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domingo 15 octubre, 2017

Quintana y el espíritu de equipo en Cambiemos: “El presidente Macri es un líder extraordinario”

“Sabe armar equipos como yo nunca había visto”, recalcó el funcionario.

por Jorge Fontevecchia

Entrevista a Mario Quintana Foto: Facundo Iglesias
#PeriodismoPuro es un nuevo formato de entrevistas exclusivas con el toque distintivo de Perfil. Mano a mano con las figuras políticas que marcan el rumbo de la actualidad argentina, Fontevecchia llega a fondo, desmenuzando argumentos y logrando exponer cómo piensan los mayores actores del plano del poder. Todas las semanas en perfil.com/PeriodismoPuro.


—Hace 20 años no existía el cargo de jefe de gabinete y hace dos no había un vicejefe, que es como se lo llama al Secretario de Coordinación Interministerial. ¿Por qué ahora son necesarios?

—No sé si necesarios. Es un diseño de gobierno elegido por el presidente. Pero todos aquellos que vienen a plantear recetas de hace 20 o 30, 40 años, yo les digo que Argentina lleva varias décadas de fracasos, de decadencia, de cosas mal hechas. Está bueno que nos animemos a probar lo nuevo. Lo digo en general y pero también en particular, respecto de la organización del gobierno. Este es un diseño elegido por el presidente, que sabe armar equipos como nunca antes había visto. En la ciudad ya existía un esquema que funcionó muy bien, y él allí tenía una mano derecha y una mano izquierda con Rodríguez Larreta y Marcos Peña. Como no había un Horacio en la Nación, donde los problemas son mucho más complejos, decidió replicarlo con dos cabezas: Gustavo Lopetegui y yo.

—¿Usted originalmente iba a ser el jefe de gabinete de Horacio Rodríguez Larreta?

—Hubo una conversación de amigos en esa dirección, pero a mí siempre me entusiasmó más este desafío a nivel nacional.

—Hay 22 ministerios, 13 organismos descentralizados, 16 empresas en las que el Estado es accionista principal.

—No. Son más los organismos descentralizados, y las empresas también.

—Bien. ¿No sería mejor tener ocho ministerios y que los organismos y las empresas afines dependieran de los ministerios, como era en el pasado?

—¿En qué momento funcionó bien en el pasado? Si uno presta atención a la organización de los gobiernos en otros países puede encontrarse modelos muy distintos, y no hay necesariamente una correlación éxito-fracaso en la cantidad de ministerios. Hay países muy bien gobernados como Canadá, por ejemplo, que tiene mucho más que 20 ministerios. La cantidad de ministerios no es importante para el buen funcionamiento de un gobierno. Pero sí tener un Estado ágil en sus procesos decisorios, un Estado eficiente, un Estado meritocrático donde los empleados puedan hacer un plan de carrera basado en su esfuerzo y en sus méritos.

—En los años '90 Menem tenía ministros estrellas, no solo en Economía sino Cancillería o en Interior. ¿No cree que, en el fondo, más que un diseño operativo existe una decisión política de no crear futuros competidores políticos más allá del presidente?

—No, en eso disiento por completo. El martes después del ballotage tuvo mi primer día de trabajo con el presidente y Marcos Peña. Mauricio me dijo: “Escuché que sos un gran organizador de equipos en tus empresas, lo que yo te pido acá es que ayudes a construir una verdadera cultura de equipo”. Macri cree en los equipo, nunca había visto un líder con semejante convicción de trabajo en equipo. En las centenares de reuniones que tuvimos noté una combinación de condiciones que pocas veces se observan en un mismo liderazgo: capacidad para escuchar, para modificar opiniones y a la vez, mucha determinación a la hora de decidir. Hay líderes testarudos, que toman decisiones sin escuchar, y hay otros que cambian con cada opinión que les llega. Mauricio, desde siempre, tiene una historia de dejar crecer a la gente que trabaja con él. María Eugenia, Marcos, Horacio, muchos de los ministros que hoy lo acompañan en el gobierno, son gente que creció a su lado. Que haya muchos ministros en absoluto tiene que ver con un deseo de disminuir su autonomía. Al contrario. Parte de nuestro rol acá es lograr que cada ministro sea exitoso. Nadie quiere disputar poder, ni llevarnos el mérito de sus logros. No creemos en liderazgos mesiánicos, no creemos en genios iluminados. Creemos en la construcción conjunta.

—¿Podríamos decir que Marcos Peña sigue cumpliendo el papel de mano derecha del presidente, ahora en escala nacional, y Lopetegui con usted cumplen el otro papel, por lo tanto son sus ojos y sus oídos, como los definió Macri?

—Yo no tenía una relación de larga data ni con el presidente ni con Marcos Peña. Podríamos decir que nos conocimos ya electo Mauricio nuevo presidente, en una actitud de trabajo en equipo. Más allá de lo que he contado sobre el presidente como líder, descubrir a Marcos fue una sorpresa extraordinaria: él tiene 10 años menos que yo, cumplió 40 este año y cuando asumimos tenía 38. Lo veía como a un joven treintañero y resultó toda una revelación. La sabiduría humana y política de Marcos como estratega, como experto en comunicación, en el trato del equipo y en el equipo decisorio que forman con el presidente es brillante. Me siento halagado de trabajar a su lado. Yo lo decía en broma, pero no es broma: llevaba 20 años sin jefe. Cuando uno es emprendedor no existen los jefes, pero hoy para mí es un placer trabajar para jefes como Mauricio y Marcos. Respecto a la división de tareas, cada uno se focaliza mucho en sus áreas. No hacemos todo todos.

