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ESPECTACULOS / Stephane Brize
domingo 7 abril, 2019

“Cualquier dictadura se funda en el silencio”

El cineasta presentó su película La guerra silenciosa en la Semana de Cine de ese país. Se refiere a las similitudes entre su film y los chalecos amarillos, meses después.

Juan Manuel Domínguez

Mirada. Brizé cree que en la industria del cine todo se fue minimizando hacía la ganancia rápida. Foto: Obregon

Les Avant Première y su 11º edición dejaron como siempre una huella perfecta en la Ciudad de Buenos Aires y su cinefilia, esa que anhela películas que no se parezcan a todo lo que vemos en nuestras salas. En este caso, como cereza del evento que siempre enorgullece a la Ciudad se disfrutó la presencia en nuestro país del director Stéphane Brizé, que llegó justo una semana antes del Bafici, con La guerra silenciosa, un film que compitió en Cannes y que se veía en la Argentina por primera vez.

—¿Qué cree que el cine puede hacer realmente por el estado actual del mundo?

—No sé si puede cambiar al mundo. Pero sí puede, y es lo que intento, dejar un testimonio, uno que mezcla ficción y documental, o que desde la ficción nutre lo documental, el documento en sí, de la vida actual. Nunca una película puede llevar el estallido de la revolución al mundo. Pero sí ayuda. Si uno se mueve en la noche, eso puede ser un cineasta, una pequeña luz que va alumbrando el camino en lugar de ocultarlo. Esas pequeñas luces evitan accidentes, de hacer el mundo mejor, de tomar conciencia. Lo importante es contar. Cualquier dictadura se funda en el silencio, en quemar, en no dejar ver. Tu propia verdad permite esa pequeña luz, que el cine necesita.  

—¿Lo que me dice lo aprendió a la fuerza del cine en sala o siempre lo sospechó?

—Le cuento una pequeña anécdota, para mostrar que hay que tomarse el cine con mucha humildad: cuando salió La guerra silenciosa en Francia, yo estaba convencido que era una forma tal de mostrar la indecencia que la gente iba a enojarse, a manifestarse, iba a reaccionar. Seis meses después, cuando el presidente le puso un nuevo impuesto a la nafta, la gente salió con los chalecos amarillos. Así las cosas.

—¿Es cada vez más difícil iluminar, ser esa lucecita en la noche?

—En la época digital es fácil hacer una película. Pero lo difícil es mostrar. Quizás eso lo logró el poder. Que no haya espacios. Perder espacios es lo que cuesta. La televisión es un aliado falso, al menos en Francia, que tiene que sí o sí producir cine, pero también genera espectáculos más decadentes. El problema es que hoy se ofrece cada vez más juego al pueblo pero cada vez menos pan.

—¿Por qué cree que esta idea del cine como entretenimiento masivo y el cine, digamos, como faro, por usar la figura que marcó, no pueden funcionar juntas como quizás si lo hicieron en otro momento?

—No creo que haya existido algún momento así en la historia del cine. Si se veía más equilibrio en la oferta, los rankings siempre generaban la presencia de diferentes estilos, de autores, de género. Hoy todo se fue minimizando hacia la ganancia inmediata. La ganancia es lo importante. Lo mismo sucedió en el mundo: lo mismo sucede con la riqueza y la forma en que se genera. No es extraño que lo mismo suceda en el mundo.

—¿El mundo de los festivales, lo que se dice el mundo de los autores, funciona de forma complaciente quizás a ese otro modelo de películas enormes?

—Comparto ese análisis, pero también es una consecuencia. Cada vez se va contrayendo más el mercado, los festivales terminan siendo por diseño o por refugio el lugar donde vive otro cine. Hay películas que son maravillosas y solo circulan en festivales. Pero a la vez son un filtro, un desequilibrio, porque lo que no llega a estos festivales, nunca llega a ser conocida, a circular. Hay películas maravillas que no están en los festivales. Cuando los festivales funcionan generando cánones, es porque no están haciendo del todo bien su trabajo, que debería romper con la concentración y no expandirla.

Imponer desde adentro

Brizé es un cineasta que supo combatir contra su tiempo, o mejor dicho, que ha sabido mostrar por dónde era el camino. En su cine, siempre se deja en evidencia y sin caprichos, sin gestos, cómo determinadas formas del sistema implican oprimir en el día a día, de forma silenciosa, de forma letal, de forma que cuando la cuenta con sus películas es demoledora. BRIZE: “En realidad lo que me inspira no tiene que ver con la cuestión social. Me inspiran directores como Ozu, o como Ken Loach, que deja en evidencia el drama social mostrando lo que sucede dentro de las personas. Nanni Moretti, Bergman, Lelouch. Lo importante es otra cosa. Bertrand Tavernier. Hace poco le escribí diciendo que me fascinaba su libertad, agradecerle, agradecer su mirada, su impronta.” Y agrega: “Todos pueden contar, todo ya fue contado. La libertad de Cassavetes y cómo creó algo distinto. Rossellini y su capacidad de hacer frente a lo que el mercado nos quiere imponer. Hasta gente que no soy tan fan, como Fellini. Pero tampoco tiene que ver con el pasado solamente. Una película como La favorita, de Yorgos Lanthimos, me parece extraordinaria, hecha dentro de los estudios, con un presupuesto no tan grande y es algo completamente distinto y enorme comparada con el cine que nos rodea. David Fincher es otro nombre que logra imponer su propia forma. E imponer desde adentro.”


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