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PERIODISMOPURO / entrevista
domingo 23 febrero, 2020

Sergio Berni: "Nunca dudé que a Santiago Maldonado lo íbamos a encontrar en el río"

Pese a un esfuerzo de moderación, no oculta posiciones fuertes y que incomodan más al progresismo que a un sector de la sociedad que reclama mano dura. El hombre de Cristina y Kicillof para la seguridad de la provincia de Buenos Aires es un símbolo de los conflictos del doble comando. Incorrección política en pleno corazón kirchnerista.

por Jorge Fontevecchia

Berni, sobre su antecesora: "Patricia Bullrich no tuvo ni control ni mando sobre las fuerzas de seguridad". Foto: Pablo Cuarterolo
domingo 23 febrero, 2020

—Comencemos estableciendo una suerte de ontología del peronismo. ¿Qué diferencia hay entre el de la provincia de Buenos Aires y el de la Ciudad de Buenos Aires?

—Hay mucha diferencia. Pero no tiene que ver con la doctrina del peronismo, que es una sola. El peronismo es un espacio político doctrinario. Eso es lo que lo diferencia de los demás partidos. El general Juan Perón decía que un espacio político sin doctrina era como un cuerpo sin alma. La nuestra está basada en tres patas: la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. Hay actores diferentes con diversas interpretaciones acerca del peronismo, muchas veces de acuerdo a sus propios intereses particulares y no al interés del conjunto. Esto no es un reproche hacia nadie, simplemente es un relato de la realidad.

—¿Que el peronismo porteño perdiera las elecciones mientras en el resto del país generalmente fuera ganador define su identidad?

—Haber perdido en la Ciudad no tiene que ver con el partido. La política es representación de intereses: y los que representa el peronismo no están en la Ciudad de Buenos Aires. Eso no habilita a quienes tienen la representación local del peronismo a hacer alianzas con sectores que no lo representan. Es una crítica que hacemos internamente. Cuando hablamos de soberanía política, independencia económica, justicia social, nos referimos a los intereses populares, que fueron quebrados muchas veces durante los cuatro años precedentes. El peronismo porteño se alió a esos sectores algunas veces. Y hoy estamos pagando esas consecuencias.

“Mi relación con  Alberto Fernández no es ni buena ni mala, hace muchos años que no hablo con él.”

—¿Se alió al macrismo?

—Hay un peronismo que ha sido aliado del macrismo.

—Mi pregunta iba a una cuestión más cultural: ¿el peronismo porteño se tuvo que mimetizar con otros partidos y es más parecido al radicalismo, más socialdemócrata, menos movimientista y más republicano?

—Todo alejamiento de la doctrina es una pérdida de identidad. Hay algunos que se llaman peronistas que tienen necesidad de estar cerca del calor. Y como no lo pueden alcanzar por medio de las urnas, muchas veces lo hacen a través de alianzas. Pero eso no justifica que ante la ausencia de una representatividad se deban entregar banderas, valores. Muchos que se golpean el pecho diciéndose peronistas avalaron que la Argentina se endeudara. Enarbolan la bandera de la justicia social, pero sin embargo no expresan la redistribución económica que necesita la Argentina para ser un país equitativo y justo. Hablamos de la necesidad de una nación para desarrollarse de manera constante y permanente en el tiempo.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
CRITICA A TODOS: “La formación de las policías locales en la Provincia generó que existan miembros como Chocobar”. (FOTO: Pablo Cuarterolo)

—Hoy gobiernan varios representantes del peronismo porteño: Alberto Fernández, Jorge Argüello, Gustavo Beliz, por ejemplo. ¿El albertismo es peronismo porteño?

—Es una mirada exagerada de los medios. Aparte, Alberto Fernández no es el presidente del Partido Justicialista. La responsabilidad de mantener esa firme ideología en representación de los intereses de los afiliados del partido y de la nación está en cabeza del partido y su consejo directivo.

—Usted dijo que su jefa política es Cristina Kirchner y no el Presidente.

—Solamente en la Argentina tenemos que contestar las cosas que son obvias. Pertenezco a un espacio político, el kirchnerismo, desde hace 32 años. Fui fundador del Frente para la Victoria santacruceño, el espacio que llevó al gobernador Néstor Kirchner a ganar la primera elección.

—¿Usted vivía en Santa Cruz ya en ese momento?

—Vivía en Santa Cruz en el año 90 por una cuestión circunstancial. Precisamente, me tocó llegar allá en el año 89. Desde ese mismo momento me puse a trabajar con Néstor Kirchner. Pertenezco a ese espacio político. El Frente de Todos es eso: un frente. Cada uno de los integrantes de ese espacio tiene su jefe político. Para algunos, Sergio Massa es su jefe; para otros, Alberto Fernández. Para nosotros, Cristina Fernández es nuestra jefa política, como para otros es Pino Solanas.

—Eso en política. Pero en la gestión, ¿qué pasaría ante directivas contradictorias entre los distintos jefes políticos del Frente de Todos?

—¿Por qué debería haberlas? No debería pasar eso: los jefes políticos del espacio que representamos tienen la suficiente madurez política y la suficiente responsabilidad para saber que eso no puede ni va a ocurrir.

—Axel Kicillof también tiene a Cristina como jefa política.

—Venimos los dos del mismo espacio político.

—¿Es cierto que designó todos los subsecretarios sin consultar al gobernador y le mandó la lista simplemente para que la firme?

—No es cierto. Hablo permanentemente con el gobernador, porque es mi obligación y es mi responsabilidad. En materia de seguridad cada uno tiene su equipo y obviamente consulta, porque muchas veces el gobernador tiene mirada específica y veta algún nombre.

“Los países con mejor seguridad no son los que tienen más policías, sino los que tienen más fiscales.”

—¿También consultó su equipo con Cristina Kirchner?

—No. El gobernador y quien tiene la responsabilidad de conducir la provincia de Buenos Aires es Axel Kicillof.

—¿Cómo es su relación con Alberto Fernández?

—No es ni buena ni mala porque hace muchos años que no hablo con él. Pero mi obligación como un militante, más allá de mi cargo institucional, es apoyarlo para que le vaya bien en su gobierno. Para que nos vaya bien a los argentinos y para que podamos recuperar la autoestima perdida durante estos cuatro años.

—¿No vislumbra situaciones hipotéticas en las que Alberto y Cristina emitan órdenes contradictorias?

—Para nada. Si hay algo que caracteriza a nuestro espacio político es la gran madurez de sus jefes. Es lo que permitió el triunfo contundente en las elecciones de 2019.

—En la discusión acerca de si hay o no presos políticos, quienes tienen como jefe político a Alberto Fernández, como Santiago Cafiero, Felipe Solá, Fernando “Chino” Navarro, sostienen que no los hay, sino detenidos arbitrariamente. En cambio, quienes se referencian en Cristina Kirchner, usted, Axel Kicillof, Wado de Pedro, sostienen que sí los hay. ¿Esta es la primera demostración de divergencia entre los dos?

