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OPINIóN / Elecciones 2019
viernes 13 septiembre, 2019

El juego del elector independiente

¿Qué pasa con el electorado que el Frente de Todos y Juntos por el Cambio quieren retener o seducir?

Por Alejandro M. Estévez y Mariano Boiero*

El actual gobierno está llevando adelante un esquema que tiene como pilares al sector financiero, la soja, la minería y los salarios bajos, y que deja en la banquina a 20 millones de argentinas y argentinos. Foto: CEDOC
viernes 13 septiembre, 2019

A mitad de camino entre las PASO del 11 agosto pasado y las próximas elecciones de octubre, todos los candidatos están enfocados en dos temas relacionados con su masa electoral: no perder los votos obtenidos y acrecentar su performance respecto de la última elección. Para el candidato del Frente de Todos es su estrategia de asegurarse un margen mayor de gobernabilidad, en un virtual futuro gobierno.

Para el candidato de Juntos por el Cambio es la forma de sobrevivir al sopapo recibido en las primarias y llegar a un balotaje que le resulte más favorable. De todas maneras y por motivos diferentes, ambos bandos están enfrascados en la misma tarea. La pregunta que debe hacerse entonces es: ¿qué pasa con este electorado que ambos se esfuerzan en retener y/o seducir? Esta nota intentará presentar algunas puntas posibles de seguir, si se quiere responderla.

Los resultados de las últimas elecciones presidenciales del 2015 y las PASO de agosto 2019 muestran similitudes en el electorado “fiel” de cada facción: el núcleo duro de votantes de cada frente ronda aproximadamente el 35%. La “crema” del plato, que tiene desvelados a candidatos y encuestadores, es el 20% de electores que conforman el cuerpo de “indecisos” o “independientes”, que en definitiva terminaron dando el triunfo por un pequeño margen a Cambiemos en el 2015, y que torció la balanza a favor del Frente de Todos en el 2019. Al respecto de esto último: las PASO mostraron serias deficiencias en las encuestas de opinión, motivadas a nuestro criterio por dos componentes fundamentales: el primero es el método de muestreo por IVR (encuesta por teléfono), que demostró ser muy poco confiable respecto de encuestas presenciales que arrojaron guarismos más cercanos al resultado final; el segundo es la desconfianza del elector sobre las encuestas de opinión (… si ya desconfío de los políticos, ¿por qué voy a confiar en los encuestadores?) y su actitud deliberada de engañar al encuestador por identificarlo como parte de ese sistema. Los encuestadores están buscando esencialmente saber “¿qué?” elige ese electorado. En este artículo buscamos entender el “¿por qué?” cambia el ciudadano independiente o indeciso. Recordemos que los resultados de reales de las elecciones hace varios años que vienen sorprendiendo desde los encuestadores hasta los políticos que ganan.

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¿Por qué cambia el votante independiente? Pensamos en tres explicaciones posibles:

  1. es un elector pragmático
  2. es un elector temperamental
  3. es un elector cortoplacista

Como pragmático, este elector adscribe a ciertas cuestiones básicas del sistema: el respeto por el sistema democrático, la existencia de elecciones regulares y transparentes. Es un ciudadano que quiere un Estado presente, que garantice libertades básicas, la provisión de servicios que le garantice una mínima dignidad de vida, y que le asegure la posibilidad de lograr una movilidad social ascendente a través del trabajo, aunque en mayor medida mediante el acceso a la educación. Temas de Estado como la lucha contra la corrupción, el tamaño de la administración general, el gasto público y otros más técnicos lo preocupan, pero no le tuercen la decisión a la hora de la votación. Este votante está preocupado por la vida diaria: conseguir o mantener el empleo, pagar las cuentas, mandar a sus hijos al colegio y poder tener acceso a ciertos bienes disfrutables (salidas, vacaciones, artículos de consumo). Respeta las reglas del juego y es resistente a propuestas que lo lleven a subvertirlas: dirigentes que proponen medidas drásticas como la reforma agraria o que intenten generar una revolución al sistema capitalista son mirados con desconfianza por este electorado. Es desconfiado del sistema político y los dirigentes clásicos, lo que explica el apoyo en su momento a personas provenientes de fuera de la política como el Lole Reutemann, Daniel Scioli, Palito Ortega, el mismo presidente Mauricio Macri o la virtual candidatura de Marcelo Tinelli.

