Después de mucho tiempo, Córdoba vuelve a mirar la tabla de posiciones de la Liga Profesional con ilusiones, aunque con la calculadora en mano. Belgrano, Talleres e Instituto llegan al cierre de la fase regular del Torneo Apertura con posibilidades concretas de meterse en la próxima instancia. Lejos de ser una casualidad, es el resultado de un progreso irregular. Muy diferente de lo que ocurrió el certamen pasado.
Es que hace cinco meses, la foto era otra. Talleres había entrado por la ventana, clasificando en la última fecha, mientras que Belgrano e Instituto miraron por la tele cómo otros clasificaban y jugaban por cosas importantes, atrapados en una campaña que no terminaba de despegar y con la incomodidad de sentirse lejos del protagonismo. Aquella tabla era una advertencia. Sin embargo, en la actualidad el escenario se parece más a una carrera de resistencia que a una fuga desesperada. Y los fanáticos cordobeses se animan a ilusionarse. ¿Y si hay superclásico cordobés?
Expectativa Celeste.
El ‘Pirata’ marcha en la quinta posición de la Zona B y llega a las últimas dos fechas con margen y presión en partes iguales. Sumó 6 victorias, 5 empates y 3 derrotas en 14 partidos. Tiene 13 goles a favor y 12 en contra. Números que no deslumbran, pero tampoco incomodan. Lo que sí define al equipo es su recorrido: siete fechas iniciales sin perder, una racha que lo sostuvo cuando el torneo todavía era una promesa.
Después vino la meseta, esa zona gris donde el juego se volvió intermitente y los resultados dejaron de acompañar. Es que las derrotas siempre hacen dudar: Huracán y River como visitante y Racing en el Gigante de Alberdi. Golpes que no sólo restaron puntos, también instalaron dudas. Sin embargo, los dirigidos por Ricardo Zielinski conservan algo que no todos tienen en esta instancia: identidad. Cuando Lucas Zelarayán y Franco ‘Mudo’ Vázquez se conectan, el equipo fluye, domina. Y eso ha sido fundamental para este presente de ilusiones con argumentos.
El partido de hoy ante Gimnasia de La Plata es una frontera clara. El rival es, además, competencia directa: el último que hoy estaría clasificando. Tres puntos separan a uno del otro. Ganar en Alberdi no sólo asegura el pase, sino que también evita la trampa de la última fecha, ese territorio donde todo depende de todos. Después vendrá Sarmiento, pero Belgrano prefiere resolver ahora. No negociar con la incertidumbre.
Lucas Zelarayán, el futbolista que invita a filosofar
La ‘Gloria’ depende de otros.
Instituto, en cambio, vive en ese espacio de incertidumbre. Décimo en la tabla, con 17 puntos, necesita ganar todo lo que le queda. No hay margen. Cinco triunfos, dos empates y siete derrotas resumen una campaña que nunca encontró estabilidad. Catorce goles a favor, 16 en contra muestran a un equilibrio frágil, inclinado apenas hacia el error.
El inicio del Apertura fue adverso, con dos caídas consecutivas que obligaron a corregir sobre la marcha. La llegada de Diego Flores como director técnico trajo una ilusión ordenada: el equipo empezó a mostrar otra cara, más dinámica, más confiada. Dos victorias seguidas parecían el punto de partida, pero la derrota ante Estudiantes en la última fecha volvió a poner todo en discusión.
La ‘Gloria’ alterna: avanza y retrocede. Sin embargo, la tabla le ofrece una oportunidad, ya que está a dos puntos del pelotón que cierra la zona de clasificación. Unión (juega el lunes ante Vélez) y Defensa y Justicia (que perdió el jueves con Boca) marcan ese límite. Alcanzarlos no es imposible, pero exige una precisión quirúrgica.
El desafío inmediato es el Newell’s de Kudelka en Rosario. Después, Estudiantes en Río Cuarto. Dos partidos de visitante, dos escenarios incómodos. Los del ‘Traductor’ no pueden especular. Necesitan imponerse, necesitan puntos y que otros pierdan. El jueves el ‘Halcón’ perdió puntos y el horizonte no parece tan adverso.
