Cuando juega la Selección argentina, millones de personas viven cada partido con una intensidad que excede lo deportivo. La ansiedad de la previa, la tensión de los penales, la euforia de un gol o la frustración de una derrota no se expresan solo en lo emocional, sino que también tienen un impacto concreto en el organismo. Según especialistas del Hospital Universitario Austral, las consultas por problemas cardíacos aumentan alrededor de un 20% luego de los partidos decisivos.
El fenómeno se repite con mayor frecuencia en instancias definitorias, frente a rivales clásicos o en encuentros que se resuelven de manera dramática. Si bien la mayoría de los hinchas atraviesa el partido sin consecuencias médicas, en personas con factores de riesgo el estrés emocional puede actuar como un disparador de cuadros cardiovasculares agudos.
En las guardias se observa un patrón definido. Mientras el partido está en juego, la demanda de atención suele disminuir. Una vez finalizado, se registra un incremento marcado de consultas, muchas veces con pacientes que postergaron la atención para no dejar de mirar el encuentro, aun cuando los síntomas ya estaban presentes.
A ese contexto se suma la combinación de estrés emocional intenso y hábitos frecuentes durante el Mundial, como el consumo excesivo de alcohol, las comidas copiosas, el tabaquismo, la falta de descanso y el abandono de la medicación habitual. Ese conjunto de factores funciona como un amplificador del riesgo y ayuda a explicar por qué los episodios se concentran en este tipo de eventos deportivos.
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El impacto del estrés futbolero en el sistema cardiovascular
Los partidos de la Selección pueden convertirse en una verdadera exigencia para el organismo. “Un partido de la Selección puede funcionar como una verdadera prueba de ‘esfuerzo emocional’", explica el doctor José Bonorino, jefe de la Unidad Coronaria del Hospital Universitario Austral.
Y añade: “Durante un encuentro intenso, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático -el mecanismo de ‘lucha o huida’- y libera adrenalina, noradrenalina y cortisol. Esto provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, una elevación de la presión arterial, una mayor contractilidad del corazón y un incremento del consumo de oxígeno por parte del músculo cardíaco”.
En la mayoría de las personas, esta respuesta queda limitada a un estado transitorio de ansiedad. Sin embargo, el especialista advierte: “En pacientes con factores de riesgo puede actuar como desencadenante de infartos, arritmias o crisis hipertensivas”. Entre las complicaciones más relevantes se encuentran los eventos coronarios agudos, ya que el estrés puede favorecer la ruptura de placas ateroscleróticas, producir vasoconstricción coronaria y aumentar la coagulación sanguínea.
También pueden presentarse arritmias, especialmente en personas con cardiopatías previas o predisposición eléctrica, crisis hipertensivas con riesgo de accidente cerebrovascular y la llamada miocardiopatía por estrés o síndrome de Takotsubo. “Aunque es infrecuente, el estrés emocional extremo también puede actuar como desencadenante final de una muerte súbita en personas con enfermedad coronaria o cardiopatías no diagnosticadas”, señala Bonorino.

El aumento de consultas tras los partidos decisivos es un dato consistente. “Durante los partidos decisivos solemos ver un fenómeno curioso: las guardias se tranquilizan mientras dura el encuentro, pero después aparece un aumento de consultas. En líneas generales, crecen alrededor de un 20% -comúnmente, por dolor torácico, cuadros coronarios y arritmias-, especialmente durante instancias decisivas, frente a adversarios más complicados, rivales clásicos o definiciones por penales”. A esto se suma un factor clave: “Muchos pacientes llegan tarde porque esperan a que termine el partido para buscar atención médica.”
La respuesta del corazón no depende del signo de la emoción, sino de su intensidad. “Nuestro corazón reacciona más a la intensidad de la emoción que a si esta es positiva o negativa. Tanto una derrota dramática como una victoria agónica por penales pueden generar picos de estrés lo suficientemente altos como para desencadenar eventos cardiovasculares en personas vulnerables”. En ese contexto se explica el síndrome de Takotsubo asociado también a emociones positivas extremas, conocido como Happy Heart Syndrome.
