jueves 07 de julio de 2022
COLUMNISTAS inclusiones

La letra del cambio

17-06-2022 23:55

Soy la letra más utilizada en la lengua francesa. Dicen que la “e” está en casi todas las palabras. Eso no significa que me pronuncien de la misma manera. Mi sonido es variable según los acentos; más contenta o drástica con los agudos, “é”; en semiarcada con los acentos graves “è”, casi ascendente con circunflejo, “ê”; también soy susceptible a mis vecindades, si me acompañan otras vocales me intimido, devengo otra, hasta integro un trío (“eau”), en el que me diluyo y solo me dicen “o”. Las consonantes me intimidan, me vuelvo nasal, más retraída. Y en algunos casos soy “e” muda, me dejan para el final de una palabra como si desapareciera.

Hay un escritor que me hizo desaparecer del todo. ¿Se imaginan una lengua sin mí? Su novela se titula La disparition (una palabra francesa de la que claramente no formo parte) O sea: La desaparición. La gente compra el libro pensando que se trata de un policial, o una novela política, y resulta que la desaparecida soy yo. Lo empiezan a leer y ni siquiera se dan cuenta de que falto. La historia fluye sin la “e”, ¡y se trata de mi ausencia! Su autor no pudo dejarme afuera sin necesitar luego incluirme en todas partes.

Y entonces escribió otra novela solo conmigo, Le revenentes, que además significa “aparecidos” o “fantasmas”. ¡De desaparecida me convertí en resucitada y omnipresente! La escribió únicamente con la letra “e”, sin utilizar ninguna otra vocal, como si mi ausencia total le hubiera producido una añoranza desconocida. O más bien, el dolor de la pérdida... 

Ojos de otoño

Quizá porque su propio apellido fue mutilado en tiempos del nazismo. Su padre se llamaba Peretz, un apellido bíblico que en hebreo quiere decir agujero. ¿Será por eso que me enterró en su novela, para poner en evidencia –y en clave– la persecución? Encima se cambió el apellido, pasó a llamarse Perec. Se lo perdono porque conservó mi reino en su nombre: estamos las “e” por partida doble. Y lo comprendo porque sus padres terminaron en un campo de concentración, y el escritor se salvó justito, por una “z”. Vaya si somos importantes las letras… 

En 1981, Georges Perec tuvo que responder al famoso cuestionario Marcel Proust, y cuando le preguntaron “qué le gustaría ser”; dijo “hombre de letras”, precisando el sentido que a él le gustaba darle: “Un hombre de letras es un hombre cuya profesión son las letras del alfabeto”.

En estos tiempos cuestionan la “e” en relación con el género. En ciertos lugares de la Argentina me prohíben ser libre, quieren que me rija por las ataduras de la gramática en lugar de comprender la necesidad de un cambio. Así como Perec se sirvió de mí para poner en evidencia lo que falta, dejen que me pose en los labios de quienes prefieren pronunciarse de otro modo. Nadie debería inhibir las manifestaciones personales de la lengua que no dañan al prójimo. Aunque por un rato se confundan un poco. No es grave, y hasta es lúdico.