viernes 12 de agosto de 2022

Las venas y las brechas abiertas sociales y ambientales en América Latina

No se puede seguir echando culpas hacia el extranjero sin reconocer que el modelo de desarrollo requiere un cambio urgente y necesario. Ya no es una cuestión de venas sino de brechas que siguen abiertas.

22-12-2021 17:37

Fuente de reservas del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan consumiéndolos”, escribió Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971. El libro es un clásico y el concepto pasó a la inmortalidad, con matices, incluso reconocidos por el propio autor.

Cuarenta años después, la idea sirve para explicar algunos problemas estructurales de la región que continúan vigentes. No se puede seguir echando culpas hacia el extranjero sin reconocer que el modelo de desarrollo requiere un cambio urgente y necesario. Ya no es una cuestión de venas sino de brechas que siguen abiertas.

En primer lugar, la brecha económica. En un mundo donde 26 personas manejan más de la mitad de la riqueza, América Latina es la región más desigual, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Durante el primer trimestre de 2021, la tasa de desempleo juvenil alcanzó el récord histórico desde que lo mide la Organización Internacional del Trabajo: 23,8%. Es decir, casi uno de cada cuatro jóvenes no tiene empleo.  

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Este es el mundo que estamos construyendo para la “generación del confinamiento”, tal como lo definió Vinicius Pinheiro, director de la OIT. También ellos serán los que recibirán el daño del cambio climático. Quedan 10 años para revertir la segunda brecha: la ecológica. La disociación entre el mundo de los negocios y el ecosistema de impacto es uno de los problemas más graves que recién ahora se están empezando a afrontar.

Durante años la tierra fue un recurso más a explotar. Afrontamos un siglo XX de búsqueda de crecimiento hasta niveles desconocidos sin considerar los límites planetarios ni sociales. Fue tan inmenso el desarrollo industrial que el mundo no puede cumplir con las metas de emisiones de carbono. El aumento de temperatura en 1,5°C como límite que se firmó en 2015 y que se revalidó en la COP26 este año requiere una aceleración de los compromisos y acciones de todos los actores involucrados.   

La tercera brecha es la digital. Mientras en algunos países el acceso a internet es considerado un derecho humano por las oportunidades que brinda, en América Latina el 32% no accede al servicio, según un informe del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Microsoft. En un mundo donde la tecnología brinda cada vez más herramientas y que en 2022 tendrá al 65% del PBI global digitalizado, según la consultora IDC, la falta de acceso es un problema grave.

El ultimátum ambiental 

En el último tiempo, pasamos de las venas abiertas a las brechas abiertas. De alguna manera, los países ricos dejaron de ser la amenaza para transformarse en referencias de las que se pueden tomar ideas. Así surgió la primera ola de emprendedores, imitando modelos de negocio exitosos y replicando en Latinoamérica grandes compañías que hasta se transformaron en unicornios. Lo mismo sucedió al poco tiempo con las plataformas de economía del conocimiento, que dinamizaron diferentes sectores (transporte, retail, alimentos, etcétera) y también aportaron al desarrollo de la región. Sin embargo, todavía no es suficiente. La tercera ola, consciente de estas necesidades, es la de los emprendedores de impacto. Se trata de aquellos que lograron ubicar al propósito de erradicar estas brechas en el corazón de su negocio y ampliar la mirada en dos aspectos: primero, en contemplar el impacto social y ambiental además del económico y; segundo, en considerar a la sociedad –y la tierra que habitan- como parte de los stakeholders del negocio.

Los líderes que cuentan con ese ADN de impacto son los que llevan el potencial de impulsar a Latinoamérica en su camino hacia el cierre de las brechas abiertas. Para ellos, los países desarrollados son aliados: los fondos sustentables captaron 40.500 millones de dólares en el primer trimestre de 2021, según BlackRock; emprendimientos como Mamotest, Beeflow, Pachama, Wheel The World ya recibieron apoyo directo de estos fondos y otros como Club Solidario y Guayerd, están en proceso de concretarlo.

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La descripción del escenario es mucho más sencilla que llevar el cambio adelante. De las venas pasamos a las brechas y de las brechas debemos pasar al momento en que todos los actores de Latinoamérica (emprendedores de todo tipo, tamaño y rubro; gobiernos; la academia; sindicatos y ciudadanos) acompañen este cambio donde el desarrollo económico incluye también al impacto social y ambiental. Ese será el camino que debemos forjar hacia el futuro inclusivo, regenerativo y sostenible en Latinoamérica.

 

* Daniel Tricarico. Director de la Asociación de Emprendedores de Latinoamérica y Fundador de IMPACTLATAM.

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