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CULTURA / libro objeto
domingo 27 enero, 2019

‘Pacha Kutiq Wanka’: la unión del cielo y la tierra

El artista Martín Bonadeo, especializado en tecnología, publicó el libro objeto “Pacha Kutiq Wanka” como parte de un proyecto homónimo que vincula manifestaciones de pueblos originarios con una religiosidad salesiana muy presente en territorio peruano, donde resuenan el cruce de creencias y una mirada sobre el arte contemporáneo.

Mariano Vespa

DE SALÓN. Martín Bonadeo dentro de su instalación Resonador (2011), un domo de madera con teléfonos antiguos y cableado. Foto: Gentileza Bonadeo.

El peregrinaje comenzó en 2008, cuando el historiador y curador Gustavo Buntinx visitó Argentina –reside en Lima– invitado por el programa Tec-en-Arte (Fundación Telefónica). Al ver los trabajos plásticos de Martín Bonadeo, tuvo una revelación que devino en sugerencia: “Usted es un místico. Usted pierde el tiempo en el circuito del arte. ¿No pensó en ser sacerdote?”. Tal apreciación fortaleció un vínculo y un camino conjunto. Dos años después, visitaron juntos los talleres Don Bosco, una comunidad de artesanos en los andes peruanos. En 1976, Ugo de Censi, un cura salesiano italiano, puso en práctica en Perú la Operación Mato Grosso, un movimiento de alfabetización que se proponía sacar a los jóvenes de situaciones marginales a través del trabajo en un marco comunitario y artístico.  La premisa principal consistía en mantener la dignidad de los pueblos para que no bajen a las ciudades. Bonadeo no adoptó los hábitos, pero profundizó la perspectiva espiritual en su obra con ese influjo. Así surgió Pacha Kutiq Wanka, un proyecto integral situado en Chavín, a 4 mil metros del nivel del mar, que vincula una cosmogonía andina preincaica y otra europea-cristiana. 

“Me apasiona pensar las tecnologías que manejaron en otras civilizaciones y se perdieron –cuenta Bonadeo a PERFIL–. El proyecto de trabajar en Chavín de Huántar propuso desde un principio una búsqueda de lógicas perdidas en los andes, anacrónicas, con una lógica otra a la que se vive todos los días en las ciudades, en sus galerías, espacios culturales y museos”. Pacha Kutiq Wanka remite a palabras  quechuas: los wanka son monolitos que se clavan para fecundar la tierra y miren al cielo, mientras que la unión de pacha (tierra) y kutiq (conjunción esotérica entre tiempo y espacio) habla de un ciclo histórico que se transforma cada 500 años. El libro, publicado con apoyo de Mecenazgo, es distribuido personalmente por Bonadeo, quien relata en forma performática toda la investigación y su ejecución, que está en constante movimiento. En 2017 llevó a cabo una muestra homónima en la Galería Praxis, en Buenos Aires, y el año pasado fue exhibida en el Museo Nacional de Chavín. Forman parte de ella distintas piezas, confeccionadas con materiales diversos, como vitrales, retablos, altares y tapices, intervenciones en el suelo con la forma de Cruz del Sur, entre otros, en los que se une la vibración de la naturaleza y el trabajo manual.

“Hacer arte por fuera del mundo del arte propone sin dudas un viaje.”

A lo largo del diario, con sus dibujos, reflexiones y conversaciones, se observa que la propuesta de Bonadeo realza las intersecciones y los dobleces que generan los encuentros. Uno de los sitios donde trabajan los artesanos se llama laboratorio, que en el juego etimológico conjuga un término con connotaciones vanguardistas y una ética ligada al rezo, al oratorio. En otro pasaje, Bonadeo relata que encontró que San Pedro era un puente metafórico entre las dos cosmogonías: ya sea como el amo de llaves del cielo en la lógica cristiana, o como el cactus del ritual chamánico, los wachuma: “Creo que una de las tecnologías que manejaban los antiguos andinos tenía que ver con lo vegetal. Con la posibilidad de guardar información en determinadas plantas. Si bien hay algunos taytas (hombres de conocimiento andino) que están en una intensa búsqueda por recuperar estos usos rituales de plantas sagradas, el mercado occidental y el dinero distorsionan muchas de esas experiencias”.

“El enemigo principal del arte es el mundo del arte”, dice Gustavo Buntinx en una separata analítica que acompaña a Pacha Kutiq Wanka. Esa mirada tiene que ver con su propuesta de un micromuseo, que viene desarrollando hace décadas: un museo rodante, mestizo, plebeyo, que mixture culturas y contextos, como lo artístico, lo artesanal, lo (semi) industrial, los diseños; lo prehispánico y lo moderno; lo colonial y lo contemporáneo.  “El eros y el tánatos están muy cerca –señala Bonadeo–. Hay muy poca distancia entre la energía de creación y la de destrucción. Hacer arte fuera del mundo del arte propone un viaje. Y Pacha Kutiq Wanka es, ante todo, un viaje. En el libro prácticamente no aparecen obras finalizadas, sino que se exhibe el proceso, la peregrinación que este proyecto implica. Pacha Kutiq Wanka activa un principio presente en los artistas de Land Art de los 60. Estoy pensando en Robert Smithson y en Walter de María, y en sus intervenciones en el paisaje. Para ver el Spiral Jetty de Smithson hay que salir de la ciudad y hasta de las rutas asfaltadas. El viaje es parte de la obra”. Resuenan, por supuesto, los cruces de Dante, con Marechal y con Xul Solar, viajeros que aún hoy son místicos.

 


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