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COLUMNISTAS / SITUACION SOCIAL
domingo 15 septiembre, 2019

El drama argentino

Durante años dos líneas de pensamiento postulan fórmulas de prosperidad, con muy pocos resultados.

por Carlos De Angelis

Patria paria. Foto: Pablo Temes
domingo 15 septiembre, 2019

Existe una sensación generalizada en la sociedad argentina de que el país se ha quedado estancado, pero aún más, se ha perdido la esperanza para pensar en un futuro mejor.

Disputas. Sin embargo, no hay un diagnóstico consensuado de por qué se ha llegado a esa situación o, mejor dicho,  hay dos evaluaciones completamente opuestas y por lo tanto excluyentes. Son dos las “escuelas” o doctrinas que intentan explicar la deriva argentina y ambas presentan sus pruebas, a veces sesgadas, pero por momentos parece que ambas tienen una parte de razón. La primera doctrina es la que se puede denominar “liberal” y la otra sería la explicación “nacional/popular” (o populista).

La primera le adjudica todos los males del país a la intervención del Estado, que habría terminado aplastando la economía por los altos impuestos, y la segunda, por el contrario, plantea un modelo de Estado que habría permitido quizás por omisión el desarrollo de un modelo de país incompatible para la supervivencia de al menos un tercio de sus habitantes que han caído en la pobreza.

Para la primera mirada el problema data de unos setenta años y con mayor o menor precisión plantea que los males del país comenzaron con el surgimiento del peronismo, con sus derechos laborales y sociales, y ese modelo de democracia donde el líder es legitimado por sus seguidores. Como se ha repetido una y mil veces existía un país granero-del-mundo, séptima economía mundial hasta el advenimiento del movimiento creado por Juan Perón. No es raro que quienes coinciden con esta visión se declaren como antiperonistas. Cuando se plantea la necesidad de avanzar con la reforma laboral implica en los hechos demoler las bases de ese Estado que supo resistir incluso a dictaduras militares que venían a terminar con este movimiento. Aun en la dictadura del 76 la dupla Videla-Martínez de Hoz, cuya finalidad era trasformar el país a la Pinochet fracasó estrepitosamente, fruto de sus políticas económicas, pero también por las fisuras de las Fuerzas Armadas y donde hasta Emilio Massera soñaba con ser Perón.  

El bloqueo. Para la segunda perspectiva el Estado no está ausente del todo, sino que habría sido, por decirlo de alguna forma, solidario con el desarrollo de un modelo de capitalismo que bloqueó la industrialización del país y permitió la acumulación y el saqueo de sus riquezas. Visto desde aquí, el capitalismo es básicamente un modelo de acumulación, que puede ser distribuido en varias manos, ya sean personas o sectores de la economía, o concentrado en pocas manos.  La figura del saqueo implica que las ganancias no se reinvierten, ni se distribuyen, sino que salen del circuito económico por mecanismos financieros. Quienes sostienen este modelo creen que el Estado debe regular fuertemente las actividades vinculadas a la formación de la renta especialmente agraria y minera, buscando volcar esos recursos a actividades industriales, pero también apoyando la redistribución del ingreso al resto de la población. La objeción más común se basa en qué empresario invertiría si tiene que negociar con funcionarios el manejo de la ganancia de sus actividades. La respuesta es que si el privado es reacio a invertir, algunas de las actividades podrían ser llevadas adelante directamente por el Estado, especialmente en industrias extractivas como el caso del petróleo o el gas de Vaca Muerta.

Sin embargo, en estos días la mayor preocupación no es cómo generar riqueza, sino cómo administrar la pobreza, qué hacer con los pobres, situación que esconde una verdad muy amarga: la pobreza estructural llegó para quedarse.

Por eso el gasto social, lejos de achicarse deberá tender a su aumento en los próximos años, con la discusión inevitable sobre cómo pagar esa cuenta. Queda en el tintero la discusión de qué hacer con los planes sociales, toda vez que se trata de una situación de emergencia que se eterniza, no logrando sacar de la pobreza a nadie. Por el contrario, muchos planes fortalecen las redes clientelares y rompen la solidaridad entre los más humildes sobre quienes acceden o no a las ayudas sociales. Aunque muchos pretenden demostrar lo contrario, entre estos sectores la demanda prioritaria es la generación de puestos de trabajo formales, así como una atención pública en salud y educación de calidad, añorando una Argentina que parece haber desaparecido.

Caminos. ¿Existirá la posibilidad de encontrar un camino alternativo que conduzca al país a una senda de desarrollo sustentable por diez o quince años? ¿Podrán conjugarse los derechos sociales con un país que logre superar este estancamiento percibido por la inmensa mayoría de la población? Son preguntas sin respuesta todavía. Permanentemente se compara a la Argentina con países de la región como Chile o Perú, pero es dudoso que los sectores medios también hoy afectados por la recesión y la disminución del poder adquisitivo acepten resignar sus posiciones históricas. Incluso hoy, y a pesar de todas las inclemencias económicas, Argentina continúa siendo un país más equitativo que Perú o Chile, según el índice de Gini que publica el Banco Mundial (Argentina 40,6; Perú 43,3; Chile 46,6. Datos de 2017 donde 0 significa equidad perfecta y 100 inequidad absoluta).

Frente a las elecciones, Mauricio Macri manifestó en varias oportunidades su posición sobre lo que haría en un posible segundo mandato. Alberto Fernández, en cambio, parece tener frente a sí a las referencias de ambas doctrinas comentadas arriba y quizás proponga combinarlas de alguna forma. También surge la posibilidad de establecer un pacto social con las centrales obreras y las cámaras empresarias. Difícilmente se pueda dejar de lado de la compleja ecuación a los movimientos sociales, con gran protagonismo en las calles, bajo la mirada preocupada de la clase media. Fernández ha intentado apaciguar los ánimos a sabiendas de que cualquier incidente puede convertirse en un elemento que seguramente será utilizado por las usinas de campaña de Juntos por el Cambio. Quizás sea hora de enfrentar de otra forma la cuestión de la pobreza: el gran drama argentino.

 

*Sociólogo (@cfdeangelis)


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