En los días previos a la graduación de su hija Valentina Barbier en una universidad privada de Madrid, Juliana Awada disfrutó del verano europeo. Primero estuvo en la casa de una amiga argentina, en Menorca –islas Baleares–, luego tuvo un primer breve paso por Madrid, y ya con sus hijas Valentina Barbier y Antonia Macri, viajaron juntas a St. Tropez.

Fue en ese famoso enclave de la Costa Azul donde compartió momentos con Chalotte Barbotin-Larrieu, la esposa de Bruno Barbier, y este último por supuesto. Con un verano europeo en su máximo esplendor climático dada las altas temperaturas, Juliana Awada hizo de sus vacaciones en Saint-Tropez un álbum de viajes donde sus dos hijas tuvieron una mayor presencia fotográfica que otras ocasiones.
Juliana Awada, contratada por Eduardo Elsztain, como embajadora de su shopping premium.
Al paseo por el mercado de St. Tropez de un colorido que potencia cualquier escena, Juliana Awada sumó su paso por Club 55, “el lugar “ donde hay que almorzar para anunciar que se está en ese balneario de la Costa Azul. Con “El 55” sucede lo mismo que con La Huella cada verano esteño –o fin de semana–, quien quiere “avisar” que llegó o que está, tiene que almorzar en dicho restaurante de José Ignacio.

Quien es Charlotte Barbotin-Barbier
Nacida en Bordeaux (Francia) es desde 2013, residente en Mónaco junto a su marido Bruno Barbier. Es allí donde, en 2021, Charlotte Barbotin-Larrieu pasó de trabajar en el sector de venta de marcas como Louis Vuitton y Prada, a emprender en el negocio de la joyería.

Y hace un par de años lanzó Charlotte.B Jewelry y sus creaciones se venden en una joyería que tiene dos locaciones en Mónaco: un paseo de compras y el famoso Hotel de París Monte-Carlo. Charlotte, de cuarenta años, se recibió de gemóloga en el Instituto Gemológico Nacional de París y además egresó de la Federación Europea de Educación en Gemología.
Macri, Awada y Barbier, juntos en Madrid para un acto familiar.
Según Charlotte Barbotin explicó en entrevistas publicadas en medios monegascos, su presente como creadora de joyas es una pasión previa a su anterior trabajo, y ubicó a su madre –diseñadora de prêt-à-porter–, como alguien que la influyó mucho.

También relató su progresivo crecimiento en el rubro incluyó un primer viaje donde al diseño tuvo que sumar el aprendizaje “en territorio” del arte de negociar con los vendedores de piedras. “Durante mi primer viaje a Sri Lanka, me dediqué principalmente a observar. No quería precipitarme, siempre me decía a mí misma que la siguiente piedra sería aún más hermosa”, dijo Charlotte Barbotin al Monaco Tribune.

Este encuentro con Juliana en St. Tropez, obviamente, no es el primero. Por ejemplo, en octubre último, Charlotte Barbotin, Juliana Awada y Valentina Barbier estuvieron juntas en un desfile de Dior, e incluso registró con su cámara las fotos de Awada y su hija que luego fueron replicadas por los medios argentinos impresos y online.
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