PERIODISMO PURO
Entrevista

Daniel Pelegrina: "La línea de Cristina Kirchner viene avanzando en la coalición gobernante"

En el contexto de la peor crisis, el campo padece menos: hay rubros como la carne que se expandieron en pleno 2020. El 60% de los ingresos de divisas del país llega de las exportaciones agropecuarias. Y sin embargo, esos resultados no parecen insertarse en un modelo de desarrollo. Convocado por Alberto Fernández a actos públicos con el consiguiente enojo de los sectores K de la alianza oficialista, el dirigente más político y económico del sector rural, que votó a Macri en 2015 y 2019, propone ideas que le gustarían al mismo Juan Grabois.

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Macri. “La expansión y aumento de la productividad de la industria de la carne comenzó durante la gestión del gobierno anterior. El campo tiene otros tiempos”. | Pablo Cuarterolo

—Me enviaste un artículo cuyo nombre es “El campo no paró”. Pese a las distintas cuarentenas en distintas partes del país, cosechó el 100% del área de soja y de maíz durante el primer semestre del año, casi 100 millones de toneladas entre ambos cultivos, en un contexto de inestabilidad generalizada en otras tareas, hubo un aumento de la producción: la carne bovina creció un 4,2%; la leche, un 8,7%; las aves, un 4,7% y la carne porcina, un 5,7%. ¿A qué obedece tal crecimiento?

—Lo primero que hay que entender son los procesos. Como muchos de ellos obedecen a la biología, no son de curso inmediato. Además, son procesos que responden a buenas decisiones de política agropecuaria. El aumento de la carne viene de la mano de una política que reinsertó a la Argentina en el mundo. Esto fue durante la administración Macri. Allí se proyectó un cambio. Veníamos perdiendo rodeo previamente.

—Podrámos decir que Macri lo hizo.

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—Fue la política que aplicó el presidente Mauricio Macri en aquel momento. Fue cambiar el quiebre de una ganadería que venía en decrecimiento a la situación actual. Son procesos biológicos. Entre que uno guarda una ternera, la hace madre y obtiene el producto, pasan por lo menos 3 o 4 años. Es lo que percibimos hoy. El mundo nos sigue respetando por nuestras carnes. También viene de aquí el impulso en otras áreas. No necesariamente es todo para exportar, pero Argentina produce bastante más de lo que necesitamos para consumo interno. En cerdos, por ejemplo, estamos más equilibrados en lo que es el consumo interno con la producción. Hay un leve repunte, gracias a una oportunidad espectacular de crecimiento de producción.

—¿Por el tema de China?

—Sí, y porque somos uno de los dos primeros exportadores mundiales de harina de soja, que es el principal nutriente que necesitan los cerdos. También somos muy buenos exportadores de maíz, que también tiene incidencia en la cuestión de los cerdos, allí está resuelto el paquete nutricional. En la Argentina contamos con muy buen capital de trabajo. La producción de cerdos es un proceso muy moderno. Necesitábamos tecnología y gente avezada en eso, más el clima, que es otra ventaja con la que contamos.

“En el campo, Argentina produce bastante más de lo que necesita para consumo interno.”

—El 3 de agosto de 2009, Mauricio Macri inauguró la 133 Exposición Rural de Palermo prometiendo: “Las retenciones se van a terminar”. Tu respuesta fue: “Le tomamos la palabra, presidente”. No cumplió.

—Lamentablemente, incluso tuvieron que dar un paso atrás en ese sentido, debido a los problemas suscitados por la crisis financiera que produjo la restricción externa de Argentina. Necesitaba recuperar aire con los dólares. Lo que siempre está a la mano es el campo.

—¿Los resultados actuales serían más bien la cosecha de lo sembrado durante 2016 y 2017?

—Sí. Pero no solo eso. Veníamos después del conflicto del campo de una pelea muy fuerte con un gobierno que le dio la espalda al sector. Un gobierno que pensó que era un enemigo. Con el cambio de administración hubo un giro de 180 grados en ese rumbo. Hay que recordar, por ejemplo, la prohibición de exportaciones de carne (N de R: fue en 2006). El cambio de estrategia trasciende la cuestión de las retenciones. El contexto externo es muy importante. Necesitamos estar insertos en el mundo y abrir nuevos mercados, bajar aranceles, liberar trabas paraarancelarias. Es un trabajo que se hace en el contexto externo. Y si no se consigue, estamos en problemas. Buscar la competitividad intrínseca de todas las cadenas con el diálogo, en mesas de competitividad en las que estaban muchos sectores del gobierno. Es algo que se comenzó a gestar durante la gestión de Mauricio Macri. El camino del diálogo versus la enemistad...

