La escalada bélica entre Estados Unidos e Irán volvió a sacudir a los mercados globales y puso al petróleo en el centro de la escena. Con el Estrecho de Ormuz bajo fuertes restricciones —una vía por la que transita cerca de un tercio del comercio mundial de crudo y alrededor de un quinto del gas— el barril de Brent saltó más de 10% en apenas 48 horas y se movió en torno a los US$ 80.
En Wall Street ya circulan escenarios de US$ 100 e incluso US$ 120 si el conflicto se prolonga y se profundiza la disrupción logística. La pregunta es inevitable: ¿qué implica este nuevo shock energético para la Argentina?
El barril de petróleo superó los 85 dólares, el precio más alto desde julio de 2024
De vulnerabilidad externa a ventaja relativa
Durante más de una década, un salto en el precio del petróleo era una mala noticia para la economía local. Entre 2010 y 2023, nuestro país acumuló un déficit energético cercano a los US$ 40.000 millones. Hoy el panorama es distinto.
“Argentina ha vuelto a ser un exportador neto de energía. Estimamos que cada aumento de US$ 10 en el precio del petróleo genera una ganancia inesperada en divisas de US$ 1.700 millones (0,25% del PBI). Hace unos años, el mismo shock habría erosionado la cuenta corriente. Ahora la apuntala”, sostuvo Martín Castellano, jefe de research para América Latina del IIF.
El cambio estructural tiene nombre propio: Vaca Muerta. La producción nacional supera los 900.000 barriles diarios, cuando hace apenas tres años rondaba los 500.000. En 2025, el saldo comercial energético fue positivo en torno a los US$ 7.800 millones.
En ese marco, Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, define el momento actual en términos estructurales: “La energía se está convirtiendo en un ordenador económico para la Argentina y en un elemento clave para mejorar la balanza comercial energética. Solo en hidrocarburos, el año pasado se registró un saldo positivo cercano a los 5.000 millones de dólares, frente a una historia acumulada entre 2010 y 2023 de unos 40.000 millones de dólares negativos.”
El contraste con el pasado es significativo: lo que antes era un foco de vulnerabilidad cambiaria hoy funciona como amortiguador externo ante shocks internacionales.
Carnicer amplía la mirada: “Para mejorar la economía del país, tanto la energía como la minería aparecen como factores de enorme trascendencia, capaces de fortalecer la balanza comercial y el desarrollo productivo.”
En otras palabras, el conflicto en Medio Oriente encuentra a la Argentina en una posición estructural distinta a la de ciclos anteriores.
El otro lado del shock: inflación y tasas
Este shock tiene diferentes aristas. En parte abre camino a oportunidades para la Argentina, pero también lo complica en otros frentes. Si el encarecimiento del crudo se sostiene, puede alterar la dinámica macro global.
Martín Sarano, economista de la Fundación Internacional Bases, advierte al ser consultado por PERFIL: “Un aumento sostenido en el tiempo del precio de la energía va a hacer que la inflación de Estados Unidos aumente, no por cuestiones monetarias sino por ajuste de precios relativos. Ante un aumento del índice de precios, la Reserva Federal podría decidir no recortar tasas.”
En ese escenario, agrega, “la posibilidad de acceder al mercado internacional para países emergentes como Argentina se vería más desafiante”.
Sin embargo, el Gobierno insiste en que su estrategia no pasa por volver a Wall Street. El ministro Luis Caputo reiteró que la prioridad es obtener financiamiento en el mercado local y continuar con el proceso de desendeudamiento externo. Con un riesgo país cercano a los 600 puntos básicos, la decisión parece tanto ideológica como pragmática.

El dilema interno: exportaciones vs. inflación
En el plano local aparece la otra cara del fenómeno. El crudo explica aproximadamente el 40% del precio final de los combustibles.
Al ser consultado por este medio, Mario Lavia, secretario general de la Federación Argentina Sindical del Petróleo, Gas y Biocombustibles (FaSiPeGyBio), advierte: “El crudo representa aproximadamente el 40% del precio final de los combustibles. Si el barril se encarece de manera sostenida, la presión sobre la nafta y el gasoil es inevitable.”
Y agrega: "Cuando suben los combustibles, no solo se encarece llenar el tanque: sube el costo del transporte, de la producción, de los alimentos y de toda la logística. Y lo sienten el trabajador, el comerciante y la industria.”
Así, si el barril supera los US$ 100 y se mantiene en ese nivel durante varios meses, el beneficio exportador podría convivir con mayor presión inflacionaria y pérdida de poder adquisitivo.
Horacio Marín, presidente de YPF, intentó llevar calma al mercado interno: “Si el petróleo se mantiene en torno a los 85 dólares durante cuatro meses, eso va a tener impacto. Ahora bien, si se trata de un pico transitorio, es diferente. Supongamos que mañana sube a 100 dólares y al día siguiente vuelve a 70: en ese caso, el efecto sería prácticamente nulo”, explicó.
Según Marín, la empresa aplica un sistema de promedios móviles para evitar trasladar movimientos bruscos y breves a los surtidores.
Reglas y posicionamiento estratégico
Más allá del precio coyuntural, Roberto Carnicer insiste en que la clave es la previsibilidad: “El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones era imprescindible para el sector energético argentino. La inseguridad jurídica y las leyes de emergencia económica vigentes durante muchos años afectaron la credibilidad y desincentivaron la inversión en energía y minería.”
Y agrega: “Una ley que garantice que esas condiciones no volverán a repetirse es un reaseguro fundamental para atraer inversiones y sostener el crecimiento del sector energético.”
En el plano geopolítico, advierte que los conflictos prolongados alteran la logística global: “Cuando guerras de esta naturaleza se prolongan en el tiempo, modifican totalmente la logística global, encarecen el transporte marítimo y alteran la productividad energética.”
Aún así, subraya: “Aunque surge de una situación internacional muy desagradable como es una guerra, los precios más altos del crudo favorecen a países productores como Argentina.”
Y deja una advertencia clave: “Si Argentina mantiene un comportamiento doméstico confiable y evita políticas como cortar exportaciones o incumplir contratos, puede posicionarse como un proveedor energético seguro para el mundo.”
FN / EM