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ESPECTACULOS / JORGE DREXLER
sábado 30 septiembre, 2017

Vivir el desafío con alegría

Dejó la medicina en pos de su vocación, la música. Por el tema Al otro lado del río ganó un Oscar. Con una mirada crítica bien interesante de la sociedad actual, este montevideano da lecciones con Salvavidas de hielo.

Alejandro Lingenti

Intimo. El músico confiesa que sus demonios son el miedo a la falta de talento, a la reiteración, a las obsesiones inconducentes. Foto: warner

Siempre siento que estoy empezando de cero”, dice Jorge Drexler. Habla del proceso de concepción de sus discos, que suelen enfrentarlo a los que él denomina “los demonios de siempre”. Y Salvavidas de hielo, que acaba de aparecer en Argentina, no fue la excepción. “Hablo de demonios más bien caseros, personales –apunta el músico uruguayo–: el miedo a la falta de talento, a la reiteración, a la sequía de ideas, a las obsesiones que no conducen a ningún lado. Pero al mismo tiempo esos miedos te indican que andás por el camino adecuado, que estás vivo”. En el coqueto booklet del nuevo álbum de Drexler, que será presentado oficialmente en Buenos Aires con cuatro shows en el Gran Rex (19, 20, 21 y 22 de octubre), se aclara que “todo lo que suena fue hecho a partir de dos herramientas: la guitarra y la voz”. Y que “la única excepción, además de los silbidos y las palmas –que también son sonidos humanos, al fin y al cabo– es la aparición solista involuntaria de Pico, nuestro canario cantor de la canción Silencio”.

Está claro que el punto de partida del nuevo repertorio de este artista que en 2005 ganó un Oscar por su tema Al otro lado del río, incluido en el famoso film del brasileño Walter Salles Diarios de motocicleta, fue la austeridad. “Hay dos etapas en la hechura de un disco –explica–. Y esta vez estuvieron bien separadas. Una es la composición de las canciones, que en este caso llevó un año, desde julio de 2016, cuando escribí Quimera, hasta julio de este año, cuando terminé Despedir a los glaciares. Esa etapa nunca está planificada, no tiene una hoja de ruta. Ahí sólo asumo el compromiso de hacer cosas nuevas, de estar atento a lo que surge, sin forzar nada. Después viene el tiempo de la producción, que es un proceso que sí tiene una búsqueda estética planeada. Y ésa es también una búsqueda ética. Vivimos en una época donde la sobreabundancia es regla. Leía el otro día en un diario que hoy tenemos a un clic de distancia, en el bolsillo del pantalón, más información que toda la que tenía Ronald Reagan con su equipo de asesores durante su mandato presidencial, en la década del 80. Nos hemos convertido en semidioses con unos poderes rarísimos. Y eso trae aparejadas algunas consecuencias. Uno de los nombres que barajé para este disco fue El empalago. Yo creo que vivimos en una sociedad empalagada. Y el empalago te obnubila. Una oferta tan enorme de data te impide disfrutar de toda esa información con plenitud. Entonces el ejercicio de la restricción se vuelve muy importante, porque te permite profundizar en una sola cosa. Esa idea es la columna vertebral de este disco”.

Son muchos los artistas que citan a Drexler como influencia, y también se ha dicho más de una vez que ya hay un sonido prototípico que distingue al músico montevideano. ¿Hay riesgo de repetición? ¿Cómo se evita ese problema sin perder identidad? Drexler responde: “Es probable que me repita. Pero entre identidad y repetición hay muchos puntos en común. Todas las células de mi cuerpo repiten el mismo código genético. Yo no le tengo miedo a la repetición. Si hasta para caminar hay que repetir los pasos. Después, en el proceso de producción de un disco, uno puede buscar algunas variantes. En este nuevo disco fue la frugalidad, con la idea concreta de contradecir el paradigma actual de la sobrecarga”. Esa apuesta podría conspirar contra la masividad, pero él jura que la posibilidad no lo inquieta: “Aprendí que el éxito nunca está garantizado. Escribir canciones implica descubrir nuevos aspectos, que el público pueda entrar a nuevos universos contigo. No hay que olvidarse de que yo viví de otra cosa hasta los 30 años. Cuando decidí dejar la medicina y poner en riesgo un buen pasar económico para dedicarme a la música sabía que no iba a ser fácil. La alegría que me produjo y me produce asumir ese desafío ha compensado con creces cualquier zozobra”.


Guitarras y sonidos

Así como produce descendencia artística, Jorge Drexler cuenta con sus propios referentes. Para Salvavidas de hielo, su flamante disco, tuvo muy en cuenta la lógica que Matthew Herbert, nombre clave de la electrónica inglesa contemporánea, activó en discos como Bodily Functions (2001) y Around The House (2002), estructurados en base a sonidos sampleados del cuerpo o de útiles de cocina. “Apliqué un concepto parecido, pero partiendo de la base de todos los sonidos que se pueden obtener usando una guitarra, incluso los percusivos –re-vela Drexler–. La realidad sonora es fractal. Con las herramientas que existen hoy, que funcionan como lupas, podés entrar tan adentro del sonido como para reducir un universo con un ecosistema súper dinámico en un vaso de agua. Yo quise encontrar el infinito dentro de la guitarra. Me gané el odio de algunos amigos percusionistas durante un tiempito, pero ya está todo bien”.


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