“El reclamo por la 125 no fue solo del campo; hubo toda una ciudadanía que se manifestó.”

—¿Qué otras cosas se modificaron durante la gestión de Macri?

—No haber llegado con mucho de la infraestructura necesaria para mejorar la competitividad.

—¿Qué se paró luego de 2018 que podría hacer presumir que habrá menor producción en el futuro?

—La presión impositiva en genenal, retenciones incluidas. Allí inciden las provincias y los estados municipales. Es un estado que sigue creciendo. Y que en la época de Macri no retrocedió ese estado, demanda más recursos.

“Alberto me dijo que nos olvidemos de cosas como la Junta Nacional de Granos.”

—¿Cambió la insersión en el mundo a partir de 2018?

—No en aquel momento.

—¿Algo cambió para mal con el nuevo gobierno?

—Hay algunas señales raras. Hay que pensar en aquel viernes famoso donde parecía que Argentina pateaba la puerta del Mercosur. Trajo una alarma enorme. Fue a partir de ahí que nosotros pedimos la reunión con Solá. Allí se nos despejaron las dudas. Por lo pronto, en los dichos; después veremos qué sucede en los hechos.

—Por ahora son más temores que hechos concretos.

—Sí. Pero en materia del campo los procesos también son largos.

—¿Votaste por Mauricio Macri en 2015?

—Sí.

—¿Volviste a votar por él en 2019?

—Sí.

—¿Alberto Fernández te sorprendió?

—Le vino la pandemia y me parece que le paralizó el gobierno. Tuvimos varias reuniones cuando era candidato, después cuando ya era presidente. Le llevamos un programa de políticas agropecuarias. Hemos trabajado mucho. Las señales que nos da son positivas. Quiere cambiar la relación que hubo desde 2008 en adelante. Pero es algo que tiene que transformarse en realidades concretas.

“Cualquier paso para destrabar los problemas de las restricciones laborales es una contribución.”

—Durante el gobierno de Macri el presidente de La Serenísima y el de Sancor me decían que nunca antes en la historia de la Argentina había caído tanto el consumo. ¿No hay ahí un espacio para una autocrítica del gobierno de Macri respecto de la actitud con el mercado interno, que hacía que hasta la leche cayera un 8% por año?

—Es claro. También la recesión, reforzada por la pandemia, no nació de un repollo. Viene de un proceso de deterioro de la economía y especialmente dirigida hacia las pymes, fundamentalmente de la mano de la altísima presión tributaria. La leche es un producto con mucha más exposición al mercado interno. Aproximadamente el 80% de lo que produce la Argentina se consume aquí.

—¿Afectó en algo el hecho de que un ministro de Agricultura del primer tramo de Macri fuera tu predecesor como presidente de la Rural, Luis Miguel Etchevehere?

—Primero estuvo Ricardo Buryaile y luego Luis Miguel. Hubo un lanzamiento de una política, que siguió y continuó con el ministro Etchevehere. Con él tuvimos siempre diálogo y convocatoria fluida.

—Por primera vez en tres décadas, en las últimas elecciones de La Rural se presentaron dos listas. ¿Tuvo algo que ver con cierto alineamiento con el gobierno?

—Seguramente el tema de comunicación de todo eso influyó para que naciera con intención de tomar la conducción de la Rural. Pero son procesos naturales también. Fue mucho tiempo sin generar alternativas o disputa interna. La Rural tiene una democracia fuerte. De hecho, producto de aquella elección hay tres directores de distritos que entraron por la otra lista. Hay amplitud y bienvenida sea.

—¿La grieta también cruza La Rural?

—No. En el fondo todos estamos preocupados por lo mismo.

—¿Qué cambió en estos 12 años desde la 125?

—La 125 no fue solo del campo. Hubo mucha ciudadanía asociada. Fue el reflejo de algo que estaba más allá de un problema económico del campo y de una nueva imposición. Había libertades en juego. Había un país que veía restringir su normalidad. A partir de ahí, se percibió que se desaprovechaba un momento muy impresionante del mundo. Incidían dos cuestiones: los precios internacionales y las tasas de interés más bajas. Fue algo histórico, que permitió a muchos países hacer obras de infraestructura, desarrollar el valor agregado en industrias modernas. En Argentina perdimos esa oportunidad. Esa necesidad de reconvertir vino de la mano de la nueva administración de Mauricio Macri. En los mensajes que nos transmite Alberto Fernández, veo esa comprensión de que el campo es uno de los motores de la economía. El 60% de las divisas que entran es del campo.