—No. Le voy a explicar por qué: porque aquellos que declaramos lo que usted afirma sobre los presos políticos lo hicimos desde la experiencia de haber sido perseguidos durante estos cuatro años del gobierno de Macri. El Presidente tiene una gran experiencia en materia penal, es abogado. Leí atentamente sus declaraciones. Y coincido con él.

“María Eugenia Vidal enfrentó a la mafia del juego clandestino para imponer la mafia del juego legal.”

—Usted también es abogado.

—Por eso lo digo. Un detenido político, un preso político, es aquel que está a disposición del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, desde el punto de vista técnico, el Presidente tiene toda la razón. Pero también tenemos nuestra mirada quienes durante estos cuatro años fuimos perseguidos a través de la utilización del aparato del Estado. Que se enfatiza más cuando nos enteramos a través de documentación de que el señor Alejandro Vandenbroele cobró una importante suma de dinero para poner un hotel y declarar en contra de Amado Boudou. Algo similar ocurre en la causa contra Roberto Baratta y Julio De Vido, que fue la causa por la cual se apartó del Congreso a De Vido, ¿se acuerda de que se inició por pagos excesivos en el gas licuado? Ahora sabemos que el perito que se nombró fue trucho, que terminó preso el perito (N. de R.: se refiere a David Cohen). Como se les caía la causa, apareció en escena, por ejemplo, Marcelo D’Alessio con declaraciones que imputaban precisamente a De Vido en el mal ejercicio de sus funciones. Por esas declaraciones estuvo detenido. Allí se observa claramente que cuando el Estado utiliza sus herramientas, la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos, o la AFI (Agencia Federal de Inteligencia), las UFI (Unidades Fiscales de Investigación), que tiene para perseguir y encarcelar a un dirigente político por el solo hecho de pensar distintos a ellos, hay una connotación política. ¿Tiene la responsabilidad de eso este gobierno? Fue responsabilidad del gobierno anterior. Lo que queda es un resabio y quien se prestó para que eso suceda fue la Justicia. Es precisamente ella quien debe normalizar esta triste situación. En la Argentina, la Justicia está en los niveles más bajos de credibilidad. Es un gran problema para nuestro sistema institucional.

—Usted vivió en Santa Cruz y sabe de la trayectoria y ascenso de Lázaro Báez. ¿También es un preso político?

—No conozco el problema de Lázaro Báez. Es un empresario. Cuando hablamos de presos políticos, nos referimos a los militantes.

—Usted se refiere a quienes fueron funcionarios. Pero Báez no se podría haber enriquecido de esa manera sin un contubernio con algún funcionario político.

—Hay muchas familias en la Argentina que hicieron su fortuna en base a la patria contratista. No solamente Lázaro Báez. También está la familia Macri.

—Eso no constituye un consuelo. Un poquito de autocrítica les sería útil.

—¿Pero con qué debería tener autocrítica?

—Con la corrupción: solo Lázaro Báez indica que algún problema con funcionarios del Estado hubo.

—No pongo en la misma bolsa a José López que a los demás. Merece el mayor de los castigos.

—¿Y qué opina del caso de Amado Boudou, que tiene condena confirmada por Cámara de Casación por quedarse con el 70% de las acciones de Ciccone? ¿Hubo hechos objetivos, más allá de la persecución?

—Yo leí el fallo. No sé si usted tuvo la oportunidad de leerlo. Y no encontré ningún motivo que vinculara expresamente a Boudou al delito que se le imputa. Y mucho más después de que los argentinos vieron en estas últimas semanas la injerencia del gobierno de Mauricio Macri para pagarle a Vandenbroele y que declare en contra de Amado Boudou.

—¿Leyó el de Casación?

—Leí el fallo de primera instancia solamente.

—Una cosa es hablar de perseguidos políticos y otra de presos políticos. En algunos casos intervienen jueces y fiscales de distintas instancias para llegar a un fallo. Se puede suponer el sesgo o la mala praxis de algunos, pero es difícil que sean tantos.

—Convengamos en que en la Argentina existió el lawfare, esa metodología de perseguir en combinación o en una suerte de asociación entre cierto sector del Poder Judicial y del poder mediático. Hoy los medios son un cuarto poder. Sobre todo en la región y muy especialmente en la Argentina. Se difamó, se usaron los medios para generar mecanismos para que después se investigue.

“Lo único que tenemos en común en materia de gestión con Frederic es la palabra seguridad.”

—Quedó claro que cree en la inocencia de Boudou. ¿Piensa lo mismo en el caso de Julio De Vido?

—Puedo creer en la inocencia de Julio De Vido.

—No así de José López.

—Para nada.

—¿De Ricardo Jaime?

—No lo conozco. Fue condenado por la causa de Once y su sentencia se reconfirmó. Acepto ese fallo con honestidad intelectual.

—¿Usted no quería ser ministro de Seguridad de la Provincia y fue Cristina Kirchner quien le pidió que accediera al puesto?

—Tenía un proyecto totalmente distinto de vida. Estoy más cerca de los 60 años (son 58).

—¿Aumentará la inseguridad mientras la economía no mejore?

—Los problemas de la seguridad no tienen que ver exclusivamente con la existencia de más o con menos policías. La provincia de Buenos Aires tiene una ratio de 2 puntos 49. La ratio alude a la cantidad de policías cada 100 mil habitantes. En cambio, la Ciudad de Buenos Aires tiene una ratio de 8 puntos 50, proporcionalmente, tres veces más. Sin embargo, los índices delictivos de la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires no reflejan esa diferencia. Los países que tienen mejores índices de seguridad en el mundo no son los que tienen más policías, sino los que tienen más fiscales.

—¿A cuáles se refiere?

—Canadá es uno de los países que mayor cantidad de fiscales tienen por habitante. Tiene prácticamente una ratio de 10 veces más que en la Argentina. Es multicausal y no tiene que ver con cuestiones económicas exclusivamente. Hay otros factores que maneja el Estado que necesitan una amplia coordinación. Ese es nuestro trabajo: generar esos mecanismos. Por ejemplo, en estos últimos cuatro meses en la provincia de Buenos Aires apresamos a unas 92 mil personas. Pero siguen detenidas casi 17 mil, el 20%. ¿El otro 80 dónde está?

—Faltan fiscales...

—Ese 80% que no ha quedado detenido, ¿qué está haciendo? Continúa delinquiendo. El gran desafío es generar las bases para que haya una política coordinada a largo plazo.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
INTERNAS EN EL FREnTE DE TODOS: “Somos un frente con varios jefes políticos: algunos siguen a Sergio Massa, otros a Alberto Fernández. Yo sigo a Cristina”. (FOTO: Pablo Cuarterolo)

—Usted dijo que los delitos en la Provincia se dispararon hasta un 45%. ¿A qué delitos aludía y durante qué lapso de tiempo?

