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PROTAGONISTAS / tras la muerte del filantropo y megaemprendedor
sábado 20 octubre, 2018

Sin esposa ni hijos, el socio de Bill Gates legó US$ 20.000 millones a hermana y sobrinos

Paul Allen fue el cofundador de Microsoft, aunque en su autobiografía describe que la relación con Gates no tuvo un final ideal. Murió esta semana y dejó múltiples propiedades, yates de lujo y clubes deportivos como herencia.

por Agustín Gallardo

Hobby. Paul compartía con Jody el gusto por la música. Foto: afp
sábado 20 octubre, 2018

Paul Allen era el hombre de las ideas, el que estaba atrás de los brillos, pensando aquello que luego Bill Gates convertía con habilidad en potenciales negocios, mientras que al mismo tiempo colocaba computadoras en todas las casas del mundo desarrollando la tecnología que cambiaría nuestras vidas: internet.

Idea Man (el hombre idea) fue justamente el nombre de la autobiografía que Allen publicó en 2011, el texto donde contó cómo fueron todos esos años que lo hicieron posicionarse como uno de los hombres más ricos del mundo, siendo socio de Bill Gates. Con su muerte del lunes último a causa de un cáncer con el que batalló durante muchos años, el cofundador de Microsoft, Allen, de 65 años, fue definido como un visionario tecnológico, millonario inversor y gran filántropo. Además era considerado como una de las personas más inteligentes del mundo: tenía un cociente intelectual de 170 (sólo un 0,5% de la población supera el 140).

Esta semana Gates emitió un comunicado en el que aseguró sentirse con el corazón roto por tratarse de uno de sus amigos más antiguos: ambos fundaron Microsoft en 1975. Se habían conocido en un colegio privado de Seattle unos años antes; él tenía 22 años, Gates 19.

Allen tuvo un importante papel en la creación de un sistema operativo, el MS-DOS, para la primera PC de IBM. El éxito  de la empresa se produjo en 1980 cuando IBM decidió no desarrollar por sí misma el sistema operativo para la primera PC, sino comprarlo a la empresa de Allen y Gates. “Paul siempre fue un verdadero compañero. Sin él hoy no existirían las computadoras personales (PC). Se merecía tener mucho más tiempo”, señaló Gates.

Si hubo algo con lo que comulgaron varios años Gates y Allen, fue en los proyectos benéficos. A lo largo de su vida Allen donó unos dos mil  millones de dólares a diversas causas, incluidos US$ 500 millones al Allen Institute for Brain Science, un centro de investigación de biociencia con ya quince años de actividad. Allen fue uno de los primeros firmantes de The Giving Pledge, una iniciativa de Bill y Melinda Gates en la que millonarios –en principio de Estados Unidos– se comprometen a donar en vida la mayor parte de su fortuna a causas filantrópicas.

Sin embargo, hubo algunas fisuras en la relación con su amigo y ex socio. En sus memorias, Allen ajustó sus cuentas: según su versión, tanto Bill Gates como el ex CEO de Microsoft, Steve Ballmer, aprovecharon su enfermedad para intentar echarlo de la compañía. Allen logró vencer el cáncer y volvió finalmente a la empresa en los años 90, pero la relación con Gates ya no era la misma.

En el año 2000, Allen abandonó su poder ejecutivo en Microsoft pero siguió manteniendo buena parte de las acciones. Con el dinero logrado con la empresa de software  creó junto con su hermana Jody el conglomerado Vulcan Inc., con sede en Seattle, una empresa dedicada a gestionar sus inversiones privadas y sus tareas filantrópicas, entre ellas, la carrera espacial. En 2004 Paul se embarcó en el proyecto del SpaceShipOne, la primera nave tripulada en salir fuera de la Tierra. Allen, que se quedó con parte de Microsoft pese a haberse ido, fue durante mucho tiempo una de las personas más ricas del mundo. La revista Forbes calcula su fortuna en la actualidad en US$ 20 mil millones.

Mucho se habla de qué pasará ahora con  su fortuna. Es que Allen no tenia ni esposa ni hijos. Todo indica por el momento que su hermana, Jody, sería una de las herederas. “Mi hermano fue un individuo extraordinario en todos los niveles”, dijo ella. “Mientras que la mayoría conocía a Paul Allen como tecnócrata y filántropo, para nosotros era un amado hermano y tío, un amigo especial.”

Entre su legado figura un palacio en el sur de Francia y otras propiedades en Manhattan, Malibú, Londres, Hawái y en la isla Mercer, al sur del lago Washington. Dejó también un Octopus, uno de los yates privados más conocidos a nivel mundial. Con 126 metros de eslora, es la octava embarcación de este tipo más grande del mundo. Cuenta con dos helicópteros en la cubierta superior, cine, estudio de música, cancha de baloncesto, una piscina y dos submarinos para estudiar el fondo del océano.

Allen participó también con grandes sumas en el desarrollo inmobiliario de Seattle. Era dueño además del equipo de fútbol americano Seattle Seahawks y del de baloncesto Portland Trail Blazers. Varios afirman incluso que fue el impulsor para mantener a la NFL en el Pacífico noroeste. “Su visión llevó a la construcción del CenturyLink Field y de un equipo que jugó 12 años los playoffs, tres Super Bowls, de las cuales ganaron una. “Izar la bandera del Hombre Nº 12 al inicio de todos los partidos en casa de los Seahawks fue un tributo de Paul a la extraordinaria afición en la comunidad de Seattle”, destacó el titular de la NFL, Roger Goodell.  

En su biografía Allen recordaba un momento de 1983 en el que tras serle diagnosticada la enfermedad, abandonó la compañía que él había ayudado a crear y que cambiaría para siempre la relación del mundo con las computadoras. “Si recaía, no tendría sentido, además de ser peligroso, volver al estrés de Microsoft. Si me recuperaba, ya había comprendido que la vida era demasiado corta como para gastarla siendo infeliz”, escribió.


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