que también serán resistentes al antibiótico. Por eso es necesario evitar utilizar antibióticos si no son recetados, para retrasar este proceso. 

Además de la penicilina, en 1922 Fleming descubrió la lisozima, una sustancia presente de forma natural en nuestro cuerpo y que tiene poder antimicrobiano. Fleming consiguió aislarla, pero tenía poco potencial como medicamento. A este descubrimiento se lo considera como un gran paso y avance en la búsqueda de sustancias antibacterianas.