ECONOMIA
IMPACTO LOCAL

El petróleo a u$s 115 y la guerra en Medio Oriente complican el "trilema" local: reservas, inflación y actividad

La escalada bélica vuelve a golpear con energía más cara, tasas altas por más tiempo y mercados globales más reacios al riesgo. Para la Argentina, el shock abre una ventana por mejores precios para Vaca Muerta, pero complica el frente financiero, presiona la inflación y vuelve más difícil acumular reservas.

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Ilustración | Ilustración CeDoc

El salto del petróleo reordenó otra vez las prioridades del mercado. Este jueves 19 de marzo, el Brent volvió a escalar y tocó la zona de los US$ 115 por barril, en una rueda marcada por ataques iraníes sobre infraestructura energética en el Golfo tras la ofensiva israelí sobre South Pars, el megacampo gasífero que comparten Irán y Qatar. Reuters incluso reportó un pico intradiario de US$ 119,13, antes de que el precio moderara parte de la suba.

Para la Argentina, el dato no es menor, ´porque la guerra no sólo empuja al alza la energía: también endurece el contexto externo. Y ahí aparece el nudo que plantea Jorge Vasconcelos, economista jefe de la Fundación Mediterránea cuando señala que el Gobierno intenta resolver al mismo tiempo tres objetivos difíciles de compatibilizar -sumar reservas, bajar la inflación y relanzar el nivel de actividad- en un escenario en el que el riesgo país sigue alto, la inflación se mueve todavía en torno al 2,9% mensual y la recuperación no termina de afirmarse.

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La lógica del Gobierno sigue apoyada en la idea de sostener el ancla fiscal, restringir los pesos y apostar a que, con perseverancia, la inflación termine cediendo, el Banco Central pueda seguir comprando dólares y el rebote del poder adquisitivo reactive la economía. El problema es que esa hoja de ruta necesita una condición clave: que las expectativas acompañen. Y eso, según Vasconcelos, no está ocurriendo.

De hecho, el nuevo shock petrolero juega en contra de esa convergencia. Si el barril se mantiene en niveles elevados, el impacto puede ser favorable para el saldo energético argentino. Pero al mismo tiempo, un mundo con petróleo caro, inflación global más persistente y tasas elevadas por más tiempo complica la baja del riesgo país, encarece el financiamiento y pone más presión sobre una economía que todavía no logra normalizar del todo su frente externo.

Ese es el corazón del trilema al que se refiere Vasoncelos. La Argentina necesita acumular reservas, pero también bajar la prima de riesgo para no seguir dependiendo de un esquema frágil de financiamiento. Necesita desinflar la nominalidad, pero al mismo tiempo reactivar crédito, consumo y empleo. Y necesita que la actividad despegue, aunque para eso haría falta aflojar condiciones monetarias que hoy el Gobierno prefiere endurecer para intentar domar los precios.

Vasconcelos pone el foco en una contradicción: la política monetaria contractiva ayuda a enfriar la inflación, pero va a contramano del relanzamiento del crédito y la demanda interna. Además, ese enfoque sólo funciona si aumenta la demanda de dinero, algo que depende de expectativas de inflación más bajas. Si la población sigue esperando una nominalidad elevada, el margen de la estrategia se achica.

El shock externo empeora ese cuadro porque suma “arena” en los engranajes

El conflicto en Medio Oriente volvió a despertar temores de un rebrote inflacionario global, justo cuando la Reserva Federal optó por mantener las tasas y Powell admitió que la energía puede trasladarse a precios en el corto plazo. Para países emergentes como la Argentina, la combinación de petróleo alto, dólar firme y tasas largas elevadas es una mala noticia casi automática, según los analistas.

Aun así, la guerra también deja un costado de oportunidad. Vasconcelos subraya que la Argentina llega a este episodio con una situación muy distinta a la de otros países de la región por su condición de exportador neto de energía. Pero también advierte contra las falsas expectativas: el potencial existe, aunque la “cosecha” todavía es modesta. El país está en etapa de siembra, con proyectos en marcha y una promesa de largo plazo, pero todavía lejos de la escala exportadora de jugadores globales.