Los grupos más vulnerables incluyen a personas con enfermedad cardiovascular conocida, antecedentes de arritmias, determinadas canalopatías, múltiples factores de riesgo como hipertensión, diabetes, tabaquismo, dislipidemia o edad avanzada, y a quienes presentan altos niveles de ansiedad o estrés crónico. “No se trata de evitar el fútbol, sino de identificar el riesgo y amortiguar el impacto de la emoción”, asegura el doctor.
Los hábitos asociados al Mundial también juegan un rol central. “El partido por sí solo rara vez enferma a alguien. El estrés emocional actúa como desencadenante agudo, pero los hábitos típicos del Mundial funcionan como amplificadores muy potentes del daño". Entre ellos, el especialista destaca el exceso de alcohol, las comidas copiosas, el tabaquismo, la privación de sueño, el sedentarismo prolongado y la suspensión o descuido de la medicación habitual.
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En cuanto a los síntomas, Bonorino es categórico: “Los nervios del partido pueden acelerar el corazón, pero no deberían provocar dolor persistente en el pecho, falta de aire o desmayos. Si un síntoma no desaparece en segundos o pocos minutos, hay que dejar de mirar el partido y consultar.” Las señales de alarma incluyen disconfort en el pecho, espalda, brazos, cuello o mandíbula; náuseas; falta de aire; sudoración profusa; palpitaciones; mareos o desmayos, además de signos neurológicos como dificultad para hablar, asimetría facial o pérdida de fuerza.
Las recomendaciones se apoyan en pautas simples. “El corazón también puede disfrutar el Mundial, pero necesita ciertas reglas. No se trata de dejar de mirar los partidos, sino de hacerlo con sentido común: mantener la medicación al día, moderar el alcohol y estar atentos a los síntomas.” Y agrega: “Ante la duda, siempre es mejor consultar”. Entre los mitos más extendidos, el especialista advierte: “El mayor mito es creer que todo es ‘solo nervios’.”
La dimensión emocional del Mundial y su efecto en el cuerpo
El impacto no se limita al momento del partido. Para muchas personas, la experiencia comienza días antes. La psicóloga María Paula Castro describe este fenómeno con claridad: “La ansiedad anticipatoria es la reacción que aparece cuando una persona empieza a imaginarse o preocuparse por lo que podría pasar en una situación futura”. En encuentros decisivos, el cerebro proyecta escenarios posibles y activa mecanismos asociados al estrés, con liberación de adrenalina y cortisol.
Como consecuencia, pueden aparecer insomnio, palpitaciones, tensión muscular, irritabilidad o molestias gastrointestinales, incluso antes de que ruede la pelota. La intensidad de esa respuesta depende del significado que cada persona le asigna al evento. “Hay quienes se identifican mucho con el equipo y sienten que se juega algo propio en cada partido”, señala.
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Para muchos argentinos, el Mundial excede lo deportivo. También involucra identidad nacional, recuerdos compartidos, vínculos familiares y sentido de pertenencia. “Los seres humanos construimos nuestra identidad a través de los grupos a los que pertenecemos. Cuando juega Argentina, el equipo se convierte en una extensión simbólica de esa identidad. Por eso es tan común escuchar ‘ganamos’ o ‘perdimos’”, advierte Castro.
En contextos atravesados por dificultades cotidianas, el Mundial puede cumplir una función emocional positiva. Para la psicóloga, “durante varias semanas puede funcionar como un plan que une afectos, genera ilusión, aumenta el entusiasmo y fortalece el sentimiento de pertenencia". Los problemas persisten, pero por un tiempo dejan de ocupar el centro de la escena.
Las redes sociales amplifican esta vivencia. El Mundial ya no se limita a los 90 minutos del partido. Memes, análisis, comentarios y debates sostienen la emoción durante todo el día. “Eso puede aumentar el sentimiento de pertenencia, pero también hacer más difícil desconectarse emocionalmente", concluye.
RV