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ESPECTACULOS / EL ANGEL
sábado 30 septiembre, 2017

Vida y obra de un asesino de película

Estuvimos en el final del rodaje del film sobre el asesino serial Robledo Puch, película que se estrena este diciembre dirigida por Luis Ortega. Gran producción en la que participan K&S, El Deseo (Almodóvar) y Underground. Hablan sus protagonistas, Cecilia Roth, Chino Darín y Toto Ferro, y escribe el autor, Rodolfo Palacios.

Alfredo Mera

Estuvimos en el final del rodaje del film sobre el asesino serial Robledo Puch, película que se estrena este diciembre dirigida por Luis Ortega. Gran producción en la que participan K&S, El Deseo (Almodóvar) y Underground. Foto: warner

Hay ambiente. Un hotel vacío, con largos y oscuros pasillos donde cada paso retumba, siempre ayuda para que el miedo se esconda en los rincones, pese a que lo que se está por rodar es una fiesta. Tal vez, esa conjugación de festejo y horror sea la mejor manera de resumir a un criminal como Robledo Puch, máxima inspiración del personaje que está al frente de El Angel. “El botín para Carlitos es estar vivo. Eso tiene que ver con estar presente. ‘Cuando uno roba, el piso cruje a cada paso y se siente estar vivo’, dice Jean Genet en Diario de un ladrón. Más allá del bien y del mal, lo que se busca es estar vivo. Estar ahí, no en tu cabeza”, explica Luis Ortega, director del film que reúne a Fox, Underground, K&S y El Deseo, productora de Pedro Almodóvar.

Carlitos quiere divertirse y puede que sea la expresión máxima y perversa de la filosofía del carpe diem tan en boga. Para eso, se necesita a alguien que la cámara no le apague la insolencia propia de su edad. Antes de llegar a Lorenzo Ferro se vieron cientos de chicos. El estuvo desde el principio, pero no tenía experiencia, algo que para Ortega jugaba a favor porque, según dice, “hoy con tal de llevar gente al cine se está recurriendo siempre a lo mismo, a un punto vergonzoso. Me parecía importante que fuera un niño, que no estuviera decepcionado por la vida y que no quisiera sorprenderme en los castings. Tenía que ser alguien a quien hubiera que transformar en Carlitos”. Durante el verano se hizo una búsqueda por redes sociales y entre un casting y otro se presentaron cerca de mil personas. Pero de alguna manera era siempre Toto. Nunca otro reunía esa desfachatez y esa mirada.

Ferro da perfecto. No sólo tiene un parecido físico notable, sino que demuestra una conexión con la historia que va más allá del guión que crean Ortega, Rodolfo Palacios (ver recuadro) y Sergio Olguín. “La casa en la que vivo está al lado de lo que era el boliche donde mataban gente. Eso es una coincidencia loca. Era un lugar abandonado y ahora es un edificio. Hace unos años andaba en skate por ahí”, cuenta Lorenzo. Agrega que Robledo Puch sabe de la película, pero no está seguro de si sabe de él. “Ojalá que haya visto alguna foto y le haya gustado. El quería que la hiciera Di Caprio pero, bueno, es lo que hay”, ironiza y asegura que le tiene mucho respeto: “Aunque no es el mismo tipo que vamos a contar en la película, me gustaría conocerlo. Obviamente, tienen cosas que son muy malas para la sociedad, pero los criminales se animan a romper con barreras que los humanos en general no. Por ese lado los admiro”.

El proyecto, antes de seleccionar al protagonista, ya tenía a su madre. La primera que fue confirmada en el elenco fue Cecilia Roth, actriz que ya conoce lo que es interpretar a la mamá de un célebre criminal argentino. “Tenía un poco de miedo por hacer otra madre de asesino, pero ese temor se pasó apenas leí el guión. El personaje de Aurora es distinto y Alejandro Puccio y Carlos Robledo Puch también lo son. Además, la complicidad de Estefanía con ese proyecto familiar es muy diferente a ser la madre de un chico que en su casa es un niño ejemplar. Es una madre ingenua, que da por sentado que su hijo roba, pero cree que hay que darle una oportunidad. Es como si estuviera en el aire”, define la mujer que, por más que tenga arriba de treinta películas de experiencia, siente el entusiasmo de una principiante. “Es muy fuerte todo lo que vive la mujer, con un esposo ausente, a quien culpa. Ella estuvo en la cárcel unos días por supuesta complicidad, terminó en un psiquiátrico metida por su esposo y tuvo dos intentos de suicidio”, cuenta Roth, que para la película tuvo que trabajar mucho en su voz, ya que su garganta no conectaba con la idea de ingenuidad que quería imprimirle.

Otra cosa que la ubica en la historia es su día a día. Ella es madre de un chico de 18 años, edad que también tiene el protagonista. “Creo que lo contuve como Aurora y también laburando. Ensayamos mucho y hablamos mucho por teléfono. Tenemos una relación muy de madre e hijo. Creo que eso contribuyó a esa madre enamorada, totalmente fascinada. Sin capacidad ni herramientas para frenarlo. También tengo un hijo de 18 años que puede hacer pavadas y actos de rebeldía, por supuesto con la enorme distancia entre eso y ser un criminal. Es como el último de los eslabones en una larga cadena de rebeldía. Es la banalización del mal. Usar ese lugar del adolescente del yo puedo todo”, describe Roth.

La figura masculina para Carlitos la aportan los hombres que lo acobijan en el delito. Ramón (Chino Darín) y su padre serán los primeros socios en la carrera criminal, los Ibáñez de la vida real. A diferencia de la familia Puccio, que integró en Historia de un clan, acá no hay que cuidar el estatus social. “Son bastante más let it be, viven esa realidad de frente manteca. Alejandro Puccio era un tipo célebre y de alguna manera era un peso para su historia. En este caso, es al revés… Son tipos bastante vigentes, con esta filosofía new age del aquí y ahora. Viven sin pensar consecuencias, disfrutan y transitan”, afirma Darín, quien asegura que sólo se atiene al guión. De todos modos, conoce la época y el contexto político social por la investigación que hizo para la serie que protagonizó junto a Alejandro Awada.

De alguna manera, El Angel intenta una crítica al mundo en el que vivimos. Sin justificar nada, presenta a un distinto, que también es un ser humano. Como dice Ortega, “hoy la gente busca ser famosa, Carlitos busca a Dios. Empuja los límites, descree de la muerte. No mata con saña, sino que cree que éste es un teatro que alguien montó para tomarnos el pelo... Hay cierta lucidez que está cerca de la locura y de no poder volver atrás. Matar no tiene retorno. Si descreés de la vida y la muerte, descreés que esto se termina y sospechás que hay alguien detrás de esta puesta en escena. Quien está dispuesto a romper ese cristal va a la cárcel o al manicomio, o termina transformándose en alguien que hace películas”.


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