Durante años, el turismo religioso vinculado al Cura Brochero tuvo un epicentro casi exclusivo en las Altas Cumbres y en la localidad que hoy lleva su nombre. Sin embargo, Córdoba capital también guarda capítulos decisivos en la vida del primer santo nacido y canonizado en Argentina, y ahora los pone en valor a través de una propuesta guiada que invita a redescubrir su legado en clave urbana.
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La visita guiada “El Paso del Cura Brochero” ofrece un recorrido por los espacios donde José Gabriel del Rosario Brochero dejó huellas fundamentales cuando llegó a la ciudad siendo apenas un joven de 16 años, decidido a abrazar la vocación sacerdotal. La actividad está pensada tanto para vecinos como para turistas y combina historia, fe y patrimonio cultural.

El circuito partirá desde la Oficina de Información Turística Cabildo, ubicada en Independencia 30, este lunes 26 de enero a las 10:00 horas, y tendrá una duración aproximada de una hora. La participación tiene un bono contribución de $4.000.
El recorrido comienza en la Plazoleta del Fundador, donde se encuentra la escultura del santo y se recuerda el momento clave de 1856, cuando Brochero ingresó al Colegio Seminario Nuestra Señora de Loreto, que funcionaba detrás de la Iglesia Catedral. Allí inició su formación religiosa, en un espacio que hoy forma parte del corazón histórico de la ciudad.

La visita continúa por sitios emblemáticos como la Iglesia de la Compañía de Jesús, el Museo de la Universidad Nacional de Córdoba, el Salón de Grados y la Iglesia Catedral, donde Brochero desempeñó distintas funciones. El cierre del circuito se realiza en el Centro de Interpretación Tecnológico del Camino de Brochero, un espacio que permite contextualizar su figura y su obra a través de recursos interactivos.
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Con esta propuesta, Córdoba capital suma una nueva alternativa al turismo religioso, ampliando el relato más allá de Traslasierra y reforzando la idea de que la historia del Cura Brochero también se escribió entre calles, iglesias y claustros de la ciudad. Una invitación a mirar lo conocido con otros ojos y a seguir las huellas del “cura gaucho” allí donde todo comenzó.