lunes 19 de abril del 2021
OPINIóN Análisis
24-02-2021 13:20

La vacuna y su instrumentación política

En Argentina parece ser un componente desperdiciado por casi todo el estamento político, aunque los recientes acontecimientos demuestran que algunos han sabido utilizarla como un puñal que obra a favor de sus intereses.

José Manuel Rodríguez*
24-02-2021 13:20

El éxito en el desarrollo de las vacunas contra el Covid-19 generó un gran alivio no solo para los sistemas sanitarios, sino para los gobiernos que enfrentan el alto costo social de la cuarentena y la recesión económica. A medida que los laboratorios avanzaban en su producción, la dimensión política de la vacuna comenzó a tomar relevancia, hasta convertirse en un instrumento a disposición del poder.

Un ejemplo de esto fue la campaña electoral de Estados Unidos. Al margen de la reactivación económica, Donald Trump proyectó el desarrollo de diferentes vacunas en territorio norteamericano como un logro de su gestión. Mientras que las principales críticas por parte de los demócratas fueron las dificultades de su plan de vacunación y su falta de compromiso para llevarlo a cabo. Biden finalmente ganó la contienda, cuando antes de la pandemia se pensaba que solo un milagro evitaría que los republicanos renovaran su lugar en la Casa Blanca.

El caso de Rusia es curioso, ya que Vladimir Putin no tiene ninguna preocupación por su popularidad electoral, pero sí logró forjar un instrumento de soft power a partir del desarrollo de la Sputnik V. Recordemos que, tras su lanzamiento en agosto de 2020, la comunidad internacional vivió una suerte de Guerra Fría sanitaria en torno a este tema. Por otro lado, en China la pandemia fue un gran simulacro para evaluar la capacidad de control político sobre su población, intensificando la disposición de tecnología en materia de vigilancia e inspección estatal.

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La vacuna se ha convertido en una suerte de navaja suiza sujeta a la destreza del poder. Sin embargo, en Argentina parece ser un componente desperdiciado por casi todo el estamento político, aunque los recientes acontecimientos demuestran que algunos han sabido utilizarla como un puñal que obra a favor de sus intereses.

Alberto Fernández encara su segundo año de gobierno con una vitrina vacía. Al margen de la renegociación de la deuda, no ha sumado ningún logro que pueda servir como bandera para las elecciones de medio término. La pandemia aunó esfuerzos con su falta de iniciativa política para dejarlo en medio de una apatía generalizada. Pero en julio de 2020 el anuncio del desarrollo de la vacuna de Pfizer en el país hizo repuntar esa tendencia.

Para diciembre, el acuerdo con la farmacéutica estaba prácticamente estancado, pero con la épica de la vacunación en marcha, el gobierno anunció la adquisición de la Sputnik V. Se vivieron algunas semanas de desconfianza alrededor de la evidencia científica sobre su eficiencia, pero en el inicio del 2021 los protocolos de reinicio de clases, el mantenimiento de la apertura económica y especialmente la estrategia electoral eran planes basados en el éxito de la campaña de vacunación.

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Poco duró esa esperanza pues los problemas de producción y distribución comenzaron a generar dificultades. Las metas de vacunación comenzaron a posponerse, y con ello el entusiasmo que generaría algo de capital político para que Fernández pudiese retomar la iniciativa parecía cada vez más escaso. La estocada final tuvo lugar esta semana con el escándalo del Vacunatorio Vip, y la renuncia de Gines González.

La lógica nos diría que la situación actual coloca la vacuna a disposición de la oposición, para que esta pueda obtener todo el rédito de semejante negligencia. Pero el costo político de este fracaso no parece ser equivalente a un crecimiento en la popularidad de las alternativas al oficialismo.

Al margen de todo esto, el kirchnerismo ha vuelto a demostrar su pericia cuando de poder se trata. Las declaraciones de Horacio Verbitsky fueron un instrumento de control de daños formidable, que desplaza del gabinete a un aliado del Presidente, y además pone en jaque a otras figuras cercanas a él. En este sentido, puede decirse que Cristina Fernández es la única que supo utilizar la vacuna a su favor.

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Cualquier elemento que sea crucial para el orden social no tarda en convertirse en el componente de un determinado interés político, y la habilidad para usarlo dentro del tablero del poder es lo que le dará su status de oportunidad o tragedia para aquellos que lideran o aspiran liderar cualquier Estado.

La tan deseada vacuna fue para Putin su pequeño momento de Zarismo internacional, mientras que para Biden fue la receta de un milagro electoral. En algunas partes de Europa es una prueba para sus tensiones sociales, y para China no es más que un simulacro donde evalúa su capacidad de vigilancia y control.

En Argentina, sin embargo, la vacuna ha terminado siendo un testimonio de la mediocridad imperante en el sector público, y los privilegios que acumulan los amigos del poder en el país, al margen de una oposición aún somnolienta, y un claro avance en el proyecto de poder kirchnerista.


 

* José Manuel Rodríguez. Coordinador de Desarrollo Institucional, Fundación Federalismo y Libertad.

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