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Como temperamental es un elector muy sensible a los cambios en la coyuntura, sobre todo a nivel emocional. Es un elector que impulsó la figura de Alfredo de Angelis como dirigente que capitalizó el descontento generado por la Resolución 125 y que posteriormente quitó el apoyo en las PASO de 2019 al gobierno de Cambiemos y que estuvo muy alineado, precisamente, con los sectores que motorizaron el rechazo de la resolución 125. Este ciudadano no respeta la línea partidaria y puede apoyar propuestas populistas o liberales, siguiendo su humor y el contexto socioeconómico imperante. Puede entronizar a dirigentes como Aldo Rico, que soñó con ser segunda fuerza a nivel nacional en su momento, y puede sepultarlo o condenarlo al olvido.

Como cortoplacista, es un elector que quiere soluciones inmediatas a los problemas más urgentes. Es un ciudadano que probablemente extienda al gobierno que asuma un cheque en blanco... pero con un vencimiento muy corto.

El economista chileno Carlos Matus publicó como última obra la “Teoría del Juego Social”, en donde muestra 9 juegos del poder, pero centrados en tres grandes juegos que son centrales y de alguna manera influencian en los demás: el juego de la política, el juego de la economía, y el juego de la vida cotidiana (la calidad de mi vida en términos de seguridad, educación, dotación urbana, calidad ambiental, etc.). Ningún gobierno se sostiene con indicadores negativos en dos de los tres juegos. Y al parecer, este elector juega desde el juego de la vida cotidiana, castigando a la política o la economía, según le parezca.... pero cuidado, hay límites.

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El caso paradigmático es justamente el de la villa 31 de la ciudad de Buenos Aires, en la cual los equipos de Horacio Rodríguez Larreta demostraron una admirable capacidad de gestión. Allí donde había viviendas precarias, erigieron prolijos complejos habitacionales, edificios modernos e instalaciones escolares impecables. Urbanizó exitosamente... pero los votantes les fueron esquivos, podemos decir que casi lo castigaron. Fue allí donde Rodriguez Larreta obtuvo el guarismo más bajo de votos en toda la capital. La idea a retener aquí, es que ese votante, privilegia la vida cotidiana (obras, infraestructura, caminos, iluminación, seguridad) mientras tenga una realidad económica que le brinde ciertas seguridades, como llegar a fin de mes, no perder su capacidad de consumo o “poder llenar la heladera”. Cuando esta línea de tolerancia se ve afectada, el votante “independiente” cambia su voto, sin que llegue a preocuparse demasiado por tener que optar entre “honestidad versus corrupción, o pasado versus futuro” ...primero, la subsistencia cotidiana y luego vemos, porque los políticos son siempre iguales...

Y aquí aparece justamente el problema de las “idealizaciones” del votante independiente a las cuales son tan aficionados algunos de nuestros académicos y ciertos “círculos rojos” del poder. Una cosa es un votante independiente que tiene los medios económicos para soportar coyunturas económicas desfavorables (tiene “resto”...) y otro, es el que tiene el “agua al cuello”. El primero resiste un tiempo más, el segundo, no puede esperar porque se ahoga y por ello cambia rápidamente y con cierto enojo. Creemos que el votante independiente promedio argentino se comporta de esta forma, tiene poco “resto”, es hiperpragmático y temperamental. Y por momentos, parecería amnésico... Por eso, a este “asustador asustado” hay que tratarlo con mucho cuidado porque puede cambiar de forma repentina, incluso entre elecciones que están muy cercanas en el tiempo.

Las encuestas, evidentemente están demostrando grandes problemas para relevar a este electorado, que no solo es cambiante y temperamental, sino elusivo y que juega a engañar, también, al encuestador.

* Alejandro M. Estévez, profesor UBA/UTDT/UNLZ. Mariano Boiero, profesor UNLaM/UNLu/UNLZ.


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