OPINIóN
Decir o no decir

Inteligencia artificial y otras palabras malditas

El problema del uso de las palabras es que nunca representan el total del significado. Eso hace que muchas veces se interpreten cosas distintas de una misma expresión. ¿Deberíamos evitarlas?

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Chatgpt. Es un sistema generativo de lenguaje, soportado por redes neuronales artificiales. | shutterstock

Las columnas de opinión o de análisis (como las llama, con criterio, el editor de The Economist, Michael Reid) suelen tratar un sólo tema y esta tenía esa intención. Pero sucedió que mientras estaba haciendo mi análisis de palabras malditas, hice una consulta al chatbot de inteligencia artificial (IA) de OpenAI (ChatGPT), para que me aportara ejemplos. 

La charla con ChatGPT duró semanas y sumó poco, pero fue un gran aprendizaje sobre la IA y decidí comentarlo como introducción.
En mi área, las relaciones públicas, el ChatGPT hace dos grandes aportes: muy buena redacción y rapidez. La buena redacción era una habilidad exclusiva de las personas; eso se acabó, la redacción de la IA es casi perfecta. En estos tiempos, la rapidez también es una virtud; en chat GPT basta con dar “enter” después de una pregunta y, al instante, tenemos una respuesta de varios párrafos.

Pero las fortalezas del chat vienen con una debilidad: falta de precisión. A veces, como me ocurrió, hay que afinar tanto las preguntas que lleva más tiempo pedirle ayuda que resolver el tema uno sólo.

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Ahora voy al tema central: palabras malditas. Dentro de mi profesión, la palabra ocupa un lugar central. Es como la harina para el panadero. En mi caso, es casi una obsesión. Mi primer charla TED se tituló “Palabras, palabras, palabras” y en la segunda analicé la diferencia entre las palabras “amabilidad y respeto”. Cuando trabajé en fútbol escribí “La palabra no se mancha” y en mi libro, Píldoras, dedico varios textos a esto. Este año, escribí para el diario La Quinta de Chile sobre el slogan de la rara ley española “Solo sí es sí”. 

En Perfil, desde mi primer columna en 2020 (Coronavirus, la palabra más famosa del mundo) hasta la última (Día Internacional de la Mujer: ¿se puede o no decir “feliz día”?), pasando por La grieta es lingüística y otras, mi inquietud siempre estuvo presente.

El problema de las palabras es que nunca representan el total del significado. Eso hace que muchas veces emisor y receptor interpreten cosas distintas de una misma expresión.

En ese contexto, hay “palabras malditas” que abren muchas posibilidades de interpretación y provocan más confusiones que otras. Son palabras que deberíamos evitar, no por groseras, sino porque no nos ayudan a entendernos.

Inteligencia artificial y otras palabras malditas

A continuación, expongo algunas con un breve comentario.

Evolución: es una serie de cambios  que se van experimentando.
Con el tiempo, la palabra incluyó la idea de mejora. “Evolucionó en su juego”, por ejemplo, significa que empezó a jugar mejor.

Que las palabras cambien su significado es lógico. Que la mejora haya quedado ligada a lo nuevo, en cambio, es un problema. Hacer algo nuevo no siempre es mejorar. Cuando el mundo se industrializó, vino la contaminación. Con el avance de la tecnología, llegó la dependencia de ella. Cuando se popularizó el plástico, destruimos los mares.

La grieta es lingüística

Mejorar muchas veces es volver hacia prácticas del pasado y no buscar algo nuevo en el futuro. La frase “hay que evolucionar” es una trampa mortal (y moral).
 
Prejuicio: prejuzgar es juzgar sin conocimiento. El lío aparece cuando lo tomamos como sinónimo de preconcepto (conocimiento previo). Muchas veces criticamos que alguien tenga “prejuicios” cuando en realidad son “preconceptos”.

En un mundo ideal, aboliremos los prejuicios. Los preconceptos no; es imposible no tener ideas previas.

Feminismo: una causa que nació noble (igualdad para mujeres y hombres) se prostituyó con su nombre. Que feminismo suene parecido a machismo, produce una simplificación: “son lo mismo con distinto sexo”. Muchos creyeron eso y una parte del movimiento se convirtió en algo parecido a lo que quería combatir.

Éxito: El éxito es el resultado feliz de algo, pero muchas veces se lo toma como complementario del fracaso (para tener éxito otro tiene que fracasar) y competitivo (tengo que lograr más que el otro) cuando en su origen no significaba eso.

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Censura: si bien la palabra remite a la acción general de corregir, en Argentina siempre se la asoció con las prohibiciones en los medios públicos de la dictadura.

En la actualidad, eso se aplica a los medios privados y confunde. Si un privado no quiere dar voz a alguien está en todo su derecho. No es censura, es política editorial.

Deconstrucción: el término nació para describir el proceso por el cual se deshace analíticamente algo para darle una nueva estructura. Últimamente, se lo empezó a utilizar para describir nuevas tendencias sociales de convivencia.

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El término no es feliz, ya que sostiene que hay que destruir lo viejo para construir lo nuevo. Usar un vocablo más ligado a la transformación, dejando de la connotación agresiva, hubiese sido más amigable y efectivo.

Talento: esta palabra no tiene varios significados. Está claro que se refiere a una capacidad especial. El ruido aparece en su uso desmesurado. Muchas veces se termina confiando demasiado en el talento natural y se menosprecia el esfuerzo, que es una fuente mucho mayor de capacidades.

Inteligencia artificial: Como vimos, la IA es una herramienta de procesamiento de datos poderosa.

Sin perjuicio de ello, llamar a eso “inteligencia” es exagerado y genera una expectativa que a veces no se satisface. “¡Ah! ¿Esto era…?” dicen muchos.

Aclaración final: la inteligencia artificial no estaba dentro de la lista original de palabras malditas, pero la experiencia contada al principio me “inspiró” a incluirla.

*Consultor y profesor de RR. PP.