sábado 26 de noviembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Excusa Mundial

11-11-2022 23:55

Antes que la fiebre mediática por Qatar nos inunde, con la secreta e inconfesable expectativa de que funcione como una suerte de anestesia social que por un mes alivie nuestros dolores, gran parte de la dirigencia política acelera hacia una obtención de visibilidad que acaso luego ya no llame tanto la atención por culpa de Messi, las fiestas de fin de año y el verano.

Empecemos por el oficialismo. En una aceptación tácita al rol cuasiprotocolar al que quedó confinado por la alianza táctica entre Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, Alberto Fernández se solaza con el siempre seductor roce internacional, ahora en una recorrida que incluye a Francia, Indonesia y, tras unos días por Buenos Aires, México.

En la eterna París, su “amigo” Emmanuel Macron (al que este año ya ha visto más que a Cristina) lo agasajó con el menú habitual de estas citas: exposiciones huecas, saludos por doquier, sonrisas de ocasión e incontables fotos para el lánguido álbum de los falsos estadistas.

El GPS aéreo depositará luego al Presidente en la paradisíaca isla de Bali, en Indonesia, sede de una nueva cumbre del G20. Allí habrá más de lo mismo, reunión con la jefa del FMI incluida, con una salvedad. Está previsto un encuentro bilateral con el presidente chino, Xi Jinping, para pedirle por enésima vez que su país nos permita ampliar y activar el swap de yuanes (que el BCRA contabiliza como parte de las reservas) para el intercambio comercial, que este año llegará a un déficit para la Argentina de unos 10 mil millones de dólares. China se ha negado hasta ahora al requerimiento y por eso a ese tramo del viaje se sumará Massa.

El FdT y JxC aceleran antes que Qatar les quite visibilidad y se ilusionan con que les dé algo de paz

El ministro de Economía vuela a Indonesia con su típico entusiasmo de ser quien se encarga de “resolver los problemas de la gente”, aunque en ese rol muchas veces haya más ficción que realidad.

Esta semana, otra vez, desplegó sus formas de gestionar. Antes de subirse al avión, consiguió una nueva refinanciación de la disparada deuda en pesos (pateándola para adelante, claro), anunció el nuevo aumento a las jubilaciones que prevé la ley de movilidad (que licúa gasto público al estar por debajo de la inflación) y lanzó el programa Precios Justos en supermercados (en reemplazo del vetusto Precios Cuidados), para tratar de moderar las expectativas de aumentos de precios en productos de consumo masivo. ¿Funcionará alguno alguna vez?

A su clásico ímpetu, Massa le agregó una dosis de alivio extra, al no resultar carne de cañón en la reaparición pública de CFK. Su aliado Máximo Kirchner no le había podido dar garantías de que su madre evitaría las esquirlas sobre él en el acto de Pilar, lo que le despertaba inquietud. Salió airoso y espera volver a ser rescatado por Cristina en el megaacto del jueves 17 en el Estadio Único de La Plata, en conmemoración del Día de la Militancia peronista.

Se espera que la vicepresidenta, que en ese momento aún estará en ejercicio del Poder Ejecutivo por la gira presidencial, insista con sus preocupaciones de siempre, esta vez ante una multitud movilizada por La Cámpora, intendentes y gremios. A la hora de los (auto) elogios, se referirá a los tiempos de su gestión como mandataria y obviará la performance de la actual administración, como si ella no tuviera nada que ver.

Sus dardos estarán dirigidos, una vez más, a la Justicia y a la oposición, que a su entender son lo mismo. Si está encendida por el intercambio de golpes con la Corte Suprema, que le invalidó quiénes representan al Senado en el Consejo de la Magistratura, y con la jueza María Eugenia Capuchetti por la desaceleración de la investigación del intento de asesinato, peor se pondrá en un futuro cercano.

Es que en los pasillos tribunalicios se da prácticamente como un hecho que la Sala I de Casación Penal revocaría la decisión del Tribunal Oral Federal, que decidió antes del proceso público sobreseer a Cristina, Máximo y Florencia Kirchner en la causa de lavado de dinero en sus hoteles santacruceños, más conocida como Hotesur-Los Sauces. Si eso sucediera, se da por descontada que la última apelación familiar para que el juicio no se haga será definida por… la Corte Suprema.

CFK intuye tanto ese destino judicial difícil como un futuro electoral tal vez más amigable para el kirchnerismo solo si del otro lado compite Mauricio Macri. Por eso tratarán de traer al ring, cada vez que se pueda, al expresidente. El 17N no será la excepción. La polarización total, completa, final.

Una sensación similar parece tener el fundador del PRO, multiplicada por las incesantes peleas dentro de su espacio y que se amplía al resto de JxC. 

Hay una disputa de egos, es cierto, empezando por Macri, al que no le termina de encajar que sus antiguos subalternos le disputen el lugar y lo consideren un par en la carrera 2023.

Pero además hay una competencia por modelos de construcción política y de toma de decisiones económicas muy diferentes, tanto en Juntos como en el PRO. El sentido de palomas y halcones debería ser más observado en esa doble vía que en las personalidades de sus dirigentes.

Esas contradicciones, como las del oficialismo, intentan taparse bajo el manto de una unidad que les permita mantener o acceder al poder. Se ha demostrado que semejante estrategia sirve para ganar elecciones y es letal para gobernar. De uno y otro lado no parecen haber aprendido de sus propias historias.