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ELOBSERVADOR / investigacion del Observatorio de la deuda social de uca
domingo 7 abril, 2019

Infancia vulnerable: padres detenidos, hijos sin derechos

Hay casi 150 niños, niñas y adolescentes con padres privados de libertad según el estudio. Los responsables de la investigación describen los puntos más alarmantes.

Ianina Tuñón

Cuidado. Cree que si no se hace un plan para acceder a los nutrientes necesarios “es muy fácil caer en la trampa de los productos procesados”. Foto: Marisa Montes
domingo 7 abril, 2019

La experiencia de tener un familiar en la cárcel se constituye en una desventaja cuando se es niño, niña o adolescente. Cabe destacar que los niños/as que tienen mayor probabilidad de experimentar esta situación son los más pobres entre los pobres. Algunas investigaciones internacionales dan cuenta de los efectos del encarcelamiento en el empobrecimiento de las familias como consecuencia de la pérdida de fuerza de trabajo e ingresos.

La situación del encarcelamiento de los padres de los niños/as u otros miembros como hermanos/as, tíos/as, abuelos/as, en la literatura sobre la cuestión, es considerada como una “desventaja social” específica que podría profundizar las brechas de desigualdad social. Otros estudios señalan que el hecho de que un adulto del hogar se encuentre encarcelado provoca una disfuncionalidad dentro del hogar que puede resultar negativa para el niño/a que allí reside.

Privaciones. Los estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina enfocados en las infancias han construido suficiente evidencia en torno a las múltiples privaciones que padecen los niños/as y adolescentes y en particular cuando viven en condiciones de pobreza, pero también la mayor propensión de los adultos en situación de pobreza a padecer malestar psicológico, estrés, incapacidad para construir proyectos, entre otros padecimientos subjetivos. Es decir, que el cúmulo de las “desventajas sociales” es superlativo cuando adicionalmente se vive la experiencia del encarcelamiento de un miembro del hogar.

Justamente, algunos estudios señalan la aparición de conductas antisociales en los niños/as de estos hogares. Se conjetura que dicha conducta antisocial es consecuencia de la conjunción de ambientes sometidos a situaciones de estrés constante, baja calidad de apego, figuras parentales abusivas, hostiles o depresivas. En particular, se reconoce que el encarcelamiento de uno de los padres no favorece el desarrollo de relaciones de apego seguras, ya que se le arrebata al niño/a la principal figura de apego, desmoronando esa base segura, sobre todo en casos donde la madre –cuidadora primaria– es la encarcelada.

Poca evidencia. En la Argentina, existe poca evidencia sobre los efectos del encarcelamiento en el desarrollo de los niños/as, y en tal sentido los retos son importantes en términos de la construcción de conocimiento. No obstante, la aproximación que se ha realizado desde el Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina junto a Church World Service permite advertir sobre la mayor propensión a la pobreza en términos del capital humano de sus hogares, y aporta hallazgos en términos de que dicha experiencia adversa se constituye en un determinante de mayor probabilidad de rezago escolar, repitencia, necesidad de apoyo escolar, y una especial vulnerabilidad a estilos de disciplinamiento negativos a través de la violencia física y verbal.

Probablemente, la mayor propensión al déficit educativo se vincule con la falta de recursos humanos destinados al cuidado y acompañamiento de los niños/as en sus procesos de formación a través de la educación. Muchos de estos niños/as son cuidados por hermanos/as más grandes que suplen la ausencia del único adulto de referencia del hogar. Asimismo, la especial situación de estrés constante, malestar psicológico, es plausible que se relacione con el uso más frecuente de estilos de crianza negativos.

Experiencia adversa. Detrás del encarcelamiento de los adultos hay familias y niños/as que son víctimas de una experiencia adversa. Visibilizar estas infancias es importante porque su estigmatización las distancia de las políticas públicas de protección.