Vaca Muerta

Ese mismo punto aparece en la lectura de Emilio Botto, jefe de Estrategia de Mills Capital Group. Según su análisis, con el petróleo en niveles elevados el escenario externo para la Argentina podría incluso mejorar respecto de los supuestos originales del programa económico, que trabajaban con un barril mucho más bajo. En ese caso, las exportaciones energéticas podrían ubicarse por encima de lo previsto. Pero Botto marca que el principal riesgo no está en el canal comercial, sino en el canal financiero: un dólar global más fuerte, tasas altas en Estados Unidos y la conocida alta beta argentina.

En otras palabras, el petróleo puede sumar dólares por exportaciones, pero no alcanza por sí solo para resolver el frente de deuda ni para bajar un riesgo país que se mantiene como gran cuello de botella. Vasconcelos es explícito en eso: si la prima de riesgo no cede, la Argentina seguirá con dificultades para refinanciar vencimientos y dependerá demasiado de instrumentos domésticos o de un ajuste más severo en otras variables.

El problema es que, si el riesgo país demora en bajar y la confianza se erosiona, la variable de ajuste puede volver a ser el tipo de cambio. Y ahí el trilema se vuelve todavía más áspero: una corrección cambiaria podría mejorar reservas y competitividad, pero también golpearía la desinflación y el consumo.

Un impacto que también se hace sentir en el campo, principal sector exportador del país

La guerra no impacta sólo sobre energía. También empieza a alterar el tablero de los precios agrícolas en el país, cuyo principal sector exportador sigue siendo el campo. Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, plantea que el conflicto pasó a dominar los mercados y dejó en segundo plano a los fundamentos tradicionales. Según su visión, el Brent subió 11% en la semana, la volatilidad aumentó 19%, el gas natural avanzó 9% y la urea 7%, mientras que los granos también acompañaron con subas más moderadas.

Granos

Ese dato es clave para la economía argentina por dos motivos. Primero, porque un encarecimiento de fertilizantes y fletes presiona sobre costos en el agro. Segundo, porque la volatilidad global puede alterar decisiones comerciales, márgenes y precios relativos en plena campaña. Romano agrega que casi la mitad de la urea mundial sale del Golfo y que, a diferencia del petróleo, no existen grandes reservas estratégicas para amortiguar una interrupción prolongada. Ahí hay una amenaza concreta sobre los costos de producción agrícola.

La lectura conjunta de energía y agro deja un cuadro más complejo de lo que sugiere la reacción inicial del mercado. El petróleo alto beneficia a la balanza energética y puede mejorar expectativas sobre Vaca Muerta, pero si ese mismo shock encarece insumos, recalienta la inflación global, retrasa bajas de tasas y endurece el crédito para emergentes, la ganancia neta para la Argentina se reduce.

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Por eso el artículo de Vasconcelos insiste en que el punto decisivo no es sólo el precio del barril, sino la necesidad de despejar el horizonte financiero externo. Con vencimientos exigentes por delante y un mercado de capitales global más adverso al riesgo, la baja del riesgo país se vuelve condición necesaria para que la economía pueda crecer sin que el ajuste recaiga otra vez sobre el tipo de cambio, el consumo o el empleo.

De fondo, los analistas consideran que la pregunta es cuál de los tres objetivos cede primero. Si se prioriza la desinflación a cualquier costo, la actividad puede seguir lateralizada y el empleo tardar en reaccionar. Si se busca reanimar demasiado rápido el nivel de actividad, puede resentirse el frente monetario y cambiario. Y si la prioridad absoluta pasa por reservas y financiamiento, el sistema puede exigir tasas más altas y más disciplina en una economía ya exhausta.

La guerra en Medio Oriente no creó ese trilema en la mirada de Vasconcelos, pero sí lo volvió más visible y más difícil de resolver. El petróleo a US$ 115 no es sólo un dato de mercado: es una advertencia para una macro que sigue dependiendo de expectativas frágiles y de un contexto global que se vuelve cada vez más hostil.

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