miércoles 07 de diciembre de 2022
COLUMNISTAS opinión

Reality argentino

22-10-2022 23:55

A propósito o no, una parte de la dirigencia parece enfrascada en enviar señales que multipliquen el desánimo social. Expresan una suerte de realidad paralela antiempática con los efectos de la crisis que nos atraviesa, a la que no pueden, no saben o no quieren enfrentar. Van viendo.

Lo más fácil, porque fue servido en bandeja, es caerle una vez más a Alberto Fernández. Su reacción, prologada por su vocera, ante la acusación de un efímero personaje televisivo luce sobreactuada. Con que lo denuncie en la Justicia alcanza, resulta innecesario levantar una bandera que intensifica la propagación. Está medido. Y es lo primero que enseña cualquier teoría de la comunicación.

Quizás haya que entender la desproporcionada respuesta presidencial no sólo en nombre de la defensa de su honor, a lo que tiene derecho y para eso están los ámbitos judiciales, sino en el complicado contexto que sufre dentro de su gobierno y de su coalición.

Lo venimos contando en PERFIL: Alberto F ha quedado alejado de las decisiones políticas por el kirchnerismo y de las económicas por Massa. Intenta mostrar que sigue teniendo el poder al nombrar tres nuevas ministras sin negociar con el resto del espacio. Otra sobreactuación que expone su fragilidad.

En la semana que pasó volvió a exponerse. Para el 17 de octubre armó de apuro una ceremonia de recorrida por un tramo de la autopista a Cañuelas. Hizo que lo acompañaran el gobernador Axel Kicillof y los ministros Sergio Massa y Gabriel Katopodis. Todo para disimular que ni siquiera había sido invitado a ninguno de los tres actos con los que el peronismo (que él preside en lo formal) celebró su Día de la Lealtad.

Casi sin agenda oficial, el Presidente apareció de improviso el miércoles 19 en las raleadas reuniones de Gabinete que convoca sin éxito Juan Manzur, otro que cumple con la formalidad de tener un cargo sin ejercerlo. Se quiso volver a su provincia en el verano y lo hará recién ahora para competir electoralmente (las internas serán en febrero). Pueden ser largas las siestas tucumanas. Nadie lo extrañará en la Rosada: en los hechos Santiago Cafiero y Juan Manuel Olmos han funcionado como los lugartenientes albertistas en la gestión.

Con esa misma lógica de ir al salvataje del poder territorial (como ya hizo Juan Zabaleta al dejar Desarrollo Social por Hurlingham), se anuncian otras partidas. A los ministros nacionales Katopodis y Jorge Ferraresi tal vez haya que sumar a los bonaerenses Martín Insaurralde y Leonardo Nardini.

De esa y otras cuestiones (como la anulación de las PASO) se conversó en una discreta reunión que mantuvieron días atrás los involucrados con Kicillof, Máximo Kirchner y el matancero Fernando Espinoza, entre otros. El destino electoral provincial desvela no solamente a Cristina, que sigue renuente a retomar sus apariciones públicas. Hay que entender.

Esta rosca permanente y subterránea promete acelerarse a medida que se acerque la campaña. Y le prenden velas a Massa para que el escenario económico no empeore. A pedido de Economía, desde los ministerios no se autorizan ya desembolsos presupuestarios que no hayan sido ejecutados. Dejar todo para 2023, como si fuera otra temporada del reality nuestro de cada día.