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CULTURA / Muestra
sábado 2 junio, 2018

Las palabras y las rosas

Se presenta en Galería Hache la exposición “Una rosa, es una”, de la artista Ivana Vollaro, nutrida por sus lecturas de John Cage, Duchamp y Antonio Vigo.

Laura Isola

Declaración de intenciones. Fotografía, video, performance, objeto, instalación y publicaciones. Un popurrí de significaciones marcadas por un patrón invisible. Foto: hache galería

Desde Shakespeare, por ponerle un comienzo contundente a la pervivencia de la rosa, esta flor y sus pétalos han sido motivo de poesía y pensamiento. “La rosa no dejaría de ser rosa, tampoco dejaría de esparcir su aroma, aunque se llamara de otra manera”, instruye Julieta a su amante sobre la relación entre las palabras y las cosas. Es el segundo acto, están en el jardín y ella especula sobre la posibilidad de ser otros: dejar de ser quienes son, Capuleto y Montesco, para ser libres del odio que han heredado y vivir gozosos del amor que se profesan.

Por su parte, Borges la menciona varias veces en sus poemas y la inscribe en la tradición de la historia de la filosofía. Es la rosa filosofal: “La rosa de los persas y de Ariosto,/ la que siempre está sola,/ la que siempre es la rosa de las rosas,/ la joven flor platónica,/ la ardiente y ciega rosa que no canto,/ la rosa inalcanzable”.

Las apariciones de ella en la literatura son muchísimas, casi como sus decenas de miles de variedades en la botánica. En todo caso, una lista de las veces que podemos leer “rosa” es una tarea sorprendente y, por qué no, maravillosa.

Citas. En ese sentido, Una rosa, es una, la muestra de Ivana Vollaro, participa de modo imaginario y teórico de esta elucubración en forma de listado. No solo porque en el título de la muestra se asoma, como del hueco de una madriguera, la cita a Gertrude Stein, “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, fragmentada, partida al medio, mal citada y con la coma corrida, sino porque en esa aparición suma y desarma el concepto identitario de la repetición, refuerza la ironía, le pone los puntos (suspensivos) a la larga idea de belleza platónica de todos estos años. Esa cita está en una foto que fue tomada por la artista. Un grafiti en la pared que, por obra y gracia del arte del pop, se volvió obra de arte. La rosa es, puede ser, en definitiva, cualquier cosa.

También hay más letras en la muestra de Vollaro en Galería Hache, toda una declaración de intenciones en un espacio con este nombre impronunciable, excepto cuando se escribe su nombre. Las que forman “Copacabana” en un cartel de luces y que vuelven a aparecer en el still de la película Now, Voyager, de 1942. “Copacabana, esa palabra tiene música” es la frase que se congela pero que sigue tintineando en el corazón de la protagonista para cumplir su sueño de ser feliz con su amante, lejos de su madre temible. El film está basado en la novela del mismo título de la escritora norteamericana Olive Prouty (1882-1974), que a su vez lo toma de un verso de The Untold Want, una copla de Walt Whitman. Aquello que nunca llega, por decirlo de algún modo, hay que ir a buscarlo y es ahora, viajero.

Texturas. Dos carteles pintados en chapa anuncian “Hay lugar” y “Completo”. Las obras compuestas en esa intersección entre la poesía visual y la obra gráfica llenan el vacío de la significación. También el del espacio. En las piezas de Ivana, la simpleza de las imágenes, el delicado borde entre lo serio y lo absurdo y el humor sutil van poniendo capas de sentido. Las obras crecen y se hacen más densas, toman cuerpo con la mirada del espectador. Leemos estos carteles, vemos los dibujos, nos confunden los fotogramas, pensamos en los dobles sentidos, completamos las frases y todo eso queda adherido a cada una de ellas. Luego, una remite a la otra y se teje una nueva trama. O un rosal, que como arbusto que es, espinoso y florido, va enredando sus ramas. Crecen sus hojas y sus espinas. Despliega las flores que abren los pétalos y extienden su aroma.

Sabemos, de nuevo por volver al primero de la lista, que es una rosa. ¿Sabemos qué es una rosa? Si lo aprendimos, no podemos sino, tal como indica Alejandra Pizarnik, “mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos”. Porque la rebelión es.

Una rosa, es una

Ivana Vollaro

Curador: Santiago García Navarro

Hache Galería, Loyola 32. Hasta el 9 de junio.


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