—Me refería por ejemplo al hurto o robo. Desde el año 2015 al 2019 aumentó un 175%.

—¿No hubo una baja en el medio?

—De ese 175%, casi el 69% fue en el período 2019/2020. Lo mismo pasó con el robo, lo mismo pasó con el asalto...

—¿Es cierto que hubo en veinte días nueve secuestros mientras que en los anteriores cuatro meses había habido siete?

—Fueron nueve. Los secuestros son un delito muy habitual en la provincia de Buenos Aires. Es verdad que hubo nueve secuestros pero también es verdad que hemos detenido a las dos bandas que los efectuaron y que después no hubo más. ¿Usted sabe qué cantidad de homicidios dolosos tiene la Provincia por año?

—No.

—Tiene una proyección para este año de 1.400 homicidios dolosos. 10% de ellos son femicidios. Fíjese que estamos hablando de casi cinco muertos cada dos días.

“Alberto Fernández no preside el Partido. La responsabilidad de mantener  la doctrina no es suya.”

—¿Cuánto había en 2015?

—La tasa de homicidios en la Argentina viene bajando desde 2003 en adelante. En 2003 la tasa del homicidio era casi de 14 cada 100 mil habitantes. Y viene bajando. Hoy la provincia de Buenos Aires está en un 5,5. La Ciudad de Buenos Aires tiene 4,5, y cuenta con tres veces más policías y tiene tres veces más presupuesto. No estoy diciendo que se trata de un mal funcionamiento de la Ciudad de Buenos Aires, sino que hay un contexto general que excede lo que tiene que ver con acciones preventivas y recursos operativos.

—¿Cómo podría describir la mente de un ladrón: hace cálculos eligiendo el delito en función de sus posibilidades, los costos y el rédito?

—Primero, nadie nace ladrón. Segundo, hay un contexto social que empuja a aquellos a delinquir. ¿Cuál es su causa? En la Argentina no lo tenemos estudiado. Por eso, el gobernador nos está dando todo el apoyo para crear el centro de investigaciones del delito y la violencia, centro que está a cargo del doctor Enrique de Rosa, uno de los investigadores psiquiátricos más importantes de Argentina.

—¿Puede ser distinta la causalidad del delito en la provincia de Buenos Aires?

—Sí, absolutamente. Por eso es necesario comprender la génesis del delito de manera autóctona en cada uno de los países y fundamentalmente en cada región.

—¿El Conurbano sería un área específica?

—Tiene una alta densidad demográfica y una geografía que permite fácilmente el camuflaje del delito. Los delincuentes pueden esconderse con mucha mayor facilidad que en el interior de la Provincia, una geografía muy complicada. Estoy convencido de que la gran mayoría de la gente no conoce lo que es el Conurbano profundo, el nivel de hacinamiento, los asentamientos. Muchas veces la policía no puede entrar, pero no por miedo, sino porque no tiene la metodología.

—¿Tres veces entraron ladrones a su oficina y usted mismo fue víctima de robo?

—Fue antes de asumir y hace muy poquito. Pero es algo del entorno, un exceso de confianza. Cualquiera tenía la llave de mi oficina. No tiene que ver con cuestiones políticas.

“El modelo de Zaffaroni sirve para los países nórdicos, no para la Argentina.”

—¿Qué es lo que propuso relacionado con las drogas?

—Es un tema muy escabroso y muy difícil de entender. Hay que abordarlo paulatinamente. Primero, cuando hablamos de despenalización de consumo tenemos que saber que en la Argentina la despenalización está vigente de hecho, a partir del fallo denominado “Arriola”. La Corte Suprema determinó que no puede haber pena para aquellas personas que tienen en su poder cierta cantidad solamente para consumo personal. ¿Por qué? Porque se basa en un derecho constitucional que dice que las acciones privadas de los hombres que no ofendan la moral ni generen ningún perjuicio para terceros, solo son cuestionadas por Dios y están exentas de la mirada de un magistrado. A partir de ese fallo, ser sorprendido en la calle con drogas en cantidades que demuestren que son de consumo personal está despenalizado. Ahí ya tenemos el primer gran problema. El Poder Legislativo y el Judicial podrían resolver un problema que para nosotros es gravísimo: la superpoblación carcelaria producto de detenciones en la calle con droga para consumo personal.

—Convertir el fallo en ley para que sea para todos.

—Lo que exijo es que los diputados entiendan que la policía no puede hacer una interpretación de la ley. Ese es un rol de los jueces. Se debe modificar la Ley 23.737 para que ningún policía detenga a quienes tienen droga en su poder para consumo personal. Si me pregunta si estoy de acuerdo con la despenalización de las drogas, mi respuesta sería que primero hay que contestar para qué. ¿De acuerdo con la despenalización para que se consuma menos? No. Hablar de la despenalización del narcotráfico es aludir a las consecuencias. Así hablamos de atacar un problema que es la violencia, la corrupción y las alteraciones del orden y las economías regionales. El consumo es una cuestión que tiene que ver con políticas de salud pública, no con políticas de seguridad. Cuando hablamos de despenalización, nuestro mensaje es: “Señores, dejemos de lado todo el problema que tiene la violencia y la corrupción fundamentalmente y las alteraciones del orden que genera el narcotráfico”. ¿Qué pasó en Estados Unidos en los años 30?

—Prohibido el alcohol.

—Cuando se lee la enmienda de Estados Unidos que prohíbe la producción y comercialización de alcohol, parece una copia de la Ley 23.737. ¿Qué pasó entonces? Fueron los diez años más violentos de la historia de Estados Unidos, los diez años más corruptos. Aparecieron todas las mafias, Al Capone entre ellas. ¿Cuál fue la consecuencia? Estados Unidos tuvo que dar marcha atrás y permitir la comercialización y la venta de alcohol.

—Usted dijo que el daño que causa la marihuana es menor que el del alcohol.

—No tengo ninguna duda. Es una cuestión médica. Pero que quede claro y no se saque de contexto: la marihuana produce daño. Porque tiene una droga que se llama tetrahidrocannabinol que produce la desmielinización del sistema nervioso central. El alcohol no solamente produce eso. Uno de los síntomas terminales del alcoholismo es el flapping, más allá de los daños hepáticos de la cirrosis crónica. El alcohol trabaja también sobre lo orgánico.

—Afecta la mente y el cuerpo.

—Hay que mirar lo que pasó en Villa Gesell: esa desinhibición que produce el alcohol genera casos de violencia. Nos rasgamos las vestiduras discutiendo marihuana, discutiendo cocaína. Son drogas que ya tienden a desaparecer por una cuestión económica: la aparición en escena de las drogas de síntesis viene a resolver un montón de problemas que tienen las drogas naturales.

—¿Rosario puede anticipar que Argentina sufra lo que  Colombia y México sufren  por el narcotráfico?

—El problema surge de la manera con que los países se adhirieron a un sistema que propuso Estados Unidos sobre el combate a la droga. Comienza a partir del año 1980, con Richard Nixon, cuando declaró que el enemigo número uno de Estados Unidos era la droga. A partir de ahí nace la hipótesis de la necesidad de una confrontación abierta.