“Si no se exporta más y se vuelca todo al mercado interno, se destruye el negocio del campo.”

—En el año 2002 eras secretario a cargo de la Dirección de Institutos de Estudios Económicos y la Comisión de Relaciones Políticas de la Sociedad Rural. Te tocó cruzar desde 2002 hasta hoy temas económicos y políticos. Durante la crisis de la 125 estabas en la conducción de La Rural. Primero con Luciano Miguens, después con Hugo Biolcati.

—Fueron tiempos de una intensidad realmente enorme. El mío es un proceso un poco anterior. Vengo del Ateneo Juvenil desde 1986, del grupo de los jóvenes de La Rural. En 2002 entré como secretario con el presidente Luciano Miguens y justo sobrevino el conflicto del campo. Éramos básicamente tres los que nos manejábamos en las reuniones. Fue un aprendizaje impresionante de tantas idas y venidas. Y tuve la dicha de poder ver el nacimiento de esa Comisión de Enlace de las entidades agropecuarias y su evolución. Implicó saber dejar de lado las cuestiones que nos diferencian y trabajar sobre las coincidencias, dejar de lado los personalismos y los egos. Enfrentar un problema común. Esa construcción realmente fue formidable. Un aprendizaje enorme.

—¿Qué cambió en el Alberto Fernández de entonces con respecto al de ahora?

—Aquel Alberto Fernández venía siempre en son de diálogo; era muy cordial. Pero lamentablemente después no traía las soluciones a la mesa. Siempre había una limitación.

Daniel Pelegrina, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Macri. “La recesión actual, agravada por la pandemia, no nació de un repollo “. “Previamente, Argentina desaprovechó la oportunidad histórica de precios altos y tasas bajas que podrían haber dado progreso”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—En cuanto al diálogo sería igual. La diferencia es que antes no tenía el poder y tu duda es si hoy lo tiene.

—Esa es una linda pregunta para los politólogos.

—¿Cuál es tu impresión?

—Que viene avanzando mucho. La suya es una coalición amplia en la que la línea de la vicepresidenta es fuerte. Es, además, un grupo al que no le gusta el campo. Cooptó lugares muy importantes dentro del Gobierno, que se suman a todo lo que tiene con el Poder Legislativo. También avanza sobre la Justicia.

—¿A qué atribuís la rotura de las silobolsas?

—Estamos trabajando a fondo el tema. Veo buena disposición del lado del Gobierno para trabajar estos temas. Tenemos reuniones permanentes con ministros. Tuvimos una segunda reunión con el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra, y con la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y ahí les preguntamos si ellos detectaban algún origen específico del tema. No descartan ninguna posibilidad, cosa que es importante.

—¿Cuál es tu conjetura?

—Nos reconocieron que durante el mes de junio, un momento de alta tensión política, con cuestiones como la de Vicentin, aumentaron mucho los casos. Es llamativo. Creo que hay intencionalidad y mensajes.

“En este país hay muchísimo trabajo, especialmente en el interior. El campo puede ayudar.”

—¿En esa línea anticampo podría estar la creación de una Junta Nacional de Granos?

—La Junta Nacional de Granos fue algo que sonó fuerte. Son señales que le digo al Presidente que tienen que cambiar. El empresariado en general necesita señales muy claras y alineadas. Es un esquema perimido en el mundo

—¿Cuál es la respuesta de Alberto Fernández?

—Que no. Que nos olvidemos. Cuando lo fuimos a ver como candidato nos dijo que no iba a haber interferencias negativas en el comercio.

—¿Qué te dijo cuando le preguntaste por Vicentin?

—De Vicentin no hablamos.

—¿Qué reflexión te sugiere la muerte de Sergio Nardelli, con solo 59 años, de un infarto masivo?

—Pobre Sergio, Lo conocí en un viaje que hicimos para promover las exportaciones de Argentina a la India y Vietnam. Luego, en alguna reunión sobre estos temas, tuvimos diferencias. Hay un punto que nos diferencia fuerte, que es el de los derechos de exportación diferenciales. Los productores creemos que es una transferencia directa de recursos de los productores al sector industrial. Ellos pensaban que no.

—¿Tenía más influencia sobre Mauricio Macri que ustedes?

