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ELOBSERVADOR / veinte metros del muro original
sábado 9 noviembre, 2019

Cómo llegó un pedazo de historia del siglo XX hasta el edificio de PERFIL

Con una complicada logística y tras superar la burocracia de la ex Alemania comunista, los bloques llegaron en 1992. Un parte se entregó en fragmentos en una edición especial de la revista Noticias.

por Redacción Perfil

Periplo. Los fragmentos partieron desde Hamburgo a bordo del vapor Kostroma en dos containers. Cada bloque medía 3,60 por 2,10 metros y pesaba más de 2,5 toneladas. Foto: cedoc
sábado 9 noviembre, 2019

El Muro de Berlín es uno de los principales símbolos que han quedado en la historia universal para recordar la silenciosa violencia de la Guerra Fría. Año tras año, incluso mucho después de su caída, miles de personas viajan a Alemania y se detienen en la East Side Gallery de Berlín para ver el fragmento más extenso que queda de esa construcción: cerca de 1.300 metros de bloques pintados por artistas de todo el mundo.

Y quienes entran hoy al edificio de Editorial Perfil tienen la posibilidad de encontrarse con parte del muro que dividió en dos la ciudad hasta hace treinta años. Este retazo de la historia de Alemania que estuvo emplazado en la Postdamer Platz (Plaza de Postdam), muy cerca de la emblemática puerta de Brandeburgo, tiene a la vez su propia historia, que comenzó a escribirse cuando el estrépito de la caída del Muro se escuchó en todo el mundo, y que culmina cuando parte de los enormes bloques llegaron a la Argentina y se emplazaron en el hall de entrada de la Editorial, primero en su sede de Chacabuco 271, y ahora en su edificio de Barracas. El resto de la edificación fue diseminada por todo el mundo: hay bloques en más de cuarenta naciones. Editorial Perfil posee, en su edificio inteligente del barrio porteño de Barracas, uno de los tramos mejor conservados y más extensos del Muro.

Diez años atrás, el entonces CEO de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, relató cómo surgió la idea de traer una parte del Muro de Berlín. La iniciativa surgió el mismo jueves 9 de noviembre de 1989, el día de la caída. Por aquella época, la editorial estaba a punto de lanzar la revista Noticias. “Pensamos que la caída del Muro era un hecho de mucha relevancia para la libertad de expresión”, contó Fontevecchia. “Me pareció importante traer una parte del Muro a la Argentina como símbolo, y llamé al embajador de Alemania Oriental para preguntarle si era posible”, agregó.

Una semana después, Fontevecchia recibió una llamada del embajador, quien le dijo que no estaban entregando partes del Muro pero que podían hacer una excepción a cambio de que construyeran una escuela en Alemania, algo que en ese momento costaba 10 mil dólares. El traslado del Muro desde Berlín hasta Buenos Aires, sin embargo, costó mucho más que esa cifra. A lo largo de 1992, la revista Noticias distribuyó trozos del muro con sus ejemplares y así les dio a los lectores la posibilidad de tener parte de la historia en su casa.

Cien kilómetros. Para traer a la Argentina 20 metros de los más de 100 kilómetros del muro original fue necesario un equipo integrado por más de cien operarios, además de arquitectos, técnicos, historiadores, periodistas, fotógrafos y especialistas en transporte y cargas de alto riesgo. En total, el operativo demandó 500 días.

Las primeras gestiones para el traslado se iniciaron en junio de 1991 y no fueron menos arduas que el traslado mismo. Las comunicaciones no tenían la rapidez de hoy, mucho menos en la ex RDA, donde el fax no era un instrumento de uso habitual, lo que obligaba a que los giros bancarios se hicieran a través de Alemania Occidental por un sistema de triangulación.

Una vez que se pudieron salvar los obstáculos de tipo administrativo, comenzó el traslado de los 20 bloques. Cada uno medía 3,60 por 2,10 y pesaba más de 2,5 toneladas. Fueron despachados en dos tandas. Los primeros ocho fueron trasladados desde Berlín hasta el puerto de Hamburgo en dos containers. El 17 de agosto de 1991 salieron rumbo al puerto de Buenos Aires a bordo del vapor Kostroma. Un mes después, fue necesario emplear dos camiones de 20 toneladas cada uno y varias grúas para retirarlos del puerto. Junto con los primeros bloques llegaron también otros testimonios históricos, como el único auto que se construyó íntegramente en la RDA, el Trabant P 601, y uniformes de soldados del ejército encargados de custodiar el muro.

Para realizar el envío de Berlín a Hamburgo de los 12 bloques restantes fue necesario utilizar tres containers que fueron embarcados el 1º de diciembre de 1991 a bordo del vapor Irina. Dado que el tipo de importación no tenía antecedentes en la historia argentina, el trámite aduanero demandó consultas y asesoramientos especiales. Los históricos bloques ingresaron al país como “objetos de colección, con interés histórico, arqueológico, paleontológico...”. Fueron trasladados a la planta de Perfil en el barrio de Barracas. Habían recorrido 2 mil kilómetros por tierra y 13 mil por mar para instalarse muy lejos de su lugar de origen como testimonio de una época que había quedado definitivamente atrás.

La edición 830 de la revista Noticias, del 22 de noviembre de 1992, tuvo un regalo especial para sus lectores: una pequeña piedra del Muro de Berlín, un pedacito de historia. Poco antes, el 4 de ese mes, dos obreros de una empresa argentina especializada en demoliciones, Alejandro Ojeda y José Ortiz, reducían a escombros uno de los bloques de “canto rodado blanco, granito gris y molienda de distintos materiales amasados con cemento”.

La autenticidad de la procedencia de cada piedra obtenida a partir de esa demolición fue verificada por el escribano público Adolfo Serrano, titular del Registro 148 de la Capital Federal, quien certificó: “Conste que he tenido a la vista una fracción del Muro de Berlín según documentación que se reproduce en esta revista y que corresponde a bloques adquiridos por Fundación Perfil. Asimismo, el autorizante constató en la fecha su demolición para distribuir con la revista Noticias”.

La nota del editor de ese número histórico que coincidía con el tercer aniversario de la revista, consignaba: “No es este un regalo convencional. Pero sabemos que nuestros lectores lo valorarán en su justa medida. ¿Quién no ha sentido en algún momento que estaba detrás de un Muro de Berlín? Y esta piedra no representa solo el poder capaz de levantar una pared, sino, y especialmente, a quienes arriesgaron su vida por trasponerla. Que esta pequeña piedra sea un amuleto contra la falta de libertad”. Hoy los enormes bloques de piedra emplazados en el hall de la sede de Perfil, sobre los que hay todo tipo de grafitis, guardan en Buenos Aires la memoria de un momento fundamental de la historia del mundo.


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