sábado 13 de agosto de 2022
COLUMNISTAS opinión

McCall y sus mujeres

Malcolm dice con ironía que McCall es sexista: trata a las mujeres como superiores a los hombres. También dice que no menciona el sida.

26-06-2022 00:28

Hay escritores prolíficos, pero Alexander McCall Smith desde los 40, cuando empezó a publicar libros infantiles y después siguió de largo con sus novelas ligeras de las que ya lleva más de cien y millones de ejemplares vendidos en 46 idiomas. McCall Smith nació en 1948 en Rodesia de padres escoceses, estudió derecho en Edimburgo y se convirtió en un especialista en medicina legal y en bioética. Su interés por el sur de África lo llevó a Botswana, donde ayudó a fundar la escuela de leyes. Finalmente volvió a Edimburgo, donde con su mujer restauraron una mansión victoriana y fundaron una orquesta amateur llamada The Really Terrible Orchestra. Además, McCall se compró un archipiélago de islotes al norte de Escocia con el solo propósito de que no sean habitados ni arruinadas por los humanos. 

Llegué a McCall por un artículo de Nadie te está mirando, el libro de Janet Malcolm que comenté en esta columna. Malcolm habla bien de McCall y de su personaje más famoso, Precious Ramotswe, la dueña de la Primera Agencia de mujeres detectives, que es el título de una serie de novelas que empezaron en 1988 y van por el número 23. Mma Ramotswe es una gorda botswanesa (cuyas formas harían las delicias de cierto amigo mío) que a la muerte de su amado padre vendió las vacas de la herencia para fundar la agencia cuyos casos narran las novelas. En general no son casos complicados: infidelidades de los hombres con sus mujeres o de los empleados con sus patrones, pequeños robos, aunque a veces pueden ser más siniestros (como una historia de magia negra que incluye el secuestro de niños). Leí el primer volumen de la serie y es más bien una colección de relatos hilvanada por la vida de la protagonista. En particular de su vida sentimental. Precious tiene algo de Doña Flor, la de los dos maridos. Hubo un Vadinho que le pegaba y la engañaba, pero al que deseaba con pasión. Y un segundo, el tranquilo mecánico que se parece a aquel boticario de Jorge Amado. A veces, Precious nos sorprende, como cuando una clienta le exige pruebas de que su marido la engaña y entonces pasa la noche con él y se saca fotos. Malcolm dice con ironía que McCall es sexista: trata a las mujeres como superiores a los hombres. También dice que no menciona el sida, un problema serio de Botswana, que es un país próspero y tranquilo, así como la democracia más sólida y transparente de África. 

McCall está más cerca de la intimidad de sus personajes femeninos, mientras que los hombres son poco más que objetos sexuales. Ese rasgo es particularmente notable en otra serie de (ya 17) novelas, El club filosófico de los domingos, cuya protagonista, Isabel Dalhousie, también tuvo un marido atractivo y canallesco. Isabel parece un alter ego de McCall: es una académica millonaria que vive en Edimburgo y es especialista en ética, aficionada al arte, la música, la gastronomía y la discreción, desprecia a las vanguardias y también se dedica a resolver enigmas. Pero además reflexiona, con la ayuda su sobrina y, especialmente, de su mucama, sobre temas de la vida moderna, como si corresponde contarle a la mejor amiga que su novio la engaña. Creo que Precious e Isabel podrían encontrarse a tomar el té. Isabel y trasladarle a Precious las disculpas de McCall por escribir sobre una mujer negra.

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