Profundizando en lo antedicho, digamos que la literatura sobre la cuestión rescata la situación del encarcelamiento de los padres de los niños/as como una “desventaja social” específica que podría profundizar las brechas de desigualdad social. Algunas investigaciones dan cuenta de los efectos del encarcelamiento en la economía de las familias, pero es mucho menor la evidencia respecto de las consecuencias en el mediano y largo plazo en el desarrollo de la infancia. Otros estudios  señalan que el hecho de que un padre se encuentre encarcelado provoca una disfuncionalidad dentro del hogar que puede resultar negativa para el niño/a que ahí reside. Asimismo, se advierte sobre la aparición de conductas antisociales en los niños/as que se conjetura son consecuencia de la conjunción de ambientes sometidos a situcaciones de estrés constante, baja calidad de apego y figuras parentales abusivas, hostiles o depresivas.

El encarcelamiento de un padre, especialmente, pone en riesgo el desarrollo de relaciones de apego seguras, ya que se le arrebata la principal figura de apego al niño/a, desmoronando esa base segura, sobre todo en casos, como dijimos, donde la madre –cuidadora primaria– es la encarcelada. Sin dudas, muchos de estos antecedentes requieren de indicadores de resultados en términos de desarrollo humano de los niños/as que exceden el presente estudio. Igualmente, es un área de vacancia en los estudios sobre infancia sobre la que existen retos importantes en la construcción de conocimiento.

Es decir, en qué medida y en qué aspectos del desarrollo infantil tiene efectos una experiencia como el encarcelamiento de alguno de los padres (adultos de referencia del niño/a). ¿Cuáles serían las implicaciones del encarcelamiento de los padres en el desarrollo infantil, en el acceso a estructuras de oportunidades y recursos humanos y sociales?

Exploración. La aproximación que presentamos es de tipo exploratorio y descriptiva pero robusta en términos de comparación de niños/as y adolescentes que experimentan o han experimentado el encarcelamiento de algún referente adulto de su hogar respecto a una población de pares que no registran dicha experiencia. Los resultados son coincidentes con otros estudios realizados a nivel internacional, en lo que se refiere a la mayor propensión a la pobreza en términos de capital humano de sus hogares, y aporta hallazgos en torno de que dicha experiencia adversa se constituye en un determinante de mayor probabilidad de rezago escolar y especial vulnerabilidad a estilos de disciplinamiento negativos.

*Coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia (ODSA-UCA).

 


 

Es clave el trato igualitario

La Asociación de Familiares de Detenidos (Acifad) nace hace diez años debido a la ausencia de respuestas del Estado frente a las dificultades con las que nos encontramos a partir de la detención de un ser querido. 

Desde entonces, venimos visibilizando la afectación y la vulneración de derechos que el encarcelamiento produce en las familias y, sobre todo, en nuestros hijos e hijas, quienes, en muchos casos, ven limitado e impactado el desarrollo de sus vidas. A esto se suma el hecho de que no se los/as escucha, ni se tienen en cuenta sus opiniones o necesidades en ninguna de las etapas del proceso judicial y penal, ni tampoco cuando entran en contacto con la cárcel o las fuerzas de seguridad. Es por eso que, en diferentes situaciones, terminan siendo víctimas de tratos crueles, requisas invasivas, traslados intempestivos de sus familiares a lugares muy distantes del hogar, etc. Al tema lo recubre un gran estigma social, y esto repercute tanto a nivel institucional como familiar.

Mirar las consecuencias del encarcelamiento suele generar un fuerte rechazo en la sociedad, por eso el daño, en especial en mujeres, niños/as y adolescentes, queda invisibilizado. Sin embargo, es necesario dimensionar esta problemática: saber cuántos son, donde viven y de qué manera los afecta. Nuestros hijos/as existen, tiene cara, tienen nombre y tienen voz, y necesitan ser escuchados/as para que, como nos piden ellos/as, podamos cuidarlos/as y acompañarlos/as.

Por todo esto, para nosotras el informe que acaban de publicar el ODSA/UCA y CWS es muy importante ya que confirma, a partir de datos duros, que hoy en Argentina hay alrededor de 150 mil niños, niñas y adolescentes atravesados por esta situación, y que es un número que lamentablemente va en aumento.

Cabe aclarar que no buscamos que exista una intervención focalizada, sino más bien que se visibilicen y problematicen los efectos extendidos del encarcelamiento con el objetivo de que se transforme en parte de la agenda pública.

*Andrea Casamento, Directora ejecutiva, familiar y fundadora de Acifad.


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