martes 29 de noviembre de 2022
COLUMNISTAS desconcierto

La hora del superyó

Nunca un Mundial fue tan funcional a las necesidades de un gobierno. La capacidad humana es limitada y estará en Qatar.

El domingo 20 de noviembre comienza el campeonato mundial de fútbol de Qatar que se extenderá hasta el domingo 18 de diciembre, cuando se jugará la final.

Cuando el Mundial finalice prácticamente se encadenará con las fiestas navideñas, el fin de año y las vacaciones. Nunca un mundial fue tan funcional con las necesidades de un gobierno. La capacidad de atención humana es limitada, y aquí la preocupación principal estará centrada en las habilidades de la selección de Lionel Messi y solo en forma marginal se prestará a entender la vicisitudes de la política y la economía. Aunque parezca de ficción, buena parte del Gobierno espera la llegada de ese “recreo”. Por supuesto que ese cálculo incluye que la selección nacional alcance la final.

Tiempo y espacio. Si la consigna es “ganar tiempo”, la pregunta es para qué. Tiempo para que el programa económico pergeñado por Sergio Massa comience a mostrar resultados. Es algo un poco raro, no hay un apoyo explícito, pero las estampitas llevan la imagen de Sergio Tomás. Las características de los resultados esperados se pueden resumir en dos: dólar quieto y baja de la inflación. Hoy toda la artillería está puesta en el primer ítem, esperando que el segundo lo siga por añadidura. Es un poco la tesis de Cristina Kirchner que la inflación en la Argentina está anclada a la devaluación de la moneda. Sin embargo, hay en la historia reciente experiencias de momentos con dólar planchado que también coincidió con alta inflación.

Empantanados

Por eso desde algunos sectores del peronismo se propone la elaboración de una suerte de Plan Austral II, recordando aquel programa llevado a cabo en 1985 por el gobierno de Raúl Alfonsín y su ministro de Economía, Juan Vital Sourrouille. Aquel programa tuvo efectivamente la forma del shock e incluyó una fuerte devaluación de la moneda y un congelamiento de precios y salarios.

Sin embargo, otros dos componentes fueron los más novedosos:

  • El cambio de la denominación de la moneda de pesos a australes con la quita de ¡tres ceros! Este artificio llevaría a que un dólar pasara a valer 80 centavos de australes.
  • El desagio, un sistema para desindexar la economía para que los contratos pactados con la inflación en curso pudieran adaptarse a la nueva situación utilizando unas fórmulas un tanto estrambóticas.  El mayor éxito fue el descenso rápido de la inflación desde el 607,4% en el año 1985 al 77,3% del año siguiente (según datos del Banco Mundial). Pero como pasa con algunas dietas hubo un fuerte rebote, en 1987 la inflación ya se duplicaba, y el triunfo de Antonio Cafiero como gobernador de la provincia de Buenos Aires incorporaba la crisis política a la económica, siendo el principio del fin.

Recuerdos del presente. Volviendo al hoy, algunos piensan que se podría aplicar un plan como aquel con el horizonte de expectativas de que la inflación pase de 100 a 30% en un par de meses. Lo central de la propuesta no parece ser tanto la elaboración de un programa de largo plazo, sino replicar el éxito electoral de Alfonsín en el 85: el Plan Austral fue lanzado en junio y en octubre de aquel año la UCR sacaba el 43,6% de los votos. La interpretación es que en esos cuatro meses se habían recreado las perspectivas favorables como recuerdan algunos memoriosos, dentro de una teoría general que sugiere que la inflación es un problema de expectativas.

Hoy el Frente de Todos tiene un problema que Alfonsín no tenía y es la fuerte interna al aire libre, en momentos en que Alberto Fernández plantea que irá por su reelección y es rechazado por el resto de la coalición.

Sobre esta determinación del Presidente se abren dos interpretaciones, la primera, que es que se trata de un bleff para llegar al fin de su mandato con cierta tranquilidad, la segunda es que va en serio, buscando una revancha y que llegado el momento elegirá entre romper e ir por afuera o bajar su candidatura.

En paralelo comienzan a exteriorizarse los pedidos de los ultra-K para que Cristina Kirchner sea la candidata para el año que viene. Por ahora la respuesta de la vicepresidenta es negativa, ya que en ningún caso aceptaría una candidatura testimonial.

Tres para el tango. Hoy la conducción del Frente de Todos parece replicar la estructura tripartita del inconsciente que había pensado Sigmund Freud. El lugar del Yo lo ocupa Sergio Massa con su hiperactividad incesante, llenando todos los espacios, incluso más allá de su rol específico. Para Massa no ser economista aparece como una ventaja a fin de establecer relaciones políticas con los agentes económicos. Alberto Fernández, con su accionar, y sobre todo sus discursos, opera como el Ello del sistema, hablando a través de sus pulsiones y deseos, que muchas veces lo ubican por fuera de la realidad. Su interés de contentar a todos los auditorios diciendo lo que querrían escuchar habla de su necesidad de reconocimiento.

Lucha política, cruel y mucha

Finalmente, Cristina Kirchner funciona a la perfección en el lugar del Superyó, la conciencia moral, la evaluadora de todas las demás instancias. En parte, esa forma de funcionamiento es la que le permite establecer un vínculo emocional con gran parte de sus seguidores y el rechazo del resto. Hoy Cristina reúne la mayor proporción de voto seguro entre todos los posibles candidatos, pero los demás nunca la votarían. Resulta ser un caso extraño donde el piso y el techo coinciden. Esa falta de flexibilidad sigue explicando la alquimia electoral de 2019, pero también su fracaso.

Superhalcón. Curiosamente el perfil superyoico también se puede detectar en Mauricio Macri, más explícito que nunca. En las varias entrevistas que está haciendo o incluso en la presentación de su libro se ha transformado en el superhalcón moral planteando un programa de gobierno explícito, sin medias tintas, a la vez que duda de las capacidades de los demás presidenciables de su espacio para llevar adelante ese programa.

Aunque suene paradójico, la estabilidad formal del gobierno de Alberto Fernández se vincula con los tropiezos del sistema opositor. En su momento el antikirchnerismo fue el pegamento de la constitución de Cambiemos, pero frente a la debilidad del kirchnerismo aparecen las verdaderas líneas de fuga en los componentes de Juntos por el Cambio y un giro hacia la derecha en su core, que no conforma a todos.

*Sociólogo (@cfdeangelis)