“La pasta base genera mucha más violencia en su comercialización que la cocaína terminada.”

—Una guerra.

—Guerra que existió. Pero surgen datos interesantes. Como que el 85% de la droga que se produce en Latinoamérica se consume en Estados Unidos. Pero los muertos los puso Colombia, México, Centroamérica, Brasil. Ese desplazamiento de la violencia del narcotráfico se llama “efecto globo”: si se aprieta el globo en una punta, el aire se desplaza a la otra. Ese desplazamiento desde Brasil empezó a llegar hacia el sur, hacia la Argentina. Tomamos nota de eso y actuamos profundamente en su momento.

—¿Por qué Rosario? ¿Su puerto, el río Paraná y su conexión con Paraguay?

—Exactamente. La vía de comercialización de la cocaína por excelencia era Bolivia, a partir del eje Colombia-Perú-Bolivia. Paraguay cambió y hoy es un centro de distribución importante de cocaína y marihuana. Mucho tiene que ver con la hidrovía, porque el 95% del tráfico de drogas se da por vía marítima. Cuando empezamos a ver este fenómeno hace ocho años hicimos una fuerte intervención en Rosario que permitió detener a la banda más importante, Los Monos. No solo los detuvimos, sino que pudimos aportar las pruebas para que sean juzgados por el delito de narcotráfico. A partir de allí, Rosario empezó a tener un problema de violencia vinculado a la distribución, no a la fabricación: a eso se sumó una gran complicidad de la policía. Esa complicidad se fue trabajando y desbaratando. Así se llegó hasta el jefe de la Policía.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
ROSARIO: “Lo que sucede con el narcotráfico mucho tiene que ver con la hidrovía y la importancia de su puerto”. (FOTO: Pablo Cuarterolo)

—¿El problema hoy es mayor?  La ex ministra Patricia Bullrich remarcaba el éxito  de haber incrementado los secuestros de droga.

—Primero: nadie puede pontificar sobre lo que no conoce. Si le pregunto cuánto se cosecha de trigo o de soja este año podremos llegar a una respuesta cuantificable y certera. Pero si yo le pregunto cuánto es lo que circula de cocaína o de marihuana por la Argentina, no lo sabe ni usted, no lo sé yo. No lo sabe nadie. Por lo tanto, se utilizan índices internacionales que afirman que se confisca entre el 3% y el 5% de la droga que circula. Mayor incautación indica que hay mayor circulación. Hay un dato muy interesante y que me preocupa mucho. Hace muy poquito uno de los custodios de la ministra de Seguridad de la Nación fue descubierto con un kilo de pasta base. La noticia fue que se trataba del custodio de la ministra. Pero para aquellos que estamos en este tema, que sea custodio de la ministra lo único que refleja es la realidad de lo que contamos todos los días: el narcotráfico se infiltra cada vez más cerca del poder. Lo que nadie tomó en cuenta es que lo que se le decomisó no fue cocaína, sino pasta base. Más allá de la circulación, más allá de los decomisos, volvemos a tener la presencia en la Argentina de la pasta base. Y la pasta base genera mucha más violencia en su comercialización que la cocaína terminada. Es mucho más rentable traer la pasta base a la Argentina y hacer todo el proceso de producción que en Bolivia. El efecto es que cada cadena de producción que se le agrega a la cocaína es una cadena de violencia más. No es algo gratuito.

—¿Por la devaluación ahora es más barato transformarla en droga terminada?

—Uno de los pasos más caros de la producción de cocaína es la transformación de la pasta base a clorhidrato de cocaína. Resulta que es mucho más negocio traer la pasta base, hacer el traspaso a clorhidrato de cocaína aquí. Los precursores son mucho más baratos acá, un proceso que viene acompañado de una importante génesis de violencia. Tenemos que estar muy atentos a esta situación. Y eso implica realizar tareas de inteligencia muy fuertes. ¿Vamos a terminar con el tema? No mientras sigamos con este paradigma de lucha contra el narcotráfico, cuyo efecto es muerte, fracaso y que el narcotráfico se siga expandiendo a través del mundo. No hay un solo caso de éxito de lucha contra el narcotráfico en el mundo. Si no estamos dispuestos a sentarnos en una mesa, aunque parezca políticamente incorrecto, y empezamos a discutir un nuevo paradigma de cómo afrontar el problema del narcotráfico, vamos a seguir hablando de esto dentro de diez años igual que hoy.

“Si un comisario besa al llegar a la comisaría a un cabo al saludarlo, se perdió todo el respeto y el control.”

—En 2015, usted dijo: “El juego, la prostitución y la droga existen donde hay poder adquisitivo”. Ahora que hay crisis económica, ¿el consumo de droga bajó?

—Estamos hablando de dos cosas distintas. Nadie juega donde no hay plata. Nadie consume drogas sin plata. Una de las consecuencias de los problemas económicos en la sociedad es el consumo de droga barata, la aparición del paco, que no sigue siendo más que cocaína. Muchos tienen la fantasía de que es lo que queda en la cacerola en la cocción. Piensan que hacer cocaína es como hacer un flan. Pero se trata de algo mucho más sofisticado. No cualquiera puede cocinar cocaína. Por lo general, son licenciados en química. El paco es la pasta base que no tiene el proceso de clorificación. Por lo tanto, es hidrosoluble y se fuma. Así llega rápidamente al cerebro. Hay una relación directamente proporcional entre velocidad de llegada al cerebro con liberación de serotonina. Como esa liberación es muy rápida, también decae al poco tiempo. Al decaer rápidamente, genera un síndrome fuerte de abstinencia, eso es lo que se percibe entre las personas que consumen paco. Otra característica que tiene la comercialización del paco es su bajo precio, es una droga para aquellos que no tienen poder adquisitivo, aunque ese precio en altas dosis termina generando ganancias mucho más importantes que la de la cocaína.

—El ex gobernador Felipe Solá les advirtió a María Eugenia Vidal y a Cristian Ritondo que no nombraran a Pablo Bressi. Según afirmó, Ritondo le respondió que nombrar a Bressi era “un pedido de la Embajada de Estados Unidos”. Se denunciaba que Bressi recibiría recaudaciones ya sea de droga o juego. ¿Qué hay de cierto sobre esos fondos millonarios?