—Entiendo que era su amigo. Tenía un proceso muy fuerte. Imagino que habrá sido el desencadenante este episodio tan negativo que fue el intento de expropiación pero que viene de arrastre. Un proceso que venía mal, porque no nació una convocatoria ayer y llegó a esta magnitud de deuda.

—En las redes sociales anti K comparan la muerte la muerte de Nardelli con la de Alberto Nisman.

—Son cosas muy distintas. Lo de Sergio es un proceso interno y de una presión enorme. Lo otro todavía está por verse. La Justicia debe expresarse y hay sospechas de que hubo algo más.

—¿Cómo terminará el caso Vicentin?

—Se contaminó mucho el proceso. Lo que estaba naturalmente dentro de procesos judiciales normales y de una economía en funcionamiento, en la que había gente que hacía una propuesta para comprar parte de las acciones, se transformó en todo este manoseo que deteriora esa posibilidad. Lo peor es cuando empieza a trabarse en la parte comercial. Esto es un negocio basado en la confianza. Si se pierde, se pierde el negocio.

—¿Hay riesgo de que vaya a la quiebra?

—Es probable. En el proceso judicial es una de las instancias factibles.

—¿En ese caso no sería mejor la estatización?

—Hay muchísimas empresas en Argentina que ante una administración no positiva terminan así.

—En un concurso aparecen nuevos compradores. Pero si hay quiebra, no existe más empresa.

—Correcto. Pero es un proceso normal de la economía y de la Justicia. Lo que sucedió con muchas empresas también podría pasar en este sector. Hay mucha gente detrás de esto. Es una industria que va a tener oportunidad y esa gente se va a poder reinsertar en otras industrias o nacerá algo paralelo.

—Volvamos a la importancia del campo sobre la economía total. Me gustaría hacer un ”acordatio termini” primero, para profundizar. ¿Cuánto representan las exportaciones del campo sobre el total de las exportaciones argentinas?

—Es el 60% del ingreso de divisas por exportaciones de Argentina. Es una cifra que puede revisarse.

—¿La producción del campo sobre el total del producto bruto argentino podríamos decir que es el 10%?

—Un poco más: el 16%. Me refiero a la agroindustria en general.

—¿Es correcto decir que el campo emplea directa e indirectamente 3.700.000 personas, lo que representa aproximadamente un 20% del empleo privado total?

—Sí. Hay algunas mediciones que se hicieron en algún momento, cuando existía la matriz de insumo/producto, que hablaban de un 36%. Eso cambió. Probablemente sea un número más parecido.

—Podríamos decir que del total de empleados privados, de los empleados ocupados, son 14 millones los privados sobre un total de 17 millones hoy, 3 millones tiene el sector público, y hay 2 millones de desocupados; sobre un total de 19 millones de personas activas, ¿se podría decir que el 6% del total de los empleos de la Argentina está en el campo?

—Involucrados en la producción son alrededor de 700 mil personas. Allí hay un alto porcentaje, debe ser cerca del 60% de los propios dueños, trabajadores.

—El propio dueño del campo trabaja. Entonces, ¿el campo es competitivo y la industria no, porque aquel no necesita mano de obra? 700 mil personas es una cantidad ínfima sobre el total del empleo. La industria emplea el 20%; la construcción el 7% y los servicios el 65%. El campo sería competitivo además por las ventajas que pueda tener en recursos naturales y por la inversión en tecnología de los productores del campo y otros actores de la economía. ¿Es competitivo porque necesita menos mano de obra?

—La mano de obra a la que aludís es la directa involucrada. Pero si vos le sumás todo el movimiento asociado, es muchísimo más grande. Por eso hablamos de un tercio del empleo vinculado al sector agroindustrial...

—Agroindustrial, sí. Pero lo que exportamos no es agroindustrial. Argentina necesita exportar más, ¿cuál es nuestro problema para exportar? No somos competitivos. Pero el campo lo es.

—Indudablemente, el costo de capital es uno de los problemas. Es algo que afecta a la industria.

—En el caso del campo gran parte del costo capital está hundido.

—Es la tierra...

—Mientras que la industria necesita renovarse cada cinco años.

—Tiene una enorme inversión anual de capital: más de 10 mil millones de dólares. Es lo que viene vinculado a lo que todos los años enterramos, como decimos nosotros, en semillas, agroquímicos, combustibles.

“Alberto Fernández de la época de la 125 venía siempre en son de diálogo.”

