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La guerra comercial de Donald Trump contra la Unión Europea, para apropiarse de Groenlandia

La participación del presidente Donald Trump en los debates sobre la economía mundial hoy en Davos, Suiza, generan suspenso internacional para ver si la ley del más fuerte y la coerción, se impondrá como la regla política para solucionar los conflictos internacionales. La Unión Europea parece dispuesta a oponerse hasta militarmente, frente a la ambición estadounidense.

Donald Trump desciende del Air Force One en el aeropuerto de Zúrich para participar del Foro de Davos 2026
Donald Trump desciende del Air Force One en el aeropuerto de Zúrich para participar del Foro de Davos 2026 | Mandel Ngan | AFP

El conflicto para apoderarse de Groenlandia, impulsado por el presidente Donald Trump, amenaza con imponer un arancel suplementario del 10% a las exportaciones de ocho países europeos a Estados Unidos que se opongan, siendo Groenlandia un territorio asociado a Dinamarca, miembro de la Unión Europea (UE) y de la OTAN. El caso podría hoy ser evocado en la cumbre de Davos, en Suiza, país que no integra la UE, y aguarda la visita de Donald Trump. (1)

Los ocho países europeos penalizados por Donald Trump son Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, todos aliados de Estados Unidos en la OTAN, aunque Londres y Oslo no formen parte de la UE. El gravamen del 10%, a partir del 1 de febrero de 2026, pasará a 25% el 1 de junio próximo. Se suma a otro anterior, del 27 de julio de 2025, firmado por Trump y Ursula von der Leyen, de un 15% para la UE, contra un 10% aplicado al Reino Unido. (2)

A iniciativa del presidente francés Emmanuel Macron, la UE estudia aplicar un instrumento anti-coerción, existente en la legislación europea y hasta hoy nunca utilizado. «Fue creado en 2023 para la defensa comercial y tomar medidas de represalia (exclusión de mercados públicos europeos, bloqueo de ciertas inversiones, aumento de los derechos de aduana…) contra un país tercero que busca interferir en la elección de políticas de la UE o de uno de sus Estados miembros, recurriendo a un chantaje». (3)

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«Sin éxito, Emmanuel Macron ya había intervenido para utilizarlo en las negociaciones entre Bruselas y Washington que concluyeron con lo firmado el 27 de julio pasado», anteriormente consignado, «no alcanzando a convencer a Alemania, que dudaba de las consecuencias para sus empresas», pero hoy «Berlín evoluciona en nuestro sentido, y estamos prestos a explorar la pista del instrumento anti-coerción», confirmó una fuente del canciller alemán Friedrich Merz. (4)

La evolución de las posiciones da cuenta además de que Giorgia Meloni, presidenta del Consejo italiano, tenida por una aliada sólida de Donald Trump, dejó trascender desde Seúl, en visita oficial, que le comunicó al presidente de Estados Unidos que estaba cometiendo un «error», mientras que el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, sostuvo que «los europeos están listos para defenderse de toda forma de coerción». (5)

«Los 27 disponen de otra palanca de contra-medidas aduaneras, por 93.000 millones de euros, en mercaderías que puede activarse. Se acordó en julio de 2025 un paquete que está listo para aplicarse en caso de fracaso de las negociaciones con Washington. La Comisión Europea puede decidir, con la aprobación de una mayoría calificada de Estados miembros, descongelar» el plan, susceptible de aportar una herramienta para frenar a Donald Trump. (6)

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«París, Berlín, Varsovia, Madrid o Praga se muestran predispuestos a avanzar. Sin embargo, no es el caso de Italia, que exporta mucho a Estados Unidos, ni de Holanda. A su vez, los países bálticos y Rumania temen poner en peligro las negociaciones sobre Ucrania». Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, exhortó «a dejar de lado las diferencias y no desviarse de nuestra tarea principal, que es contribuir a poner fin a la guerra que impulsa Rusia contra Ucrania». (7)

Las últimas noticias dejan atrás «la imagen humillante del 27 de julio de 2025, protagonizada por Ursula von der Leyen ante Donald Trump, aceptando un acuerdo para Europa que preveía un arancel del 15% para las exportaciones europeas (salvo el aluminio, cuyo arancel es del 50%), mientras los europeos se comprometían a suprimir toda reducción sobre los bienes industriales y agrícolas norteamericanos». La UE juzgaba que era el precio a pagar para mantener a Washington a bordo del expediente ucraniano y asegurar estabilidad y previsibilidad en las relaciones comerciales, pero el Parlamento Europeo, en señal de protesta, no ratificó el texto. (8

Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, parece constatar que «los pedidos extravagantes» de Donald Trump concernientes a Groenlandia, sin por ello criticar al presidente estadounidense, respetan la «relación especial» entre Londres y Washington, particularmente «la cooperación en materia de defensa e información». Elegir entre la Unión Europea y los Estados Unidos constituye «un error estratégico». Pero «la copa parece llena para el dirigente de los “trabajadores” británicos, que se atreve a resistir las intimidaciones trumpianas». (9)

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«Imponer aranceles a los aliados que defienden la seguridad colectiva de los miembros de la OTAN es totalmente inadmisible», declaró Starmer el 17 de enero, tras las amenazas norteamericanas de aplicar aranceles suplementarios a los países que se oponen a la voluntad de apropiarse de Groenlandia. «Nuestra posición es muy clara: es parte del Reino de Dinamarca y corresponde a los groenlandeses y a los daneses decidir su futuro». (10)

«Esta posición no es negociable», afirmó Lisa Nandy, ministra de Cultura del gobierno de Starmer, enviada a los canales de televisión para reaccionar en nombre del Ejecutivo. «Jugar a los intermediarios entre Washington y los europeos durante décadas, incluso después del Brexit, es una constante de la diplomacia británica». (11)

«Durante meses, Keir Starmer gastó mucho capital político para preservar ese rol de primer aliado de Trump en el Viejo Continente, testimoniando estima en una visita de Estado en septiembre de 2025, con desfile militar y fastuosa cena en el palacio de Windsor. ¿Se debe a la fascinación por la familia real, al origen escocés de su madre o a su aversión a la Unión Europea? Hasta el otoño de 2025, Trump dio la impresión de tratar con delicadeza al Reino Unido». (12)

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«Londres fue la primera capital occidental en obtener, desde el 8 de mayo de 2025, un acuerdo de principio que limitó al 10% los aranceles a las exportaciones de bienes británicos a Estados Unidos, ligeramente menos penalizados que los europeos. Las exportaciones de acero permanecen en el 25%, y si los británicos obtuvieron exenciones para productos farmacéuticos, a cambio se comprometieron a aumentar los precios de compra de los nuevos medicamentos provenientes de Estados Unidos». (13)

«El domingo, no obstante el cambio de tono británico, Downing Street rechazaba evocar la amenaza de represalias comerciales contra Washington… Para Keir Starmer, aceptar golpes y humillaciones norteamericanas sin reaccionar resulta cada vez más costoso en el plano interno. El 12 de enero, el 47% de los británicos estimó que el primer ministro no administra bien la relación con Donald Trump, contra apenas el 14% en septiembre de 2025». (14)

«Los europeos están obligados a responder de forma más agresiva. Disponen de instrumentos que permiten respuestas asimétricas contra las GAFAM (Google, Apple, Facebook —convertido en Meta—, Amazon y Microsoft), aumentando la fiscalidad y bloqueando ciertas actividades… Ese golpe provocaría turbulencias en los mercados, sensibles a la previsibilidad». (15)

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«Más ampliamente, una ruptura transatlántica dibujaría a Estados Unidos cada vez más aislado, sin palabra ni principios, librado a sus pulsiones y a su propia brutalidad. Ello podría alentar a los europeos, al menos en el plano comercial, a volcarse más hacia China, motivo de festejo para Pekín». Constituiría un abandono de la estrategia europea de tragar culebras, dejando pasar los brutales comentarios estadounidenses con la esperanza de que las cosas se calmen. (16)

A su vez, cabe recordar «el tratado de 1941 firmado por Dinamarca y Estados Unidos, renovado en 1951, que otorga a Estados Unidos el derecho de establecer bases militares para reforzar la defensa de Groenlandia, reconociendo la soberanía danesa». Desde entonces, Estados Unidos abandonó varias de esas bases, una decisión que hoy lamenta ante el aumento del tráfico marítimo provocado por el recalentamiento climático, fenómeno cuya existencia Donald Trump continúa negando. (17)

Desde Ginebra, Juan Gasparini

(1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16). Le Monde, Paris, 20 y 21 de enero de 2026.

(8) Le temps, Ginebra, 21 de enero de 2026.