El virus Chikungunya, una enfermedad transmitida por mosquitos que históricamente circuló en zonas tropicales y subtropicales, podría expandirse hacia Europa, América del Norte y Asia oriental como consecuencia del cambio climático, según advirtió un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Médica China de Zhejiang.
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La investigación sostiene que el calentamiento global está creando condiciones cada vez más favorables para la supervivencia y expansión de los mosquitos que transmiten el virus, lo que podría aumentar el riesgo de brotes en ciudades y regiones donde la enfermedad hasta ahora no representaba una amenaza sanitaria habitual.

El chikungunya, identificado por primera vez en 1952, es provocado por un virus transmitido por mosquitos del género Aedes, principalmente el Aedes aegypti, conocido por propagar también dengue y fiebre amarilla, y el Aedes albopictus, o mosquito tigre asiático.
Según los científicos, este último podría jugar un papel decisivo en la expansión futura del virus. A diferencia de otros mosquitos tropicales, el mosquito tigre asiático presenta una mayor tolerancia a climas más fríos, una característica que podría permitirle establecerse en territorios templados a medida que aumentan las temperaturas globales.
“El cambio climático afecta al Chikungunya principalmente al modificar las zonas donde pueden vivir sus vectores”, explicó Yang Wu, uno de los autores del estudio. El especialista destacó que el mosquito tigre asiático fue responsable de más del 70 % de la distribución proyectada del virus en los modelos desarrollados por el equipo.
Los investigadores analizaron cómo podrían cambiar, de aquí a finales de siglo, las áreas habitables para los mosquitos transmisores bajo distintos escenarios de calentamiento global. Sus conclusiones apuntan a que regiones como Europa central, el noreste de América del Norte y sectores del este asiático podrían transformarse en futuros focos de riesgo.
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Aunque rara vez es mortal, el Chikungunya puede causar síntomas incapacitantes. Su nombre proviene del idioma kimakonde, hablado en África oriental, y significa “encorvarse” o “doblarse”, en referencia al intenso dolor articular que provoca la enfermedad.
Los pacientes suelen presentar fiebre alta, dolores musculares, fatiga y fuertes molestias en las articulaciones. En algunos casos, esos dolores pueden prolongarse durante meses o incluso años, generando cuadros de discapacidad y deterioro de la calidad de vida.
A pesar de su impacto sanitario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera al Chikungunya una de las enfermedades tropicales más desatendidas. Actualmente, los brotes se concentran sobre todo en regiones de África, América Latina, el Caribe, el sur y sudeste asiático y las islas del océano Índico.
Sin embargo, esa geografía podría modificarse notablemente en las próximas décadas. De acuerdo con la coautora del estudio, Ye Xu, hoy existen 139 países o regiones consideradas zonas de riesgo, equivalentes al 21,3 % de la superficie terrestre mundial, y los modelos climáticos muestran que el virus podría avanzar progresivamente hacia regiones más templadas.
Los especialistas remarcan que el objetivo no es generar alarma, sino impulsar una preparación temprana de los sistemas de salud. Entre las recomendaciones figuran fortalecer el monitoreo de mosquitos Aedes, capacitar a médicos para reconocer rápidamente los síntomas, mejorar los programas de control vectorial y desarrollar planes de respuesta antes de que aparezcan brotes locales.
“Las regiones templadas deben prepararse, especialmente aquellas donde esta enfermedad no ha sido una preocupación rutinaria de salud pública”, advirtió Xu, quien además subrayó que limitar el calentamiento global y reforzar las medidas preventivas podría reducir significativamente el riesgo de expansión.
Aunque el estudio no identifica al Reino Unido como uno de los principales futuros puntos críticos, las autoridades británicas ya siguen el fenómeno de cerca. Datos oficiales muestran que en 2024 se registraron 112 casos confirmados y probables de Chikungunya en viajeros que regresaron a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, una cifra superior a la del año anterior.
La mayoría de esos contagios estuvo vinculada a viajes a India, Pakistán y Brasil. Según la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido, actualmente no existe transmisión local sostenida porque no se comprobó la instalación permanente de mosquitos invasores en el país. No obstante, el organismo reconoció que el cambio climático podría aumentar la aptitud del territorio británico para estas especies en el futuro.
El posible avance del Chikungunya se inscribe en una preocupación científica más amplia: la expansión geográfica de enfermedades transmitidas por vectores en un planeta cada vez más cálido. Virus como el dengue, el zika y la fiebre amarilla ya muestran cambios en sus patrones de distribución, obligando a repensar las estrategias sanitarias a escala global.
Para los investigadores, el mensaje es claro: el cambio climático no solo transforma ecosistemas y patrones meteorológicos, sino que también podría redefinir el mapa mundial de las enfermedades infecciosas en las próximas décadas.