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COLUMNISTAS / opinion
sábado 3 agosto, 2019

Caballo de Troya invertido

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por Jorge Fontevecchia

2015-2019: Scioli-Aníbal antes, Alberto-Kicillof hoy. Foto: Telam / NA.

El triunfo cultural de la tercera vía expresado en la necesidad de los dos extremos de enviar señales de seducción al centro, con la incorporación de Miguel Angel Pichetto en Cambiemos y el encabezamiento de la fórmula kirchnerista por Alberto Fernández y no por Cristina Kirchner, tiene para algunos peronistas que antes se habían ilusionado con Alternativa Federal consecuencias mucho mayores.

La "duhaldización" de Cristina es el escenario que imaginan (quieren) los peronistas del Frente de Todos

l revés de lo que piensan los más devotos de Cambiemos, e igualmente guiados por sus deseos aunque en sentido contrario, estos peronistas “no cristinistas” creen que Alberto Fernández es el caballo de Troya de Cristina y no al revés. Sostienen que si Alberto Fernández alcanzara la presidencia, en dos años el kirchnerismo comenzaría a ser historia porque para las elecciones de 2021 las listas de legisladores las armará el presidente e, incluso, que en estas listas de 2019, a pesar de que en la provincia de Buenos Aires el 50% de los potencialmente elegibles sean de La Cámpora, ese sector terminará con menos diputados propios que en la actualidad. Y que en el interior, con algunas excepciones, la colocación de kirchneristas puros en las listas de legisladores fue menor que en 2015 porque los gobernadores tuvieron una posición de mayor autonomía.

Ponen de ejemplo el caso de los propios gobernadores reelectos, que ya habían desdoblado la elección provincial, quienes, salvo excepciones, y no de poca relevancia, como el candidato en la provincia de Buenos Aires, no son cristinistas ni kirchneristas, demostrando que el peronismo sería el que estaría usando al kirchnerismo y no el kirchnerismo al peronismo.

Que de alguna manera aquellos bonaerenses que simpatizaron con el Frente Renovador, como el propio Alberto Fernández y Felipe Solá, además de Sergio Massa, o gobernadores que simpatizaron con Alternativa Federal, como Uñac o Bordet, que en 2018 llegaron a expresar sus preferencias por Lavagna y Urtubey respectivamente, y hoy se sumaron al Frente de Todos, terminaron imponiendo la lógica centrista de la tercera vía al kirchnerismo.

Argumentan que es tan grande el aporte de la tercera vía en el Frente de Todos como lo es el desinfle de las intenciones de voto que llegó a tener Alternativa Federal junto a Lavagna en marzo pasado, cuando orillaba los 20 puntos y se le asignaba un potencial de seguir creciendo.

Vulgarizando a Hegel con tesis, antítesis y síntesis, creen que la síntesis ya se produjo. Y que para que se haya producido, como uno de los dos sectores al extremarse dejó espacio para que surgiera una terceridad superadora, tuvo –inevitablemente– que haber perdido, y quien ya perdió es el kirchnerismo, porque si Macri fuera reelecto, comenzaría su diáspora al ostracismo e igualmente, solo demorando meses en lugar de semanas, si Alberto Fernández fuera electo presidente, porque el poder de la lapicera que el presidente tiene irá más temprano que tarde reduciendo el peso específico del kirchnerismo, como ya hizo el kirchnerismo con el duhaldismo entre 2003 y 2005 llevándolo a la insignificancia: se acuerdan de “Kirchner (Néstor) Chirolita de Duhalde”, agregan.

Los votantes de Cambiemos más anti K piensan que los peronistas democráticos que se sumaron al Frente de Todos son ingenuos, que Cristina Kirchner nunca será jibarizada como lo fue Duhalde y que la existencia de una Cristina herbívora es lo que el kirchnerismo duro quiere hacer creer para poder ganar una elección que sin los sectores de centro no podría, para luego, una vez alcanzado el poder, ella jibarizar a Alberto Fernández y volver a dominar al peronismo tradicional con el método de la disciplina cruel. Y que Cristina Kirchner repite la misma técnica que en 2015: ceder la presidencia pero no el poder, apostando a quedarse con el control del Congreso y la provincia de Buenos Aires –en 2015 no pudo con Aníbal Fernández– en 2019 con Kicillof, para desde allí controlar al presidente que sea, Alberto Fernández o Mauricio Macri. Comparación injusta porque Aníbal Fernández sigue dando demostraciones de una incontinencia agresiva, mientras que Axel Kicillof podrá tener ideas con las que se pueda no estar de acuerdo pero se trata de una persona que dio muestras de respeto a las formas y a los adversarios, y al revés, Alberto Fernández no tiene la docilidad de Scioli.

Rápidamente si ganara Macri, o paulatinamente con Alberto Fernández, comenzaría el achique del kirchnerismo.

¿Quién tiene razón? De la misma forma en que es posible tanto el triunfo de Macri como el de Alberto Fernández, es igualmente probable que el kirchnerismo se termine diluyendo en el peronismo, como el peronismo en el kirchnerismo. Quienes creen en una y en otra posibilidad son quienes desean que eso suceda, por lo que son pensamientos guiados por las emociones más que por las evidencias, que podrían permitir argumentar con similar fundamento cualquiera de las dos alternativas.

Como escribió también Hegel en Líneas fundamentales de la filosofía del derecho: “El ave de Minerva no emprende el vuelo hasta el oscurecer”, en referencia al búho (mochuelo) que acompañaba a Atenea (Minerva), la diosa de la sabiduría que levanta vuelo al terminar la noche, como metáfora sobre que la historia no se comprende hasta su final porque la filosofía como símbolo del razonamiento no tiene capacidad predictiva o performativa y solo se llega al entendimiento de los acontecimientos una vez que hayan producido sus consecuencias.


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