—Esa inversión al mismo tiempo se recupera en la venta.

—Claro, tenés un giro.

—En la industria hay que comprar máquinas y a los cinco años se debe invertir.

—El costo de capital tiene que ver también con el tipo de industria en Argentina. Lo comparo con la industria láctea. Cabe fijarse en Nueva Zelanda, para entender esto. Nueva Zelanda tiene bajo costo de capital, mucha exposición a la exportación, porque tiene que exportar el 90% de lo que produce. El costo de capital tiene que ver también con la estructura industrial. A eso se suma el tema del trabajo, que tiene mucho que ver.

—¿La reforma laboral que propuso Roberto Lavagna podría ser una solución para la generación de empleo?

—Cualquier cosa que vaya un paso adelante para desestructurar los problemas que tenemos con la industria del juicio, los problemas que se ven habitualmente en las restricciones laborales, contribuye.

—¿Podríamos decir que el problema central de la economía argentina es que no resulta efectiva para generar empleo ni para aumentar las exportaciones? En la provincia de Buenos Aires, el Indec acaba de decir que el desempleo subió al 15% en el segundo trimestre. Y todavía la crisis del coronavirus no se empezó a sentir claramente.

—Claramente no arrancó.

—¿Cuál sería la solución?

—Hay que confiar en que el campo es uno de los motores. A partir ahí, hay que reestructurar muchas cuestiones. Una de ellas es la cuestión de la infraestructura. Con la infraestructura para la producción se asocia que la gente pueda quedarse a vivir y desear vivir en el interior.

—El problema no está en la producción del campo, sino en su posterior conversión con otros valores agregados. ¿Por qué no hacemos lo mismo?

—Por eso es necesario que confíen en que el campo puede generar eso, de la mano de la agroindustria y la transformación de todas estas materias primas.

—Pero ahí entrarías en la agroindustria.

—¡Claro!

—¿Por qué la agroindustria no puede transformar los cereales en productos terminados y poder exportarlos?

—Vuelvo a los cerdos, una de las oportunidades más concretas que tenemos hoy. No hay estructura de financiamiento posible para inversiones que necesitan por lo menos cuatro años para poder madurar. Hoy cuatro años en Argentina son largo plazo. Pero se necesitan las condiciones macro para poder hacerlo.

—Pero con Mauricio Macri tampoco se llegó a ser competitivos.

—Pero tenía una salida externa abierta y una orientación en ese sentido muy importante. Si eso persiste, tenemos una oportunidad enorme hoy. Ahora, ¿qué falta? Capital para poder desarrollar esas inversiones y el contexto de certeza.

—Parece difícil que un país que acaba de renegociar su deuda externa, que Mauricio Macri había puesto en dirección de default cuando dejó de pagar las obligaciones, pueda encontrar alternativas de financiamiento. ¿Deberíamos ir por el lado de la reforma laboral para la agroindustria?

—Cuando tuvimos la primera reunión con el presidente Fernández hablamos del tema de la deuda externa. Alguno me corrigió y me dijo que son 270 mil millones de dólares los que están en tenencia de argentinos. Hay empresas y muchísimas familias que ahorran en dólares. Son recursos inmovilizados para la producción. Con señales claras de una economía orientada a la producción, muchos de esos fondos entrarían a jugar como catalizadores y financiadores de proyectos.

“Entiendo que Mauricio Macri era amigo de Sergio Nardelli. Pobre Sergio...”

—Hay dos proyectos. Por un lado, Roberto Lavagna con la idea de utilizar el mismo mecanismo de contratación de la construcción y un fondo de desempleo. Por el otro Juan Grabois. que lo plantea en su Plan de Desarrollo Humano Integral. Afirma que tenemos más gente que no trabaja que gente que trabaja. En la Argentina tenemos 19 millones de personas económicamente activas, 17 millones de ocupados y 2 millones de desocupados crecientes, pero quedan 25 millones inactivos. Si uno asume que un tercio de la población tiene menos de 18 años y más de 70, que sería la edad de jubilación, te quedan 16 millones de personas entre 18 y 70 años que no tienen trabajo, sobre 17 que tienen trabajo. Es un escenario de un país inviable si no se transforma.

—Me parece que tenemos mucho trabajo en la Argentina. Por lo menos en el interior. Con las condiciones correctas se podría generar mucho más trabajo. Necesitamos alambradores, molineros. Se pierden oficios porque se van muriendo las personas.

—¿El tema es que está concentrada toda la población que no trabaja en el Gran Buenos Aires?