La ‘T’ clasificada.
Talleres, mientras tanto, observa desde un lugar más estable. Ya está clasificado, debido a que la derrota de Defensa y Justicia ante Boca despejó cualquier ecuación pendiente. Con 25 puntos, producto de 7 victorias,4 empates y 4 derrotas, el equipo de Carlos Tévez se aseguró un lugar en los octavos sin necesidad de esperar sus próximos compromisos.
Al cierre de esta edición estaba cuarto en la Zona A y con un partido por delante: el pendiente de la fecha 9. Puede mejorar su posición y acomodarse mejor en el cuadro final. Pero lo esencial ya está resuelto: Talleres cumplió el primer objetivo del semestre. Y si todo se mantiene, en los playoffs se enfrentarían Talleres y Belgrano en el Julio César Villagra. Una locura.
Córdoba y su fe en el número bendito: el 10
Expectativa en alza.
La diferencia con el torneo anterior es nítida. Aquella vez, la clasificación de Talleres llegó con 21 puntos, en una campaña irregular: 5 triunfos, 6 empates y 5 derrotas. Eran números que no convencían, pero alcanzaban. Esta vez, el equipo construyó su lugar con mayor autoridad, sin depender de combinaciones externas.
La comparación se amplía cuando se mira a Córdoba como un conjunto. Belgrano había quedado en 20 puntos en el certamen pasado e Instituto, en 16. Hoy, a dos fechas del cierre, ambos superaron o están cerca de superar esas marcas. No es una revolución, pero sí una evolución. Lo que antes era una excepción (Talleres como único clasificado), hoy se presenta como una posibilidad colectiva. Esta vez Córdoba Capital dejó de pelear por sobrevivir y quiere discutir algo más.
Belgrano busca cerrar su pase sin rodeos. Instituto se obliga a ganar, aunque el camino sea incómodo. Talleres, ya clasificado, apunta a mejorar su posición, no a defender lo conseguido.
N°0001: Sofía Valencio inauguró una nueva era en el fútbol cordobés
Estudiantes, el peor del grado
Estudiantes de Río Cuarto insiste, pero no levanta cabeza. Cambia piezas, sacude estructuras, adelanta decisiones que en otro contexto esperarían su tiempo. Hubo limpieza de plantel y hay un llamado anticipado a elecciones. Se intenta, en definitiva, un cambio de rumbo. Sin embargo, el equipo no encuentra cómo salir de ese lugar incómodo donde todo cuesta el doble y casi nada alcanza. La experiencia en Primera división está siendo un dolor de cabeza. El viernes, ante Rosario Central, ofreció una versión que invita a matizar el diagnóstico. Compitió, discutió el partido y mereció algo más. No fue inferior a su rival. Pero volvió a perder. Y suma apenas 5 puntos producto de una victoria, dos empates y 12 derrotas. Un rendimiento que no admite demasiadas interpretaciones.
El equipo no sólo pierde, sino que también carece de herramientas para sostener lo poco que construye. Porque a esa fragilidad en los resultados se le suma otra, igual de evidente, en el juego. Cinco goles a favor en el torneo. “Merecemos más”, dijo el capitán Gonzalo Maffini. “Nos falta efectividad”, agregó Juan Antonini. Es que ante el ‘Canalla’ dejó pasar cinco chances nítidas. Y en Primera división se pagan caro. La ofensiva es una suma de intentos aislados, sin continuidad ni referencia clara. Cada avance parece empezar de nuevo, sin memoria, como si el equipo no pudiera reconocerse en ataque.
Pero el problema no termina ahí. Atrás, la cifra es todavía más elocuente: 22 goles en contra, un número que explica muchas de las caídas y que revela una vulnerabilidad estructural. Estudiantes no sólo convierte poco, también concede demasiado. Y en esa ecuación, el margen de error desaparece. Deberá cambiar mucho para el Torneo Clausura si quiere permanecer siendo de élite.