—Ritondo nombró a Bressi porque creyó y, según su propia declaración, porque se lo recomendó Estados Unidos. No es mi caso. Estoy en una etapa de observación. Hace dos meses que he sido ministro, más allá de que estudiamos permanentemente el fenómeno de seguridad en la provincia de Buenos Aires. En la Policía de la Provincia de Buenos Aires se aplicaron muchísimas políticas que pueden ser buenas o malas. Pero el peor de los problemas es que nunca se concretaron. Empezamos con grandes purgas, con divisiones de la policía, policía 1, policía 2, bonaerense, local, comunal, distrital, pero nunca se terminó. Hay un ejemplo que puede pasar inadvertido pero es tremendo. A los pocos días de asumir junté en una reunión al jefe de policía, al jefe de personal y al jefe de planificación. Entre los tres no se podían poner de acuerdo sobre el funcionamiento de ciertas áreas. Había tantos parches que estaba rota la cadena de mando. Y en un organismo que funciona de manera vertical hay tres ejes que son imprescindibles, el mando, el comando y el control. No hay comando sin mando y no hay comando y mando exitoso sin control. Cuando usted pierde esas tres variables se queda sin conducción, que es lo que pasó con la policía de Buenos Aires. Hay un detalle que es muy fuerte. Veo a un comisario entrar a su comisaría y saludar con un beso al cabo. Se perdió todo respeto, se perdió todo orden. Es imposible conducir fuera de un marco de orden, fuera de un marco de respeto. La profesionalización tiene que ver con la capacidad de incorporación de valores y por sobre todas las cosas con devolverle a la policía la cadena de mando. Esta semana estuve en Almirante Brown. Tienen mil policías locales. Se educaron para el puesto menos de cinco meses y salieron a la calle por necesidad. La sociedad reclama más policía, generamos la policía local, y sacamos en cinco meses un policía a la calle. Así, lo único que generamos son policías como Luis Chocobar. No nos olvidemos que es un policía local de la Ciudad de Avellaneda, una representación de los casi 40 mil policías que ingresaron en esta situación en la provincia de Buenos Aires.

—Usted dijo que mano dura es diferente de mano descontrolada. ¿Hubo descontrol con Patricia Bullrich?

—Patricia Bullrich no tuvo ni mando ni control. El mando es una potestad unipersonal que tiene que ver con un montón de atribuciones de aquel que conduce. No tiene nada que ver con el comando, que es pluripersonal, que son las actividades que garantizan que el mando se ejecute. El control tiene que ver con la capacidad de generar acciones para que esa verticalidad y ese orden no salgan de su contexto.

—Usted dijo: “Si yo era ministro de Seguridad, a Santiago Maldonado no le hubiese sucedido lo que le pasó”.

—No tengo ninguna duda. Y lo afirmo con total y absoluta honestidad intelectual. Nunca dudé de que a Maldonado lo íbamos a encontrar en el río, nunca dudé. Nunca dudé de que la Gendarmería podría haber hecho una desaparición forzada de Maldonado.

—¿Nunca dudó de que la Gendarmería podría hacer desaparecer a una persona?

—Nunca. Lo dije siempre y me costó muchas discusiones. Lo digo por el conocimiento que tengo respecto al accionar de las fuerzas federales. Pero Maldonado muere por la acción incorrecta y antijurídica del accionar de la Gendarmería. Porque la Gendarmería ingresó a una propiedad privada sin una orden para hacerlo. A partir de allí está encuadrada en lo que jurídicamente se denomina nexo de conectividad. Si la Gendarmería no hubiera ingresado, Maldonado no hubiera intentado huir y no hubiera cruzado el río. Por lo tanto hay una responsabilidad recurrente.  

—También dijo: “Tuve que matar a bastantes delincuentes y nunca tuve problema”. ¿Cómo fue eso?

—No es grato hablar del tema; pero, ante ciertas situaciones como la toma de rehenes, uno tiene que tomar ciertas definiciones. Y a los jefes de operativo les doy órdenes claras. Para tomar semejantes definiciones hay que saber lo que se hace. Soy cirujano y le puedo asegurar que no hay peor cosa que abrir a una persona y operarla del corazón.

—¿Su primera relación con la muerte fue como médico?

—Tuve oportunidad de aprender mucho con el doctor René Favaloro. Cuando el doctor Favaloro trabajaba en el Sanatorio Güemes. De él tengo dos anécdotas que me marcaron. Lo más importante para un cirujano es saber lo que nunca debe hacer con un bisturí. Es lo mismo que ocurre con la policía. Cuando afirmamos la pertinencia de practicar tiro todos los días. La instrucción en un tiro es saber lo que nunca debe hacer un policía cuando saca la pistola y cuándo la debe sacar y cuándo nunca la debe sacar. Eso es la principal enseñanza que deja una práctica de tiro, cosa que se había dejado de hacer durante mucho tiempo y que ahora volvimos a empezar a revisar a partir de que Fabricaciones Militares nos empiece a entregar el millón y medio de municiones que necesitamos todos los meses para volver a capacitar a la policía. No solamente para que cuando tire pegue, sino para que nunca saque la pistola cuando no la tenga que sacar.

“El Conurbano tiene una geografía que permite fácilmente el camuflaje del delito.”

—¿Lo que hizo Luis Chocobar es incorrecto?

—Claramente es incorrecto. Estoy seguro de que Chocobar no es un asesino, que ese día no se levantó y salió a la calle a matar. Lo que hizo fue con la mejor intención. Hay responsabilidad de parte del Estado, que fue quien lo llevó a la calle con una pistola y mal entrenado. Chocobar es una muestra de los 40 mil efectivos de la policía local que tenemos en la provincia de Buenos Aires. Decíamos que en Almirante Brown hay mil policías locales. ¿Sabe cuántos mandos intermedios hay hasta llegar al jefe? Ninguno.  Explíqueme cómo mil policías locales pueden funcionar sin los mandos medios.

—Usted dijo que estaba de acuerdo con ponerle un 10 a la gestión de Patricia Bullrich. Pero en una escala del 1 al 100. Eso sería equivalente a ponerle un 1 en escala del 1 al 10. ¿Por qué ese aplazo?

— Lo primero que dijo la ministra Bullrich fue “se acabaron los piquetes en la Ciudad de Buenos Aires, a partir de ahora vamos a hacer el protocolo antipiquetes”. ¿Qué pasó? Fracasó. Durante toda la campaña dijo que el problema del narcotráfico en la Argentina es que no hay ley de derribo, si en la Argentina hubiera ley de derribo se acabó el narcotráfico. ¿Qué fue lo primero que hicieron? Firmaron la ley de derribo. ¿Cuántos aviones derribaron?

—¿Ninguno?

—Exacto. Y la droga siguió, porque de hecho la ministra dijo tener récord en incautación de drogas. O sea, hay algo que está funcionando mal en su relato. Después dijo que “el problema de la Argentina es que el kirchnerismo desradarizó toda la frontera y nosotros la vamos a controlar”. ¿Cuántos radares pusieron?

—¿Ninguno?

