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El rumbo de Milei

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Javier Milei. Su gobierno mezcla dogmatismo y flexibilidad, voluntarismo e improvisación. | cedoc

“Me tienen hinchado las pelotas, no negocien más. Que salga como está o que no salga”. Cuentan que la voz de Javier Milei durante la reunión de gabinete de la mañana del jueves denotaba cansancio. Había dormido poco, como casi siempre. Con esa limitación, igual le bastó para alzar la voz contra las eternas idas y vueltas en torno a la ley ómnibus, que amaga en reducirse al tamaño de una combi.

Fuentes oficiales se encargaron de difundir conceptualmente el supuesto hartazgo presidencial. Acaso porque era real o para ponerles un límite a gobernadores y legisladores dialoguistas. Sin embargo, horas más tarde, el oficialismo volvía a ceder al reducir el número de emergencias declaradas para las facultades delegadas y de empresas públicas a privatizar. Recién el viernes por la tarde obtuvo la aprobación en general y desde el martes se votará artículo por artículo, para dar margen a más rosca.

El episodio puede permitir una aproximación a la manera de gobernar de Milei y su equipo. En casi dos meses, el Gobierno entremezcla dogmatismo y flexibilidad, verticalidad y desorientación, voluntarismo e improvisación. Las dosis, según el día.

El mega-DNU luce maniatado por la Justicia, y la ley, por el condicionamiento del Congreso

Hay razones estructurales que meten presión a este rumbo enmarañado. Una de ellas es la inexperiencia política y de gestión del Presidente y su gente, salvo contadas excepciones (Patricia Bullrich y Guillermo Francos, sobre todo; Luis Caputo, en menor medida). Otra es la escueta estructura de poder partidario que lo sostiene, producto del 29% que consiguió en las elecciones generales y no del 56% que obtuvo en la segunda vuelta, lo que se traduce en escasas bancas legislativas y ninguna gobernación propia.

Pese a estas dificultades objetivas, el relato de Milei exploró, sin embargo, el comienzo de una batalla épica. Una revolución ultraliberal, con una clase magistral en Davos y todo, que incluyó una filípica insólita al adormecido capitalismo occidental desde una nación asolada. Qué moral.

Esa guerra arrancó localmente a través de dos armas: el mega-DNU y la ley Bases. Ambas lucen maniatadas. El decreto, por la Justicia. La ley, por el condicionamiento del Congreso, en el que solo una de sus dos cámaras ya consiguió una poda más que amplia. Y faltan la votación en particular y el tratamiento del Senado.

La evidencia de las concesiones y de las contramarchas (como el sobreactuado retiro del paquete fiscal del proyecto ómnibus) confronta con la narrativa oficialista: todo es innegociable y cualquier cambio que se hace es porque se mejoran las medidas, como repite el vocero Manuel Adorni.

Le convendría al Gobierno convencer de esa suerte de mantra a la oposición, tanto a la dialoguista como a la confrontativa. Unos y otros han comenzado a alarmarse por la falta de interlocución válida, ante un Presidente que pretende tener la última palabra y un jefe de Gabinete avaro a la hora de comunicarse con propios y ajenos (las malas lenguas oficialistas se refieren a Nicolás Posse como Bernardo, por el personaje mudo que asistía a El Zorro en la clásica serie).

La parodia menemista de Milei

Cerca de Mauricio Macri, el principal aliado de Milei, cuentan que es consciente de estas dificultades y trata de respaldar a través del diálogo directo con el mandatario. El expresidente se comunica además con Cristian Ritondo y Diego Santilli, sus alfiles en Diputados. Y ha retomado el trato con Miguel Ángel Pichetto. Se ve que le cuesta conseguir señal en La Angostura para contactarse con Bullrich, con quien se congeló la relación.

Macri intenta ser repuesto por aclamación a cargo del PRO, lo que le permitiría mayor control del partido y le daría a su voz mayor peso presente con Milei, no solo por su experiencia en la Casa Rosada. Niega que ese paso se vincule a una posible candidatura 2027 y califica de disparate la versión acerca de que estudia un desembarco de dirigentes afines en la administración actual para evitar que choque. “Son operaciones de Massa”, es la frase de desmentida que le adjudican. Jamás se olvida de su enemigo íntimo.

El exministro de Economía (que retomó encuentros políticos) y el peronismo encuentran en oponerse duramente a Milei y a sus medidas de ajuste, muchas de ellas producto de la sinrazón de la gestión anterior, el remedio ideal para escaparle a la autocrítica y reposicionarse como la resistencia.

Como mascarón de proa han puesto a la CGT (que convocó a un paro en tiempo récord, flaco en su alcance y nutrido en su convocatoria) y ahora a sus legisladores. Sin apariciones públicas aún de Cristina Kirchner ni de Massa, Axel Kicillof parece haber tomado la posta en la hora del antagonismo.

Hacia dónde va Milei

Sectores peronistas observan con particular detenimiento los movimientos de un compañero, el gobernador cordobés Martín Llaryora. Con recelo, tildan las llegadas a la administración libertaria de miembros del peronismo cordobesista (Anses, Transporte y Banco Nación). Y sonríen cuando Llaryora trata de imponerle condiciones al Gobierno nacional o se suma a la cumbre de gobernadores de lo que alguna vez se llamó Juntos por el Cambio y ya tiene firmado el certificado de defunción.

Intuyen además otra intencionalidad del sucesor de Juan Schiaretti, que buscaría enlazar a sus colegas de Tucumán (Osvaldo Jaldo), Catamarca (Raúl Jalil), Salta (Gustavo Sáenz), Misiones (Hugo Passalacqua) y Río Negro (Alberto Weretilneck) hacia un nuevo eje peronista menos AMBA-centralista y sin kirchnerismo. ¿Realidad o ficción?

Semejante dinámica, dentro y fuera del peronismo, estará marcada por el paso que Milei le dé a su mandato. Por estas horas, dispersa entre los suyos el mensaje de que la aprobación general de Diputados a la ley Bases fue un triunfo. Omite, a propósito, que para lograr los 149 votos a favor el bloque dialoguista (o extorsionador, según reposteó en redes)

ya le pasó la motosierra y la licuadora al proyecto, que quedó en un tercio del original cuando aún están pendientes el voto en particular y el tratamiento en la Cámara de Senadores.

En medio de un severo sinceramiento y ajuste económico y sin un plan antiinflacionario que no se limite a la reducción del déficit, los recortes estatales y la licuación de la moneda (ingresos laborales y jubilatorios incluidos), Milei se consagra a sus benditas Fuerzas del Cielo para evitar el infierno. Convendría que tomara nota de los aprendizajes que le provee su desordenado e intenso derrotero, para evitar acercarse en demasía al purgatorio.