En su hoja de ruta en clave 2027, Rodrigo de Loredo desembarcó en el departamento General San Martín que combinó agenda territorial, volumen político y un endurecimiento del discurso contra la gestión de Martín Llaryora. Con base en Villa María y Villa Nueva, el diputado nacional buscó posicionarse como alternativa frente a un peronismo que, según su lectura, exhibe signos de agotamiento tras tres décadas en el poder.
El eje más filoso de su intervención apuntó a lo que definió como contradicciones estructurales del oficialismo. “Llaryora reclama la deuda del PAMI con la Provincia —preocupación que comparto— pero el APROSS fundió las clínicas privadas por falta de pago”, lanzó. Y amplió la crítica con una batería de contrastes: cuestionó el foco en las rutas nacionales mientras “las rutas y caminos provinciales están abandonados”, denunció presión tributaria local pese a exigir baja de impuestos a Nación, y puso en duda la administración de la Caja de Jubilaciones. “Todo es humo. Llaryora tiene la cara de fierro”, fustigó, tras acusarlo además de que “politiquea con los temas sensibles”.
Asimismo, el referente radical ancló su discurso en un argumento de desgaste político: “El desgaste de 30 años de peronismo en el poder es real”. En esa línea, habló de un Estado sobredimensionado y cargó contra la gestión en seguridad. “El crecimiento de la inseguridad en Córdoba es por la impericia del ministro (Juan Pablo) Quinteros”, sostuvo, y fue más allá al advertir sobre el avance del narcotráfico: “Hay complicidad: ni siquiera controlan las fronteras de la provincia”. Pero, sobre todo, remarcó el impacto social del fenómeno: “Las principales víctimas son los pobres”.
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Músculo territorial
Frente a este escenario, la gira no solo tuvo tono crítico, sino también construcción política. De Loredo estuvo flanqueado por legisladores, intendentes y dirigentes de peso del departamento y de otras regiones, en una señal de músculo territorial. De hecho, en el plano político se leyó como un dato relevante la presencia de "todos los intendentes de General San Martín", aportó un interlocutor, en un esquema que apunta a consolidar estructura de cara a 2027. A pesar de que el eje público fueron reuniones con vecinos y actores locales, en su entorno destacaron la foto de unidad como un activo central.
No obstante, hubo gestos con lectura propia dentro de la interna radical. La buena sintonía con el intendente de Villa Nueva, Ignacio Tagni —quien lo recibió en la intendencia— no pasó desapercibida. Tagni fue jefe de campaña de Ramón Mestre en la última elección legislativa, con lo cual el acercamiento sugiere puentes en un mapa interno que aún ordena piezas.
De igual modo, buscó correrse de cualquier exceso de confianza electoral. En la Casa Radical de Villa María, reconoció la importancia de entender que no existe más el voto cautivo. En esa línea, razonó: “Que los vecinos hayan elegido a un intendente radical no significa que después me voten a mí. Yo me tengo que ganar ese voto”. Así marcó una estrategia de construcción desde abajo.
En su visita al departamento ubicado en el centro-este de la provincia, De Loredo estuvo flanqueado por los legisladores Alfredo Nigro, Matías Gvozdenovich, Alejandra Ferrero, Gustavo Bottasso, José Bría y Lucas Valiente; por todos los intendentes de departamento General San Martín y otros de distintos departamentos: Gabriel Cañas (Ticino), Maximiliano Andrés (Etruria), Gonzalo Donati (Arroyo Algodón), Mariano Colombano (La Laguna), Raúl Mariscalchi (Arroyo Cabral), Enzo Morellato (Ausonia), Robert Meichtri (Chacón), Ignacio Tagni (Villa Nueva), Federico Quiñonez (Silvio Pellico), José Tassin (Las Junturas) Nicolás Filoni (Oncativo), Claudio Caón (Calchín); y por el concejal villamariense Felipe Botta, entre otros dirigentes departamentales y provinciales.
Mejor parado
Pero, también, si hay un punto donde no dejó margen a la ambigüedad fue en su candidatura. “Ratifico mi candidatura a gobernador”, afirmó, y la respaldó con un argumento que repite en cada escala: asegura ser el dirigente opositor que mejor mide. Según sondeos que manejan, en su entorno sostienen que ya superó en imagen a Juan Schiaretti y que le saca varios cuerpos a Luis Juez. Con este argumento, proyectan incluso un escenario más amplio: con el gobierno libertario en retroceso —salvo un golpe de timón que hoy no ven—, creen que también podría imponerse sobre la referencia electoral violeta.
Con este argumento, además, insiste en un esquema de ordenamiento opositor. Reafirmó su propuesta de una primaria abierta para definir el candidato a gobernador y apeló a una demanda social de unidad. “Que estemos juntos es una demanda de la gente. El peronismo no puede contra la oposición unida”, sostuvo, convencido de que una competencia amplia podría legitimar liderazgo y ampliar la base electoral.
Al margen de esto, el diagnóstico territorial —en base a la agenda de la gente— dejó definiciones concretas. De Loredo señaló que la inseguridad en Villa María, Villa Nueva y la región es “alarmante”, con déficit de móviles y personal policial, y problemas en la estructura judicial. También apuntó contra el aumento de tarifas: “La tarifa del agua aumentó 50% en los últimos meses con una inflación del 20% porque la Provincia incrementó 588% el canon a la Cooperativa”. Y sumó un reclamo recurrente: “La ruta 2 es un desastre hace años”.
El opositor en carrera a la gobernación activó su despliegue por el territorio. En su estrategia de recorrer todos los departamentos antes del Mundial, De Loredo ya visitó Río Primero, y ahora pasó por Villa María y Villa Nueva (y la región). La semana que viene desembarcará en San Justo, con epicentro en San Francisco. Esta estrategia funciona como una pieza de posicionamiento político a varios frentes: polarización con Llaryora, consolidación territorial y reafirmación de liderazgo en el arco opositor. En ese trípode, De Loredo empieza a ordenar su narrativa rumbo a 2027.