—Gente expulsada por malas políticas de su lugar de origen.

—¿Coincidirías también con Grabois y con Susana Giménez en que habría que ofrecerle a la gente que está en el Gran Buenos Aires tierra para que vaya a trabajar?

—Más que tierra, condiciones de vida. La salud y la comunicación están en Buenos Aires. Es natural que la gente quiera venir.

—Sería más un tema de servicios que de trabajo.

—Hay muchísimas más oportunidades de todo lo que este tipo de economía necesita. Y también de economía vinculada a la alta tecnología. Si hubiera una internet como corresponde en el país, distribuida con la potencia que necesitamos para trabajar, habría miles de jóvenes que optarían por un estilo de vida más atractivo. Y desconcentraríamos las urbes. El cambio permitiría una mirada política. Los populismos abrevan en estas grandes urbes. Si las desconcentramos, volveríamos a un modelo de desarrollo más parecido al de los países que van creciendo. Brasil tiene un estilo de grandes ciudades, pero mucho más aisladas. Me parece que tenemos que tender hacia eso. No necesariamente tiene que ver con la tierra: alude a las condiciones de vida, educación. Es una suma de trabajo y educación.

—¿Te reuniste alguna vez con Juan Grabois?

—No.

—No sé, me parece que sería bueno que lo hicieras

—Me encantaría.

—El problema general de Argentina es que está claro que hay tantas personas que trabajan como personas que no lo hacen.

—Se debe a que hubo un Estado que avanzó. Hay zonas en las que el 80% del empleo es estatal. No pudieron desarrollar empresas.

—Cuando se observa el país como un todo, la suma es que son 14 millones de personas que trabajan en empleo privado, 3 millones de personas que trabajan en el Estado, 2 millones de desocupados, o sea que buscan trabajar pero no consiguen trabajo, y 16 millones de personas que no buscan trabajar.

—Es un Estado inviable. Si se dan las condiciones, el campo está para contribuir. Por lo menos para esa gente. Y que luego se produzca una reversión migratoria. De esto hablamos con el Presidente la última vez. Se puede producir maíz, un cultivo excepcional, en muchísimos lugares alejados de los puertos, transformarlo localmente, y eso terminarlo en un proceso industrial de proximidad, que además genera mucha mano de obra. Los frigoríficos también la generan.

—¿La agroindustria de Argentina está dedicada mayoritariamente al consumo interno?

—No. El 90% de la soja se transforma en harinas y se exporta. Es un proceso de otorgar mayor valor agregado, produciendo proteínas rojas o lácteos, por ejemplo.

—¿Cómo hacer competitivos los sectores para dar trabajo?

—En el tema servicios, insertándote en el mundo. No haciendo lo que se está haciendo con la ley del teletrabajo. Vamos para atrás. Restás oportunidades de proveer servicios. Argentina es muy buena en eso y lo estaba haciendo muy bien. Además, tenemos que encontrar industrias que crezcan a costa de competitividad generada por otros sectores y que sumen verdaderamente valor agregado. La agroindustria es uno de ellos. Me parece que hay un camino enorme.

“Si se utilizan los fondos de empresas y de familias en dólares, puede haber un piso para inversiones”.

—¿Qué haría falta para que la agroindustria fuera competitiva para exportar?

—Somos competitivos. Tenés el complejo de limones, que es número uno en el mundo.

—Tienen problemas con la Unión Europea.

—Es un problema global, que va a ser creciente a partir del coronavirus. Va a haber barreras. El proteccionismo vuelve. La Cancillería tiene que estar muy atenta y activa en ese sentido. Un problema que compartimos con Sudáfrica o cualquier país de Oceanía.

Daniel Pelegrina, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
Servicios. “Si hubiera una internet como corresponde en el país, distribuida con la potencia que necesitamos para trabajar, habría miles de jóvenes que optarían por un estilo de vida más atractivo”. (Foto: Pablo Cuarterolo)

—¿Cuánto produce para el consumo interno y cuánto para exportar el sector agroindustrial?

—Los principales productos son de exportación. El complejo sojero exporta el 90%.

—Pero planteabas que se llegaba a 3.700.000 personas ocupadas en la agroindustria. Mientras que solo había 700 mil en el campo, hay 3 millones que están ocupados en agroindustria. ¿Gran parte de eso es consumo local?

—En general, sí. Pero tenés muchos clusters que están para la exportación. Por ejemplo, la miel.

—Serían los que tendrían la posibilidad de crecer.