—Cuando se repasa el organigrama, y usted lo marcabas claramente, Rodríguez Larreta y Marcos Peña estaban al mismo nivel en el gobierno de la Ciudad…

— Sí, y hoy no. Porque  Marcos es Jefe de Gabinete y Gustavo y yo somos sus  segundos. Hay una relación jerárquica. Yo creo que la palabra jerarquía es una palabra a revalorizar, porque habla de un orden sagrado. No sagrado en el sentido religioso, porque la realidad tiene esta clase de jerarquías y está bien que las tenga. Marcos tiene 20 años de trayectoria política y construyó con Mauricio desde el momento cero. Tiene muy bien ganado su lugar.

—¿Cuál es la base que justifica esa diferencia en las áreas entre tienen  Lopetegui y usted? ¿En qué se diferencian?

—Con Gustavo trabajamos muy en equipo. De hecho los equipos que nos acompañan, más allá de que algunos personas pasen más tiempo con uno u otro, es un único gran equipo. Él hace foco en los ministerios que tienen fuerte carga de infraestructura y energía, transporte, obra pública, sectores productivos como agroindustria, producción y sectores institucionales como Justicia, Seguridad y Salud, que es la única área del gobierno que no toco, es un área donde por lógica estoy vedado y eso lo hablamos desde el primer día con el presidente. Es así y más allá de rumores totalmente infundados, no la toco. Yo trabajo en los ministerios más macroeconómicos: Hacienda, Finanzas, sociales, coordino el gabinete de Desarrollo Humano, estoy con Desarrollo Social, Educación, Trabajo, Cultura, Cancillería, Ciencia y Técnica, Medioambiente, Turismo, en su momento Comunicación y trabajo fuerte en el ministerio de Modernización, que tiene como principal objetivo la modernización del Estado. Bastante amplio en los dos casos.

—Me han dicho que, entre tus funciones, también es el encargado de tener una relación contenedora con Elisa Carrió. ¿Cómo es su relación con ella?

—Lilita es una persona que admiro. A lo largo de estos últimos 15 o 20 años ha hecho un tremendo aporte a la Argentina. Había que pararse como ella se paró, allá por 2005, o en 2008, a denunciar la corrupción de un régimen al que muchos le temían. Desde la política, ha tenido un rol fundamental, y también lo ha sido para la construcción de Cambiemos. No necesita para nada de mi contención. Aprendo mucho con ella y tenemos una relación de mutuo afecto.

—En la reunión del Consejo Directivo del PRO usted dijo: “Después de 27 años dedicados al mundo de los negocios, en estos 19 meses al lado del presidente Macri vivo el mejor momento de mi vida profesional, lejos. Estoy orgulloso de ser político”. Usó esa palabra: ser político. “Y quiero aprovechar esta oportunidad para agradecerlo. No trabajé 15, 10, 5 años como muchos de ustedes para que Macri sea presidente y de alguna manera soy un paracaidista: caí en un lugar para el que muchos se prepararon toda la vida, pero nunca nadie me lo hizo sentir...”. Y siguió agradeciendo. ¿Siente como algo definitivo el ser político?

—La palabra definitivo es demasiado grande en la vida del hombre. Pero en este momento siento eso. He hablado de mi pasado como empresario, pero siento que hoy di una vuelta de página, por completo. Soy muy apasionado y lo que dije lo suscribo y lo vuelvo a afirmar. La política fue degradada en la mirada de la sociedad. Entonces cuando digo “me siento orgulloso de ser político” lo hago porque hace dos años, cuando estaba afuera, había muchas voces alrededor de mí que me decían: “¿Von qué necesidad te vas a meter en eso? La política es sucia...”. Pero la política en sí no es sucia. La han ensuciado, que es otra cosa.

—Usted dice que ha dado vuelta la página. Eso quiere decir que el Mario Quintana empresario...

—No vuelve más. A menos que mañana el presidente me eche… (risas)

—Pero ser político no quiere decir seguir todo el tiempo funcionario.

—No, es cierto eso. Seré parte de este gobierno mientras el presidente así lo decida. Hoy mi agenda cotidiana me llena la vida y hago todo con enorme entusiasmo. No descarto que dentro de muchos años, si la vida me da la oportunidad, me dedique al mundo de las ideas. Me gusta mucho garabatear ideas y en los últimos años nunca he tenido el tiempo de escribir. Así que eso no lo descarto.

—¿Se imagina haciendo una larga carrera en la política?

—No pienso en mi proyección política. Los que tienen demasiado presente su proyección en su quehacer cotidiano corren el riesgo de tergiversar prioridades. La tarea que hoy nos toca es tan grande y tan alta que la sociedad argentina se merece que todo el esfuerzo esté puesto aquí y ahora. Lo más probable es que me dedique un tiempo a estudiar. Tengo pendiente hacer algún estudio de ideas, de filosofía. Pero ahora quiero vivir este tiempo con la libertad de la no proyección. Hay demasiado por hacer.


Leé la entrevista completa de Jorge Fontevecchia acá


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