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OPINIóN
viernes 19 junio, 2020

El presidente debería pedir perdón en vez de retarnos

En una suerte de giro copernicano, los ciudadanos del AMBA pasamos de ser elogiados por el alto nivel de compromiso a los mayores responsables del pico de contagios que podía colapsar nuestro precario sistema de salud.

‘Trabajo de campo’ Alberto Fernández. Foto: Pablo Temes

En una entrevista brindada a un canal de televisión, el presidente Alberto Fernández se pronunció días atrás sobre varios temas, y entre estos, una vez más volvió a manifestarse sobre el asunto que hoy nos aqueja a todos los argentinos, la pandemia y la cuarentena con plazos indefinidos, especialmente en la zona del AMBA

Al pronunciarse sobre la continuidad de la extensa cuarentena en la zona del AMBA, Fernández alertó que el problema mayor seguía siendo la alta circulación de personas que pueden contraer el virus, y que si esto ocurre, aumentará enormemente la demanda de camas en hospitales y sanatorios. El presidente mostró un gráfico que indicaba, cómo, efectivamente, habían aumentado la circulación de personas, la cantidad de contagios y la ocupación de camas en los hospitales y sanatorios del AMBA en los últimos días.

Por otra parte, Alberto Fernández volvió a poner en alto la excelente conducta de los ciudadanos argentinos frente al compromiso de respetar con enorme esfuerzo la cuarentena prolongada que sigue indicando el gobierno; de tal modo manifestó “… hemos hecho un enorme esfuerzo, no lo ha hecho el gobierno, lo ha hecho cada argentino en su casa, y yo la verdad solo gratitud tengo para cada uno y cada una de esos argentinos …”.

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Pero en la misma entrevista, minutos después, parecía que todo el balance positivo de la cuarentena, y el comportamiento ejemplar de los ciudadanos argentinos que tanto habían respetado las indicaciones del presidente, volaban por los aires. Así, el presidente manifestó de repente “… yo del problema económico sé que voy a volver, …, de donde no voy a volver es de las vidas que se pierdan, … yo podría hacerme el distraído, querían salir a correr salgan a correr, querían salir a pasear salgan a pasear, querían tener los locales de ropa abiertos abran los locales de ropa, ahora, esta es la consecuencia, la que les acabo de mostrar, sépanlo porque no hay otra consecuencia, es esta la consecuencia…” (así, el presidente se pronunciaba molesto mientras mostraba a los periodistas que lo entrevistaban el gráfico con la escalada de circulación, contagios y camas ocupadas en hospitales y sanatorios).

De tal manera, en una suerte de giro copernicano, los ciudadanos del AMBA pasamos de ser elogiados por el alto nivel de compromiso y buen comportamiento frente a las indicaciones del presidente, a los mayores responsables de que ese gráfico indicara que finalmente llegó el pico de contagios que podía colapsar nuestro precario sistema de salud.

Recién pasado un mes de que el virus había ingresado a la Argentina, a fines de abril, nuestros gobernantes advirtieron que los geriátricos representaban un epicentro fenomenal de contagio. La misma Organización Mundial de la Salud había anunciado cómo más de la mitad de las muertes sufridas por COVID-19 en Europa ocurrieron en pacientes de geriátricos. Sin embargo, en Argentina comenzaron a aplicarse los cuidados y protocolos en tales espacios cuando el virus ya había ingresado a la gran mayoría de éstos.

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Pasados un mes de que el virus había ingresado a la Argentina, nuestros gobernantes advirtieron que las cárceles representaban un importante epicentro de contagio, donde el virus podía proliferar a alta velocidad y esto podría llevar a un colapso del sistema de salud. Frente a tal repentina revelación, un puñado de jueces sin escrúpulos, decidieron discrecionalmente liberar presos de alta peligrosidad como violadores, asesinos y femicidas. Esta medida generó en la noche del 30 de abril una enorme protesta ciudadana, que resultó en que no se prosiga (como debía proseguirse, con escrúpulos), el traslado correspondiente y criterioso de presos para evitar mayores contagios.

A dos meses de comenzada la pandemia, se empezaba a hablar de los barrios vulnerables, y nuevamente, nuestros gobernantes no advirtieron hasta el 19 de mayo el registro de casos positivos de COVID-19 en dichos barrios, que representan un epicentro de enorme aglomeración y circulación de personas, y que, por tal motivo, implican que los contagios puedan escalar impiadosamente, y escalaron impiadosamente.

Por otra parte, nos enteramos en la reciente entrevista que dio el presidente hace escasos días, que la circulación en el transporte público, que parecía contar con estrictos protocolos, tampoco se controló, y cuando estamos entrando en el pico de contagios, llegó el momento de examinar como corresponde, la circulación en trenes y colectivos que transitan por el AMBA.

Cabe destacar, por último, la falta de pudor de varios de nuestros representantes, que se muestran por televisión asistiendo a inauguraciones, almuerzos, cenas, se abrazan, se sacan selfies, no usan barbijo, y por supuesto se contagian del coronavirus.

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Pero como en Argentina siempre algo más nos puede sorprender, cabe relatar como tres albañiles oriundos de la Provincia de Buenos Aires se trasladaron recientemente a Villa Dolores, en Traslasierra, Córdoba (zona que se encontraba libre de coronavirus), para realizar ciertos trabajos en el Banco Nacional de dicha localidad. El resultado: Villa Dolores con 18 personas infectadas por COVID-19, y La Falda sufriendo el impacto, ya cuenta también sus primeros dos casos positivos. Nos ordenan hace más de noventa días, que solamente nos movilicemos escasas cuadras para disponer de lo más esencial, pero permiten que tres albañiles se trasladen de la “zona roja” del coronavirus a una localidad que no tenía un solo infectado por el virus.

Todo esto pasó en estos tres meses en Argentina, y así, ese gráfico maldito indica aquello que en algún momento iba a indicar, que el virus escaló; porque al margen de eternas cuarentenas, y de que nuestros gobernantes no controlaron eficientemente la proliferación del virus y ellos mismos no respetaron los protocolos indicados, el pico de contagios se esperaba para mayo o junio, y junio llegó. Y ahora que llegó, resulta que somos los ciudadanos del AMBA los responsables del desbande del coronavirus, porque necesitamos salir ratos breves a correr o caminar por las calles ¡con barbijos y sin darnos abrazos ni sacarnos selfies! o porque desesperados pretendemos trabajar, con todos los protocolos y cuidados necesarios, porque ya no estamos pudiendo solventar nuestras economías domésticas.

Nada que agregar.


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