En Argentina, como en gran parte de América Latina, el acceso al primer empleo formal no es solo un desafío: es una barrera estructural. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, los jóvenes tienen más del triple de probabilidades de estar desempleados que los adultos.
Este dato, lejos de ser una estadística más, marca un punto de partida claro: no todos arrancan desde el mismo lugar.
Y en ese contexto, el primer trabajo cobra un valor que muchas veces se subestima.
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A lo largo de mi experiencia trabajando con equipos jóvenes, vi de cerca algo que se repite: el primer empleo no es solo una oportunidad laboral. Es, sobre todo, una experiencia formativa. Es donde se aprende a asumir responsabilidades, a trabajar con otros, a resolver situaciones concretas. Pero también —y quizás más importante— es donde se empieza a construir confianza.
Confianza en uno mismo. En lo que uno puede hacer y llegar a ser.
Por eso creo que cuando hablamos de empleo joven, no alcanza con hablar de generación de puestos de trabajo. La verdadera discusión pasa por la calidad de esa primera experiencia.
Para nosotros, ese desafío es central. Hoy somos uno de los principales empleadores de jóvenes en Argentina: contamos con más de 14.000 colaboradores, y el 85% tiene entre 16 y 25 años. Para muchos de ellos, este es su primer contacto con el mundo laboral formal.
Pero más allá de ese volumen, lo que buscamos construir es otra cosa.
Buscamos que ese primer paso tenga sentido. Que no sea solo una etapa transitoria, sino una experiencia que deje herramientas concretas para el futuro.
Por eso invertimos en formación, promovemos esquemas flexibles que permitan compatibilizar estudio y trabajo, y generamos oportunidades reales de crecimiento interno. De hecho, gran parte de nuestros líderes comenzaron su recorrido en posiciones iniciales.
Ese recorrido no es casual. Habla de una cultura, y es parte de una forma de entender el desarrollo.
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En los últimos años, además, vimos cómo esta mirada también impacta en el clima y la cultura de trabajo. Haber sido reconocidos como la compañía N°1 en el ranking de Great Place to Work no es un punto de llegada, sino una señal de que cuando se construyen entornos donde las personas pueden desarrollarse, los resultados llegan.
Y en el caso de los jóvenes, ese impacto es aún más profundo.
Porque en un mercado laboral cada vez más exigente, donde las habilidades prácticas y la experiencia comienzan a pesar tanto como la formación académica, el primer trabajo puede marcar una diferencia real en el largo plazo.
Por eso, más que preguntarnos cuántos empleos se generan, creo que la pregunta que deberíamos hacernos es otra: qué tipo de primeras experiencias estamos ofreciendo.
Porque en ese primer paso —muchas veces subestimado— no solo se define un ingreso. Se empieza a construir un camino.
(*) Gerente Sr. de Gente y Cultura de Arcos Dorados