—Sí. Porque los argentinos no podemos comer más miel. Ni podemos comer más papas.

—La clave para exportar es cómo hacer para que ese porcentaje del total de la industria convierta en mayoritaria la exportación.

—Se precisa que sea una política de Estado. No podemos volver para atrás con cuestiones que impidan o restrinjan las exportaciones. Implica negociaciones internacionales y un trabajo muy activo de la Cancillería, y también de los privados.

“El 98% de lo que genera un productor agropecuario con su trabajo se reinvierte localmente.”

—¿Qué te dice el Gobierno sobre la negociación con la Unión Europea?

—No perderíamos, porque el proceso de integración al mundo tiene sus tiempos para que esas industrias se preparen para competir. Para estar más preparados. Cerrarse al mundo es lo peor que nos puede pasar.

—¿Podría suceder que Argentina no resulte productiva y competitiva en determinadas actividades?

—Habría que mirar el caso de Australia. En algún momento decidió no producir más autos. Se olvidó de su industria automotriz y se concentró en otras cuestiones. No quiero decir que esto sea ideal para Argentina. La industria automotriz es competitiva en Argentina, aunque también es deficiente, porque demanda dólares.

—¿Muchas industrias podrán dejar de ser competitivas?

—Tenemos que concentrarnos en lo que somos buenos. En agroindustria lo somos; también en energía y servicios asociados al conocimiento.

—¿Planteás un modelo económico en el que Argentina elija áreas donde es competitiva y que asuma que otras áreas deban reducirse en la división internacional del trabajo?

—No sé si reducirse. Pero deberán ser competitivas.

—Si vos te endeudás al 8% y en el otro lado se endeudan al 1%, será difícil ser competitivos. En la industria de capital intensivo Argentina no va a poder ser competitiva.

—Hay procesos de geopolítica que determinan cuestiones. Europa decidió proteger a su sector rural. Hoy hay una política agraria en Europa que viene de aquella época y persistirá. Los argentinos precisamos esas miradas de largo plazo.

—Inciden cuestiones como población y territorio. En comparación con Australia y con Canadá, existe un prejuicio respecto del campo: que quiere un país con poca población. Por lo tanto, en palabras del Papa, habría un exceso de población, los descartables del sistema. Entiendo que no es tu posición. Para debatir el tema tomo como puntos de referencia 1960 y hoy. Australia en 1960 pasó de 10 millones de habitantes a 25 millones, creció el 150%. Canadá pasó de 10 millones a 37 millones, creció el 270%. California, que podría ser otra área que podríamos comparar desde el punto vista agrícola y con la inmigración de Centroamérica, pasó de 10 millones a 40 millones de habitantes, 300%. Más cerquita: Paraguay, de 2 millones en 1960 a 7 millones hoy, 250%. Perú, de 10 millones a 32 millones, 220%. Bolivia, de 3,5 millones a 11 millones, 220% de aumento de habitantes. Argentina, de 20 millones en 1960, a 44,5, aumentamos el 125%, lo mismo que Chile. Solamente aumentó menos Uruguay, que pasó de 2,5 millones a 3,5 millones desde 1960, algo así como un 40%. Ese 40% es el promedio que en estos sesenta años aumentó la población en Europa. ¿Podría decirse que Argentina, si no hubiera tenido inmigración, hubiera aumentado como Europa?

—Sí. Estamos en parámetros europeos.

—Si en 1960 hubieses aumentado el 40% sobre 20 millones, hoy tendríamos 28 millones de habitantes en lugar de 44. La diferencia entre 28 y 44 son esos 16 millones que no trabajan. ¿No hay algo ahí que nos tiene que hacer reflexionar sobre si tenemos que cambiar nuestro modelo porque no podemos generarles trabajo a esos 16 millones? Uruguay resolvió su problema exportando la gente. ¿Cómo hacen Estados Unidos, Canadá, Australia? Porque de alguna manera la población mexicana o filipina tiene trabajo. ¿No es un beneficio tener más población?

—Es un beneficio. Argentina es el mejor ejemplo. Se hizo grande con la inmigración.

—Pero parece que llegó a un punto en que desde la perspectiva del campo se ve el aumento de la población como un problema. Lo que habría que hacer es generar que esa fuerza productiva se expanda.

