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COLUMNISTAS / ironias
sábado 13 octubre, 2018

Un día común

La maravilla de Kafka parece ser la alteración brutal de la normalidad, dada con un golpe seco e inicial, una frase extraordinaria. Todo lo que sigue es la descripción pormenorizada de lo “común”.

por Rafael Spregelburd

default Foto: CEDOC

La maravilla de Kafka parece ser la alteración brutal de la normalidad, dada con un golpe seco e inicial, una frase extraordinaria. Todo lo que sigue es la descripción pormenorizada de lo “común”. Después de amanecer convertido en una cucaracha o tener un buitre que nos devora los pies, los acontecimientos se encadenan de manera absolutamente normal.

Yo no soy capaz de poner en palabras esa frase inicial pero mis días se animan como si los escribiera Kafka.

Salgo a la vereda. Otra vez unas vecinas dejan su basura en mi arbolito. Les da fiaca llevarla al tacho a una cuadra. Ya se acostumbraron a que se las llevemos nosotros. ¿Qué haré con esa basura cuando finalmente estalle?

Bolsa en mano, veo que dos agentes municipales están removiendo el cartel con el nombre de mi calle y poniendo uno con un nombre nuevo. El cambio ocurrió hace dos años pero recién ahora juntaron agallas para remozar el cartel. Les pido amablemente, yo en tierra, ellos arriba de una escalera, que den parte a la Dirección de Tránsito para que a su vez avisen al Correo Argentino. Mi cartero ya me explicó que nadie informó del cambio de nombre y por ende las cartas con el nuevo domicilio no nos llegan, ni tampoco envíos de Mercado Libre u otras triquiñuelas. Los señores en la escalera me dicen que no es su función. Les explico que tampoco es estrictamente la mía, como no lo es sacar la basura ajena de mi puerta, y les hago notar que en la vereda de enfrente, a cuatro metros, persiste el cartel con el antiguo nombre y que eso se podría prestar a confusiones en un país normal.

Me dicen que lamentablemente el cartel de enfrente es muy viejo, es decir: es histórico. No lo pueden remover porque es patrimonio de la Ciudad. Los abandono sin un buen día.

Mi licencia de conductor vence en noviembre. Pido turno para renovarla, porque tengo que viajar en octubre y debo alquilar un auto en Inglaterra y tramitar mi registro internacional. Pero la página web se anuda en un koan: la primera renovación sólo se puede hacer después del vencimiento y no antes. Llamo al 147 para señalar un posible error: me estarían obligando a quedar unos días en infracción y sin licencia. Me explican que no es ninguna infracción tener el registro vencido, solo lo es conducir. Les explico que lo que necesito es conducir, que lo que me gusta es conducir, que por ello estoy queriendo pagar un turno y tres verificaciones para que me dejen hacerlo. No se va a poder. ¿Y el auto de alqui. ¿Por qué la primera renovación no se puede hacer antes pero la segunda o la tercera sí, y de hecho es muy conveniente hacerla así?ler? Tampoco. Pero, si quiero, me puedo ir a inquietar a la Dirección de Tránsito, porque admiten que efectivamente les he señalado una mácula en su sistema, un desliz, una tarita Misterio. Silencio. Me derivan a una encuesta de calidad, que no respondo por piedad, y porque el teclado no trae el número que quiero.

Sigo. Ahora mi hijita: tengo que pedir un apto médico porque estuvo enferma y faltó al jardín. Su pediatra está de vacaciones y hay que evitar las guardias porque están llenas y las ronda ese estreptococo. Llamo al médico a domicilio, como hice hace dos días; apelo al mismo tercerizado, cuarterizado, quintizado que se ofrecía a darme el apto si ella hubiese estado bien. Me preguntan qué síntomas tiene. Ninguno, les digo: ya puede ir al jardín. Entonces no le puedo mandar ningún médico, me dicen. ¿Y si estuviera enferma? Ahí sí, pero no le daría el apto. Cambié de idea, les digo, está muy, muy enfermita. Ya no me creen. ¿Qué síntomas? Amaneció convertida en un insecto. Como todos.

En este orden de cosas me entero de que íbamos a pagar retroactivamente las pérdidas de Metrogas producidas por el aumento del dólar. En un día como hoy, hecho por Kafka, me parece lo más lógico. Lo bueno es que si vamos a participar de las pérdidas de la empresa es muy probable que también nos hagan participar de sus ganancias, así que la noticia no deja de ser una muy buena noticia, una avanzada socialista en el momento menos esperado. Un acontecimiento que es condenado por los editoriales de La Nación no puede no ser bueno, me digo.

Error: Kafka no se hubiera permitido la ironía. Pero acá es así.


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