—Nuevamente, está en lo cierto. No pusieron ningún radar sino que nosotros habíamos generado a través de un convenio con el Invap. A partir de la financiación del gobierno nacional, el Invap desarrolló un radar tridimensional de última generación. No solo lo desarrolló, sino que también lo homologó, que es lo más importante. Fue fabricado y lo empezamos a instalar. Lo primero que hizo Mauricio Macri cuando asumió fue ir al Fondo Monetario a pedir plata. La respuesta fue que le daban el dinero, pero debía detenerse el proyecto de fabricación del Arsat, porque Argentina no puede ocupar las órbitas geoestacionarias que necesitamos para los satélites de geoposicionamiento para dirigir nuestros misiles adonde los queremos mandar en el mundo. También pidieron desactivar el proceso de fabricación de radares porque es un negocio muy importante. Conclusión, no solamente no pusieron ningún radar sino que desactivaron el proceso de radarización de la Argentina. Y puedo seguir. ¿Se acuerda cuando fue a la frontera, a Orán, Salta, precisamente a un lugar que se llama Piedras Blancas? La frontera era un descontrol total, y la ministra apareció con el protocolo de importación para microemprendedores.

“Lázaro Báez hizo su fortuna en base a la patria contratista. Lo mismo sucedió con la familia Macri.”

—¿Atribuye la mirada positiva sobre la gestión de Bullrich más a la acción de la propaganda que a hechos reales?

—Fue usted quien dijo “ninguno”. No yo. Lo dijo usted. No es una apreciación objetiva mía...

—Pero al mismo tiempo reconoce que bajó la cantidad de homicidios.

—Lo único que realmente bajó es la cantidad de homicidios. Pero ¿es un éxito del gobierno? Es el producto de una política de seguridad que los viene bajando desde el año 2003, nosotros en el año 2003, por eso cuando usted me pregunta cómo van a ser los delitos en la Provincia durante este año, lo proyectado es seguir creciendo, ¿por qué? porque venimos de una base. No se puede, no, no lo puede hacer, bueno, en estos casos es lo mismo. Las políticas de seguridad no son políticas económicas. En política económica usted toma la decisión a la mañana de bajar la tasa de interés y girar tan fácilmente un transatlántico tan rápidamente. Las políticas de seguridad son políticas a largo plazo siempre. Y datos, como el homicidio, seguirán bajando.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
LAWFARE: “Cuando el Estado usa todas las herramientas que posee para perseguir opositores, claramente hay una connotación política”. (FOTO: Pablo Cuarterolo)

—Pero no robos y hurtos.

—¿Pero cuál es el rol de un ministro de Seguridad? En mi caso, generar las reformas estructurales necesarias y suficientes para generar las bases con una mirada hacia futuro. Generar políticas que puedan mantenerse a lo largo del tiempo, además de generar no solo expectativas nuevas: también resultados deseables.

—Sobre Eugenio Zaffaroni usted dijo que no compartía su postura en materia penal, y agregó: “Mi postura es totalmente contraria a las opiniones de Zaffaroni”. Explique esas diferencias.

—Nadie que haya estudiado con él puede desconocer su capacidad técnica, científica y su prestigio internacional. El doctor Zaffaroni plantea un modelo. Y el tema es quién tiene que ejecutar, seguir ese modelo o no. Lo que describe podría funcionar perfectamente en los países nórdicos en los que no existe prácticamente la desigualdad. En Argentina, el modelo propuesto por Zaffaroni, lejos de ser conducente, es contraproducente. Y es más contraproducente para la provincia de Buenos Aires. Ese es mi desacuerdo, más allá de que rescato los valores profesionales y científicos sobre derecho penal.

—En eso coincide con la ministra Sabrina Frederic. Ella también critica a Zaffaroni. Dijo: “La falsa oposición entre garantistas y punitivistas. Esa disyuntiva no permite entender, abordar ni prevenir los delitos”.

—Coincido en varias cosas con la ministra Frederic, pese a la intencionalidad por generar noticias. Como periodista, Fontevecchia, usted sabe que cuando no hay noticias, se precisa inventarlas. Soy una persona frontal que digo lo que pienso. Coincido en muchas cosas con la ministra, lo que pasa es que tenemos dos funciones totalmente distintas. Lo único en común es la palabra seguridad. Pero ella es ministra de Seguridad de la Nación, y yo, ministro de Seguridad de la Provincia, dos realidades totalmente distintas, dos funciones totalmente distintas. Hablábamos de Patricia Bullrich. No puede mostrar éxitos de gestión en materia de seguridad ciudadana, porque a partir de que en el año 2016 se traspasó la Policía Federal a la policía de la Ciudad de Buenos Aires el Ministerio de Seguridad de la Nación perdió territorialidad. O sea, el Ministerio de Seguridad de la Nación no tiene responsabilidad territorial en materia de seguridad ciudadana en ningún lugar del país. Para la Constitución, cada provincia es autónoma en cuanto a las definiciones y decisiones y planificaciones en materia de seguridad. El ministerio nacional tiene otras responsabilidades, atiende otros delitos, como el narcotráfico, la trata de personas, los delitos federales.

“Hay lugares del Conurbano en los que la policía no puede entrar, dado el hacinamiento.”

—No fue un invento de la prensa, usted dijo sobre el conflicto con Frederic: “Si uno ve la película entera, se da cuenta de que al final el Presidente y el gobernador me terminaron dando la razón, necesitábamos coordinación”.  

—Tampoco es un tema con la ministra: ella es la cabeza. Nadie puede desconocer que para que dos acciones sumen y no resten tienen que estar coordinadas, sobre todo en materia de seguridad. Dos acciones policiales no coordinadas restan en vez de sumar.

—¿Usted le dio la orden a su jefe de Policía provincial de detener a funcionarios de las policías federales que estaban haciendo operativos en la costa en diciembre?

—Si no estaban bajo una coordinación, sí. Porque eso es un avasallamiento de jurisdicción. Obviamente que primero avisé y entendieron, por tanto no pasó. No ando con vueltas.

—¿Qué pasó entonces?

—Entendieron que había que coordinar. No lo digo ni hago en desmedro de nadie. No hay que olvidar que en los cuatro años de Mauricio Macri no hubo conducción. Ni conducción, ni mecanismos de coordinación. A partir del 10 de diciembre todo seguía como antes. Entendieron que había que cambiar.

—¿Dejó cesante a su vocero por un tuit que envió?

—Una semana antes le había explicado cómo funcionaba esto. Se equivocó. Lo reconoció. Pero esto es la Fórmula Uno; Ayrton Senna se equivocó, se comió la curva y se mató. Cuando uno está permanentemente en la lucha contra el delito, el juego es constantemente contra el fleje. Hay que tener cuidado, cuando se interviene con los narcotraficantes, o delincuentes muy peligrosos. Uno delega algunas cosas. La conducción es delegar. Y delegar significa controlar. Yo delegué, controlé, no funcionó, y opté por ir por otro camino.

—El tuit en cuestión decía: “Lo que nos distingue de los aficionados es el método”. Previamente usted había dicho (voy a leer textualmente): “Simplemente aquellos que venimos de una rama profesional sabemos que la diferencia entre el profesional y el aficionado es el método. El método policial no solo tiene una doctrina, también una metodología y la metodología hay que cumplirla, porque si no, los resultados no son los esperados. Son cuestiones técnicas que no surgen de una improvisación, sino de un modelo metodológico para la conducción policial”. Su vocero reprodujo una frase suya: “Lo que nos distingue de los aficionados es el método”. ¿Qué es lo que hizo mal?

