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domingo 22 febrero, 2015

Armando Bo se muda a Los Angeles y quiere conquistar Hollywood

Es el nieto del legendario cineasta homónimo y hoy competirá en los Oscar por Mejor Guión con el film Birdman. Se acaba de mudar a Los Angeles y David Beckham admira su estilo.

por Julieta Mondet

Foto: Cedoc

Es publicitario de profesión, tiene más de 120 comerciales a cuestas por los cuales recibió más de 50 premios. En 2005 fundó su propia productora: Rebolución, con sedes en Argentina y Brasil. Pero por sobre todo es cineasta de pasión. O bien, de sangre. Se llama Armando Bo y es el nieto del legendario cineasta homónimo. Ese mismo que fundó un género cinematográfico de la mano de su musa, Isabel Sarli, e hijo de Víctor. Hoy es uno de los argentinos nominados al Oscar por Mejor Guión por el film Birdman, que coescribió junto a su primo, Nicolás Giacobone, y el director mexicano Alejandro González Iñárritu. Película que le cambió la vida y lo llevó a ser, con su metro noventa, sus rulos macizos y sus rasgos redondos, la sensación de Hollywood y la expectativa de los argentinos.

Armando está casado con la vestuarista Luciana Marti y tiene dos hijos: Amador, de cinco años, y Torino, de uno. Y fue el furor que generó Birdman –que ya ganó un Golden Globe por Mejor Guión– lo que los llevó en familia a tomar la decisión de mudarse desde su casa estilo Tudor de los suburbios de Buenos Aires a Los Angeles en enero. Y ahora están en plena mudanza y en medio del frenesí que genera estar nominado a los premios Oscar. No había otra opción. Era, como dice su círculo, dejar de jugar en River para pasar al Barcelona. Y así fue. El único problema que se le presentó a Armando al momento de decidirse fue su argentinidad. “Le gusta mucho el fútbol y no sé si soportaría ver a sus hijos jugando al baloncesto”, dicen en tono jocoso quienes lo conocen.

Lo cierto es que hoy Armando apenas se saca el smoking, va hasta a tres fiestas por día, lo agasajan los más importantes de la industria cinematográfica y le ofrecen trabajos por doquier. Además, lo llaman los mejores diseñadores para ofrecer vestirlos a él y a su mujer. Toma café con George Clooney, se lleva bien con Mick Jagger, y David Beckham se le acercó en una fiesta para decirle que Birdman era la mejor película que había visto.

“Te invitan a comidas y fiestas en las que de repente están Mark Ruffalo y Emma Watson. En el W de Londres pedís un trago al lado de Ron Wood. Yo creo que los actores tienen un gran respeto por los guionistas y por los directores. Siempre hay muy buena onda”, confesó su mujer, Luciana, a la revista Harpers Bazaar acerca de su nueva vida. Y su marido asintió: “Es impactante. Estoy esperando con muchas ganas, ojalá tengamos buena suerte. Nicolás y yo estamos muy motivados, muy confiados”. Sin dudas, Armando está viviendo todas las mieles de Hollywood y hoy espera con ansias llevarse la estatuilla a la casa. Pero la vida de película no llegó de un día para el otro.

Camino al Oscar. Es hincha de Independiente y del Barcelona. De chico no miraba cine sino fútbol. Armando fue a un colegio secundario privado del barrio de Belgrano. Y cuando egresó, aprovechó su encanto para hacer plata desde la tribuna del programa de juegos conducido por Andrés Percivale y Gisela Barreto, Teleganas, por ATC. Participó de algunos comerciales gracias a su sonrisa y hasta de algunas películas, como Ya no hay hombres, producida por su papá, quien le consiguió un trabajo en La Brea, una exitosa productora de cine publicitario. Allí entró como meritorio. Es decir, sin cobrar sueldo. Armando pasó jornadas de hasta treinta horas de trabajo en las que hasta pintó varios metros de una ruta para que una toma entregara su mejor imagen. Una de las tantas hazañas que fusionaron los deberes del che pibe con el descubrimiento de una vocación. Entonces, su papá le pagó un viaje de estudio a Nueva York. Fueron cuatro meses intensivos en los que el ahora competidor de los Oscar entendió que llevaba la pasión por el cine en la sangre. Y luego de hacer un largo y exitoso camino por el mundo de la publicidad, hizo su ópera prima, El último Elvis, que oficialmente lo consolidó en el mismo camino que recorrieron su abuelo y su padre, que decantó en Birdman. Y que hoy lo llevó a vivir a Los Angeles con un nuevo mundo de oportunidades.

 

“Desde el cielo, papá hace fuerza”

Apenas se enteró de la nominación de su hijo, Víctor Bo se tomó un avión rumbo a Los Angeles para vivir junto a Armando un momento único. “Estoy muy emocionado. Los éxitos de un hijo siempre son más importantes que los de uno. Y después de tantos años de trabajo, que llegue esta oportunidad es maravilloso. Ni mi padre ni yo, con 150 películas, pudimos llegar. Y que de repente mi hijo alcance el lugar más importante del mundo del cine es emocionante. Creo que mi viejo desde el cielo está haciendo fuerza para que gane. Además, gracias a esta película se le abrieron una serie de oportunidades muy grandes y nuevas perspectivas de trabajo más que interesantes. Acá lo tratan con mucho respeto y lo valoran mucho”, cuenta orgulloso.
“Es como que a un jugador de fútbol se le presentara la oportunidad de jugar en el Barcelona. Estoy muy nervioso hoy, no dormí. Tengo mi smoking preparado y una gran expectativa. Conseguí mi entrada para ir y si escuchan a alguien gritando ‘Viva Argentina’, seguro soy yo. Prometí ir caminando hasta la Virgen de Luján si gana. Esto es extraordinario. Y no le llegó de un día para el otro. Se rompe el alma trabajando y es buen padre. Es un orgullo para mí, no por el premio. Sino por la clase de persona que es”, dice Víctor.


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