26 sep 2020
CULTURA |Entrevista
domingo 9 noviembre, 2014

Gianni Vattimo: “Francisco salvó a la Iglesia del suicidio”

Visita Buenos Aires para una serie de charlas. Habló con PERFIL acerca de la figura del Santo Padre.

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Foto: Cedoc
domingo 9 noviembre, 2014

Invitado por la Fedun (Federación de Docentes de las Universidades), el filósofo italiano, asiduo visitante de esta ciudad, dictó una serie de conferencias en la UBA y asistió a la presentación de tres libros de su autoría publicados por el sindicado docente. Se trata de Dios es comunista, Esperando a los bárbaros y De la realidad a la verdad. El primero es una serie de conversaciones con Marcelo​ González Magnasco y Adriana Farías, y los otros dos transcriben sendas ponencias dictadas por el autor del Pensamiento débil en visitas anteriores al país, invitado por la misma institución.

A los 77 años, el filósofo ha comenzado a sufrir “apnea del sueño”, trastorno que hace que la persona que lo sufre realice pausas en la respiración nocturna. “A raíz de eso estoy clínicamente autorizado a bostezar en cualquier momento: mientras doy clase, por ejemplo, o ahora mismo. Permiso”, dice, y bosteza larga y plácidamente.

—A lo largo de hace casi veinte años visitó muchas veces la Argentina. Supongo que sus impresiones desde la primera vez que llegó acá hasta ahora variaron. ¿Cuáles son esas variaciones? ¿Qué piensa hoy de la Argentina que no pensaba hace veinte años?

—No, no, extrañamente –y eso es ya un indicador de algo– la impresión que tengo hoy de la Argentina, sobre todo de la cultura argentina, no varió tanto de la primera impresión. Si usted tomara mis declaraciones sobre el tema apenas llegué por primera, invitado por Jorge Glusberg, verá que no han cambiado. Buenos Aires sigue siendo una ciudad europea emplazada en América Latina. Es algo que se deja de sentir corriéndose un poco nada más, yendo a Río de Janeiro, por ejemplo. Hay algo que mancomuna a las grandes ciudades de América Latina, y es que son netamente latinoamericanas. Buenos Aires no. Probablemente es por eso que me gusta tanto. Culturalmente sigue teniendo una potencia inigualable, nutritiva, avasallante. No conozco otrea ciudad así. Tal vez pueda igualársele Nueva York, pero no creo que muchas ciudades más se le parezcan en eso.

—El año pasado, cuando visitó Buenos Aires, hablar del papa Francisco era precipitado y le despertaba muchas incógnitas. Supongo que ahora está en condiciones de dar un juicio más certero...

—Estoy feliz. Francisco salvó a la Iglesia del suicidio al que la estaban empujando sus antecesores en base a la lectura literal de las Sagradas Escrituras y los dogmas, lo que a fin de cuentas, históricamente sólo ha servido para alejar a la comunidad de la Iglesia. Francisco está rodeado de problemas debidos a su entorno que ni siquiera alcanzamos a ver, pero son esos problemas los que siguen frenando lo que podría llamarse una verdadera revolución eclesiástica. Uno de los puntos en los que siempre ha insistido la Iglesia es la cuestión de la castidad, por eso es tan importante que Francisco tenga una visión positiva del amor homosexual. Al mismo tiempo, analizado en términos históricos, es algo escandaloso. Pero ese cambio es muy importante para la Iglesia porque, reitero, lo acerca a la comunidad, de la que se estaba alejando. A pesar de eso, Francisco está renovando pacientemente la Iglesia. Es cierto, sigue sin ser admitido el matrimonio gay, algo por lo que he luchado toda mi vida, pero hay ciertas cosas que empiezan a cambiar. Por ejemplo, el problema de la comunión y los divorciados, que, como decía antes, implica una lectura menos literal del sacramento. Hay, por otro lado, un compromiso político y cultural inusitado por parte de Francisco. A diferencia de otros papas, no parece llevarse muy bien con los poderes. Y además está el Banco Vaticano. Albino Luciani fue asesinado por el Vaticano porque había empezado a investigar el Banco Vaticano. De modo que espero que el Vaticano no asesine también a Francisco.

—¿Hasta dónde se remonta cuando habla de los “antecesores” del papa Francisco?

—A los inmediatamente anteriores. Juan Pablo II obtuvo gran parte de su popularidad con la caída del comunismo soviético, pero era un reaccionario inigualable, y Ratzinger fue una figura muy opaca, tal vez la más opaca en la historia de la Iglesia.


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