—El tiempo.

—¿El tiempo actual es el de mostrar menos conflictividad con el gobierno nacional?

—No se trata de mostrar menos conflictividad. En un equipo de gobierno hay que discutir permanentemente. Hacia adentro discuto permanentemente, no me considero el dueño de la verdad. Así como a veces uno es responsable de ciertas escaladas; en otros casos también tiene la responsabilidad de ponerles un límite a esas escaladas. Mi vocero le erró en el tiempo.

“En la Policía de la Provincia de Buenos Aires se perdió el mando, el comando y el control.”

—Frederic dijo:  “Berni inauguró una manera y Bullrich fue sucesora de ese estilo. Yo tengo otros elementos para sostener la gestión. Va a ser parte de un desafío mostrarle a la gente que se puede dar seguridad sin hacer una performance o un acting”. Un acting. Y parecerse a Bullrich.

—Eso es lo que piensa la ministra. Tendrá sus motivos.

—En la Provincia trabajan 6.800 miembros de las fuerzas federales.

—Tenemos la información de que son 6.800, ya empezamos a coordinar las acciones. Quienes tenemos experiencia en esto sabemos que lo importante no es el inicio, sino el sostenimiento de las acciones policiales en el tiempo. Volvamos a juntarnos dentro de tres meses. Ahí le voy a decir cómo fue esa coordinación y cómo ha sido el compromiso del gobierno nacional en su incorporación de las fuerzas federales en sus sistemas judiciales.

—¿Había coordinación cuando el ministro era Ritondo?

—Si hubiera existido una coordinación, seguramente hubieran ingresado a programas como el Operativo Sol.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
“UNA AUTOCRITICA A HACERNOS: representantes del peronismo porteño han hecho alianzas con sectores diferentes de los históricos del peronismo. Hay un peronismo que fue aliado del macrismo”. (FOTO: Pablo Cuarterolo)

—En el gobierno anterior el jefe político de la gobernadora era también el presidente. Como ahora el gobierno provincial tiene como jefa a la vicepresidenta, se le asignan a esa causa las discusiones Provincia-Nación. ¿Es injusto?

—Es un pensamiento totalmente erróneo. La descoordinación de las fuerzas en la Provincia viene de la época del gobierno de Mauricio Macri.

—¿Cuál es su evaluación de la gestión Ritondo?

—Sé lo difícil que es la provincia de Buenos Aires, pero creo que Ritondo fue un ministro más del gobierno de Vidal, que pagó con la plata de los bonaerenses la generación de un relato que no tenía correlato en la realidad. Algo que no solamente vimos en materia de seguridad, sucedió en materia de educación, en materia de salud.

—Usted ironizó en enero: “Cómo mejoró la seguridad en este mes que la gobernadora que antes tenía que vivir en un cuartel ahora camina tranquilamente por las playas de Pinamar”.

—Son los cinco minutos del día que uno se puede tomar para demostrar que todo ese relato de Vidal sobre las luchas contra las mafias, que tenía que vivir en un cuartel porque estaba amenazada de muerte por las transformaciones que había hecho, fue una mentira total. Me pregunto cuáles son esas mafias que la gobernadora quiso enfrentar. Me gustaría conocer un nombre solo de una de ellas. La única mafia que enfrentaron, que ni siquiera era una mafia, era una pyme, fue el juego. Y eso fue porque el juego legal tenía muchos más intereses que el clandestino. Fue por una cuestión económica. Ni siquiera por una cuestión de seguridad. Enfrentó a la mafia del juego clandestino para imponer la mafia del juego legal. Me hago cargo de lo que digo.

—Dicen que en los operativos usted se hace llamar “Sierra Bravo”, la combinación de Sergio Berni, en el alfabeto radiofónico. ¿Es así?

—Claro. Y ahí tiene una diferencia. Siempre escuché decir a la ministra Bullrich que hay que apoyar a las fuerzas de seguridad. ¿Cómo las apoya usted? Haciéndose responsable de lo que manda a hacer. Un ejemplo es el caso Maldonado, o el de Rafael Nahuel, de Bariloche. Hoy la Prefectura está procesada por el caso de Rafael Nahuel y seguramente va a haber procesamientos por el caso de Maldonado. Cuando uno da una orden, la mejor manera de proteger a su gente no es ir después al Congreso y afirmar: “No voy a tirar un gendarme por la ventana”. La mejor manera de protegerlos es ponerse al frente, civil y penalmente. Por eso, cuando hay un operativo policial complicado, me pongo al frente. No solamente por una cuestión de respaldo, sino porque sé exactamente lo que estoy haciendo, porque para eso estudio. Volvemos de vuelta al principio: esa es la diferencia entre el profesional y el aficionado. Cuando usted está en una operación policial, la principal metodología es la comunicación, que tiene una metodología. El método es lo que genera muchas veces la diferencia entre el éxito y el fracaso en las confrontaciones. Todo el mundo en la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, sabe que cuando el que modulaba era Sierra Bravo se trataba del secretario de Seguridad. No era una locura, ni una fantasía de televisión. Sierra Bravo era el indicativo de quien estaba a cargo en esa operación. Sierra, de Sergio; y Bravo, de Berni. Como yo era Sierra Bravo, mi segundo era Golf Charly, Guillermo Calviño. Cada uno tenía su indicativo de llamada. Y era transversal para las cuatro fuerzas.

“Me gustaría saber a qué mafias enfrentó realmente María Eugenia Vidal.”

—Usted es teniente coronel del Ejército, campeón de karate, alpinista, buzo táctico, paracaidista, rescatista, médico cirujano, abogado, político. El apodo es el Loco, el inalcanzable. ¿Se reconoce como alguien con características fuera de la campana de Gauss?

—Soy un hacedor y una persona con vocación de servicio. La milicia y la medicina lo indican. Soy alguien que tiene una vocación.

—¿Percibe un rasgo extrovertido en su personalidad o algo de necesidad hiperkinética cuando autorreflexiona?

—No es algo hiperkinético. Un buen soldado tiene que poseer un montón de atributos. Debe contar con la posibilidad de saltar en paracaídas, bucear, manejar tropas en ámbitos geográficos complejos, así como un cirujano tiene que saber cómo operar una pelvis.

—En su campaña política cuando quiso ser gobernador logró polemizar por Twitter con el protagonista de “House of Cards”, Frank Underwood, a quien terminó respondiéndole: “Braden-wood o Berni”. Tiene también la capacidad de llamar la atención.  

—Eso fue algo especial. No sé si llamarle genialidad o...

—¿Suerte?