—El desarrollo territorial es bien importante. El 98% de lo que genera un productor agropecuario se reinvierte localmente. Es muy raro que vaya a transferir a una cuenta en otro país o a un paraíso fiscal. Lo reinvierte localmente. Eso también sucede en la Patagonia lejana, en lugares muy inhóspitos. Eso genera verdadera soberanía. Desde ese punto de vista, la contribución es muy importante.

“Con el coronavirus, vuelve el proteccionismo; la Cancillería debe estar muy atenta.”

—Australia tiene un territorio muy grande, pero el 70% es desierto. Argentina tiene ventajas competitivas fantásticas también en ese sentido.

—Tenemos una matriz parecida porque tenemos un territorio enorme, húmedo. En la Patagonia y en todo el oeste de Argentina. La ventaja es que tenemos muchísima agua. Pero falta una mirada de largo plazo. Son miles de litros que van directamente de la cordillera al Atlántico sin ningún aprovechamiento intermedio. Falta la alternativa de aprovecharlo. Si nosotros pudiéramos conducir vía obras de infraestructura y un programa de desarrollo, tendríamos un modelo que te daría otra Pampa Húmeda. Estamos trabajando fuerte en eso. E implicaría mucha mano de obra, por supuesto.

—El desafío es cómo solucionar la Argentina. Me gustaría promover que realmente se encuentren con Juan Grabois, porque pueden llegar a encontrar puntos de acuerdo.

—Absolutamente.

—Argentina tiene el octavo mayor territorio del planeta. En términos de agua me parece que es uno de los países más beneficiados. Y respecto de Canadá, aquel país tiene una cantidad de territorio improductivo por el hielo. El clima es una ventaja competitiva clave que podría generar empleo para esos 16 millones de personas.

—Depende de muchas cosas, no solamente del territorio. Depende esencialmente de la política general de un país, de una perspectiva geoeconómica con mirada de futuro, Que se hagan inversiones en infraestructura para desarrollar ese país. Depende mucho de la gente y de la educación. El 70% de la producción que el mundo necesita y que Argentina puede dar viene por la tecnología. Necesitamos cada vez más gente absolutamente tecnificada. Hoy se manejan computadoras, no tractores. En cualquier cuestión del campo, la educación es clave.

—Con el coronavirus el mercado, el intercambio de los mercados internacionales, se reduce, pero no en el caso de los elementos que la Argentina exporta. Argentina tendría una oportunidad allí.

—Una oportunidad muy importante. Como la que tuvo en su momento, cuando se hizo grande a través de buenas políticas y una mirada justamente abierta al mundo, de población creciente y de trabajo creciente.

—Brasil, nuestro vecino, tiene uno de los mayores territorios del planeta. Pero su ecuación es que tiene cuatro veces el territorio y cinco veces la población. La capacidad exportable de Argentina respecto a la proporción de recursos naturales-población sería mayor.

—Algo asociado además a un esquema del Mercosur que nos da el privilegio de tener ese mercado ampliado con toda la posiblidad de aprovechar todo lo que es el norte de Brasil, con demandas crecientes de alimentos. Gente que sale de la pobreza y consume más.

—¿El norte de Brasil sería como la nueva China? Allí la pesca es la fuente fundamental de alimento. Algo que no sucede en Argentina.

—Tiene un rol importante. Pero no lamentablemente en el consumo.

—Exportamos mucho, porque se consume poco; mientras que para los brasileños del nordeste es la principal fuente de alimento.

—Tenemos este Brasil. Pero también Latinoamérica, que asimismo tiene enormes capacidades. México es uno de los principales importadores de leche del mundo. Y Argentina podría volcar parte de su producción excedente en mercados como ese.

—Quiero volver al título de tu texto, “Argentina, nuevamente entre crisis y oportunidad”. ¿Sos optimista?

—Estoy esperanzado. Dependerá de cómo lo abordemos desde la política y desde los privados. Especialmente de la actitud que tenga cada uno.

—El otro día escuchaba la diferencia entre esperanza e ilusión. La ilusión es esperar que algo positivo suceda; en cambio, la esperanza es activa, se compromete.

—La oportunidad está, pero tenemos que buscarla y hacerla propia. Es una decisión colectiva.

—Nuevamente, ¿ves que Alberto Fernández está en esa línea?

—A ver, dichos sí, vamos a ver los hechos. Lo manifestó cada vez que estuvimos con él. En los hechos hasta ahora no fue muy claro. Las señales fueron muy controvertidas. Habrá que ver cuando nos sentemos a analizar un programa. Todavía no sabemos el programa económico ni hacia dónde vamos. Y podré dar una respuesta más concreta.