viernes 27 de mayo de 2022
COLUMNISTAS OPINION
29-04-2022 23:50

Liberal, libertario

29-04-2022 23:50

La controversia que generó la decisión de la mesa nacional de Juntos por el Cambio de anticipar la exclusión de Javier Milei de cualquier futura alianza de la coalición opositora es proporcional al significado ideológico y sus consecuencias electorales. 

El reportaje largo de esta edición de PERFIL a Elisa Carrió se focaliza en ese significado ideológico. Se utiliza la palabra “liberal” en un sentido tan amplio o tan mínimo que por momentos termina resultando el opuesto a su esencia. Ya el neoliberalismo redujo la palabra solo a la libertad económica (liberales de mercado) olvidando su esencia humanista. Montesquieu era filósofo y jurista (autor de El espíritu de las leyes). John Locke era médico (autor de Ensayo sobre el entendimiento y Carta sobre la tolerancia, segunda y tercera). Y John Stuart Mill era filósofo (autor de Sobre la libertad y Consideraciones sobre el gobierno representativo), además de uno de los primeros defensores de la liberación femenina en la Inglaterra del siglo XIX (autor de La esclavitud de la mujer).   

El liberalismo no es una corriente económica, el mercantilismo existió miles de años antes. Tampoco se lo puede reducir a la defensa de un Estado más pequeño porque la tradición francesa del liberalismo promueve un Estado  fuerte como garante de las libertades: en la selva solo es libre el más fuerte. El liberalismo  es una corriente de pensamiento opuesta al absolutismo, surgida del iluminismo y que promueve la tolerancia y la división de poderes.

Una crítica clásica a los libertarios es que solo se preocupan por las libertades negativas y no por las positivas. En un famoso ensayo del pensador liberal Isaiah Berlin al asumir la cátedra de Filosofía Política en la Universidad de Oxford, describió las libertades negativas como la ausencia de coacción sobre la vida privada del individuo (que nadie impida al individuo hacer lo que quiera), y a las libertades positivas como aquellas relacionadas con la autorrealización y la creación de posibilidades de ejercer la libertad. Las negativas son individuales, las segundas son sociales. No solo nadie es libre en la selva, excepto el más fuerte, sino que nadie es libre en la extrema pobreza o sin educación para poder ejercerla. Por ejemplo, es la sociedad la que crea las condiciones de posibilidad de la libertad. De la misma forma que es el Estado el que, regulando el mercado para que no haya monopolios ni abusos de posición dominante, crea las condiciones para el libre mercado. Esto último lo creen los liberales. Los libertarios se oponen al combate a los monopolios, a los que consideran a veces beneficiosos y, cuando así no lo sean, efímeros, porque al no ser útiles aparecerá alguien que los venza.

El liberalismo desarrolla una teoría del Estado opuesta tanto al absolutismo como al anarquismo

Simplificadamente, para un libertario todo conflicto entre los seres humanos se resuelve en una transacción, y el mercado es el gran regulador de esas tensiones colocando un precio justo o racional a la solución. Para los liberales hay transacciones que son repugnantes y la sociedad –el Estado– debe intervenir prohibiéndolas. La esclavitud, por ejemplo, el trabajo infantil, la  prostitución, la venta de órganos. La repugnancia es un hecho social, no mensurarable económicamente. En el pasado no tan remoto no repugnaba la esclavitud. Y hasta hace pocas décadas, cuando no existía conciencia ecológica, el dueño de un campo podía tirar abajo todos los árboles porque eran de él, y hoy resulta inaceptable. 

El experto en resoluciones socialmente aceptables de transacciones económicas repugnantes es Alvin Roth,  profesor de la Universidad de Stanford y premio Nobel de Economía 2012 por su teoría sobre la asignación estable y la práctica del diseño de mercados. Con esa teoría revolucionó las donaciones de riñón en cadena en Estados Unidos, cuando treinta pacientes recibieron los riñones de treinta donantes desconocidos, en un complicado proceso que duró cuatro meses e involucró a 17 hospitales de 11 estados diferentes. Entrevisté a Roth el jueves pasado, y como este domingo 1º de mayo no hay diarios, publicaremos el reportaje el sábado próximo.

Para muchos libertarios no habría transacciones prohibidas si ambas partes estuvieran de acuerdo. Para un liberal, para que exista libertad deben existir prohibiciones, cesiones del individuo a la sociedad, a los otros, por las cuales todos salimos enriquecidos al incrementar el capital social total.

Hay grados de libertarismo, el minarquismo que en ciertas ocasiones menciona Milei defendiendo la existencia de un Estado minimérrimo, pero no su desaparición. Mientras que un anarcocapitalista (también en ciertas ocasiones Milei se autopercibe bajo esa categoría), directamente aspira a prescindir del Estado.

Justamente el liberalismo desarrolla una teoría del Estado opuesta tanto al absolutismo como al anarquismo.

El anarquismo (abolición del Estado) tiene su origen en el siglo XIX en Proudhon en Francia y Bakunin en Rusia desde una perspectiva colectivista de izquierda. El libertarismo surge a mediados del siglo XX, principalmente en  Estados Unidos, donde en 1971 se funda el Partido Libertario de la mano de su mentor, el economista seguidor de la escuela austríaca Murray Rothbard. Su perspectiva es que la seguridad y todos los servicios públicos, incluso los tribunales, serían proporcionados por fondos privados en lugar de impuestos, compitiendo en un mercado abierto de clientes en lugar de ciudadanos.

El problema de reducir toda la vida humana a la economía trasciende a Rothbard y a su inspirador, el célebre economista austríaco creador de esa escuela, Ludwig von Mises, autor de la monumental obra La acción humana. Tropezaron con la misma piedra desde Adam Smith hasta Carlos Marx. Y lo disfuncional residiría en reducir el deseo humano a la maximización del beneficio.

La conferencia de Isaiah Berlin titulada Dos conceptos de libertad comienza diciendo: “Si los hombres no hubieran estado en desacuerdo sobre la finalidad de la vida y nuestros antepasados hubiesen seguido imperturbables en el jardín de Edén, los estudios a los que está dedicada esta cátedra de teoría política y social apenas podrían haber sido concebidos”.

Probablemente une a las diferentes corrientes de pensamiento materialista (desde el marxismo hasta libertarismo) el hecho de partir de la teoría de Thomas Hobbes expuesta en su Leviatán, la que simplificadamente asigna el origen de la sociedad a la violencia humana y la necesidad de delegarla en un árbitro que sería el Estado. En contraste con la también plausible de Marcel Mauss y su Ensayo sobre el don, forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas, donde el antropólogo francés coloca el origen del contrato en la reciprocidad y la obligación moral que genera el dar y recibir. En algún sentido, el imperativo categórico que nos obliga moralmente como humanos con los demás es fruto del pensamiento de otro gran liberal del iluminismo, Immanuel Kant.

Consecuencias electorales. Para Juntos por el Cambio trazar una frontera entre   liberales (Coalición Cívica y UCR) y libertarios podrá tener efectos electorales impredecibles. Si Milei se transforma en una tercera fuerza electoral nacional, ¿sacará sus votos de Juntos por el Cambio favoreciendo al Frente de Todos? Simplificadamente, si el 40% de Juntos por el Cambio se redujera a 30% porque Milei le canibalizara 10%, ¿podría ganar el Frente de Todos manteniendo un piso panperonista del 40% sin que exista ballottage porque le alcanzaría con tener 10% de diferencia con el segundo para ganar en primera vuelta?