—No fue casualidad. Hablar de suerte es producto de la improvisación. Esto fue buscado por en aquel momento por un colaborador que conocía mucho de comunicación, que hoy está trabajando en la provincia de Santa Fe. Lo hizo con mi consentimiento, era un riesgo que había que tomar. A diferencia de Patricia Bullrich, cuando asumo riesgos, lo hago a título personal. Cuando fue el partido River-Boca, ese partido famoso que se suspendió porque tuvo problemas la entrada de Boca a la cancha y se terminó jugando en España, la ministra Bullrich dijo: “El Presidente me pidió que se juegue con público visitante y lo vamos a hacer”. Le preguntaron si estaba segura y dijo: “El que no arriesga no gana”. Bullrich siempre arriesga con el pellejo de los demás, el pellejo de la sociedad, el pellejo de los gendarmes que mandó a desalojar a Santiago Maldonado, el pellejo de los prefectos que mandó a desalojar en Bariloche y mataron a Rafael Nahuel. Yo nunca pondría en riesgo el pellejo de un tercero. Eso nos ubica en planos completamente distintos.

—Jair Bolsonaro llegó a la presidencia luego de una campaña cuyo eje fue la seguridad. Francisco de Narváez le ganó una elección a Néstor Kirchner con propuestas en la materia. Usted quiso ser varias veces gobernador. ¿Tiene la aspiración de un cargo electivo importante?

—No. Este fue el último intento. Tengo casi 60 años, un hijo de 5 años al cual cada día que pasa empiezo a disfrutar mucho más fuerte. Hice una trayectoria política, no llegué adonde quería llegar por diferentes razones. Hoy estoy donde estoy por pedido del gobernador Axel Kicillof a pesar de haberle dicho que mi voluntad era retirarme porque entendía que mi etapa y mi proceso político ya habían caducado. La necesidad de la provincia de Buenos Aires hace que hoy esté en este lugar, pero no tengo ninguna proyección hacia futuro.

“En la Argentina existe una despenalización de hecho del consumo de ciertas drogas.”

—¿Qué pasó esa noche en la casa de Alberto Nisman cuando se descubrió su cadáver? Usted fue acusado de no haber procedido correctamente, de haber viciado las evidencias. ¿Cuál es su opinión acerca de lo que pasó?

—Todas aquellas denuncias fueron resueltas por la Justicia en un fallo que dice que mi presencia en ese lugar estaba totalmente justificada. Pero no hay mejor sordo que el que no quiere oír ni ciego que el que no quiere ver. ¿Cuál fue el mecanismo por el cual yo entré a la casa del doctor Nisman? Hubo un error tremendo de cadenas de notificación. Se suponía que el doctor Nisman estaba muerto en el baño y no había ningún documento legal que así lo certificara. Vivo en Zárate, a más de una hora de viaje. Cuando me enteré estaba en Zárate y decidí ir para allá. Cuando llegué al lugar, en vez del juez estaba la fiscal, porque para el código de procedimiento cuando el fallecido es un NN le corresponde al juez. Pero cuando el fallecido es de identidad conocida le corresponde al fiscal. Salí con un incidente en el baño que no estaba certificado que era el doctor Nisman, cuando llegué ya la madre había dicho que era él. En ese momento era todo muy confuso, calcule que esto empezó al mediodía, que fueron, que no tenían la llave, que fueron a buscar a la madre, que después la madre llegó, que llamó a un cerrajero, pero en el medio fue a buscar a una pariente. Era una serie de situaciones muy difícil de explicar en tan poco tiempo de manera telefónica. Cuando llegué, ante tal confusión telefónica, le dije al jefe de la Prefectura que empecemos todo nuevamente. Porque no lograba entender. Me dice que ingresó y en el momento que estaba ingresando estaba saliendo el médico y la enfermera. Muy bien, ¿y qué le dijo el médico? El médico me dijo que en el baño había un paciente, en realidad no dijo paciente, sino el doctor Nisman, que estaba el doctor Nisman muerto y que él no iba a tocar nada. En casos así es cuando a uno le sale el instinto médico. Le digo: si no lo tocó, ¿cómo sabe que está muerto? Como cirujano, tengo muchísima experiencia en atención de pacientes con heridas de arma de fuego a nivel craneal que se llama hipobolémico. Usted no puede determinar una muerte si no toca al paciente, a menos que haya ciertos síntomas que me parece medio morboso explicar ahora. Entonces, le pedí el certificado de defunción. Cuando me dice que no dejó certificado de defunción, le pregunté ¿se da cuenta de que estamos en problemas? Porque usted trata al doctor Nisman como si estuviera muerto y cuál es su instrumento legal para certificar que el doctor Nisman está muerto. Allí fue cuando entré al departamento y me encuentro a la madre. En ese momento, tengo una obligación como médico de asistir a la víctima. Cuando llego y veo a la madre y la madre me dice, me relata un montón de situaciones, me releva de mi secreto médico. Pero la conclusión es que el médico existió, el certificado no estaba y hasta tanto no entró la médica policial y certificó la muerte del doctor Nisman no había ningún documento legal sobre esa muerte. Lo único que hice y que creo que la Justicia entendió fue cumplir con mi obligación como médico.

Sergio Berni, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.

—¿Hubiera hecho algo distinto viendo cómo terminó todo?

—Antes de entrar, un colaborador me alertó de que podría meterme en un problema. Mi respuesta fue: cuando uno sabe lo que hace, siempre puede explicar lo que hizo. Lo que nunca se puede explicar es lo que no se hace.

—¿Le aportó algo la serie de Netflix sobre el tema?

—Nada que no supiera. Creo que le aportó mucho a la sociedad, es una serie con un estudio muy veraz de la situación. Netflix tenía material para hacer algo mucho más elocuente, más importante y me dio la sensación de que fue una serie que estuvo destinada a aquellos que tienen un cierto conocimiento sobre la causa AMIA. Que aquellos que no tienen un conocimiento sobre la causa AMIA podrían perderse y no entender algunas cosas.

“La noche de la muerte de Nisman lo único que hice fue cumplir con mi obligación como médico.”

—¿Merece una serie más?

—Algo más llano, más para aquellos de otra generación. No nos olvidemos que la muerte del doctor Nisman está ligada a un suceso que pasó hace casi treinta años. Hay una generación que ni siquiera sabe lo que fue la AMIA, que todavía no logra entender qué se discute: si fue o no un coche bomba, porque nunca apareció, por ejemplo, el chasis. Tampoco apareció el cráter. No hay experiencia en el mundo en que un coche bomba no deje un cráter, acá no hubo. Cuando se dice ¿y dónde está el chasis? y desde la Justicia le decían que está tres metros bajo tierra sepultado y con toda la tecnología que tenemos ahora no son capaces de ir a buscarlo es porque hay gato encerrado. A partir de allí todo lo que puso a la luz Netflix sobre ese tal Berro que supuestamente era el que conducía la Trafic fue un aporte. Me parece que es una serie con un gran contenido documental y merece una explicación mucho más grande. A mí no me aportó absolutamente nada. Pero la serie fue muy buena.


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