El escenario global atraviesa una etapa de redefinición. En un contexto de mayor proteccionismo y competencia por inversiones, Argentina tiene la oportunidad de reposicionarse a partir de tres ejes: la revitalización del Mercosur, el avance del acuerdo con la Unión Europea y el fortalecimiento del vínculo con Estados Unidos.
El Mercosur está en transición. Durante años mostró avances limitados en integración económica profunda, pero hoy existe una presión concreta por modernizar su funcionamiento y acelerar negociaciones externas. Para las empresas argentinas, esto implica un entorno regional más dinámico, con oportunidades, aunque también con mayores exigencias competitivas.
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El bloque sigue siendo nuestra principal plataforma de inserción regional. Brasil y los demás socios representan mercados naturales para manufacturas y servicios, y para los inversores internacionales el Mercosur ofrece un marco de referencia que reduce incertidumbre frente a operar de manera aislada en cada país.
Sin embargo, persisten fricciones que limitan el comercio intrarregional: burocracia aduanera, diferencias regulatorias y falta de armonización técnica. Simplificar procesos y coordinar normas es clave para liberar el potencial de cadenas regionales en sectores como autopartes, alimentos procesados y servicios basados en conocimiento.

En paralelo, el acuerdo con la Unión Europea puede modificar reglas de juego a mediano plazo. No se trata solo de aranceles, sino de estándares más exigentes en materia ambiental, trazabilidad y gobernanza corporativa. Para algunos sectores exportadores representa acceso preferencial a un mercado estratégico; para otros, implica un proceso de adaptación. En cualquier caso, la profesionalización y el fortalecimiento del compliance serán condiciones necesarias para competir.
La apertura genera desafíos para la industria local, pero también incentivos a modernizarse. Las empresas que inviertan en tecnología, eficiencia y estándares internacionales estarán mejor posicionadas tanto en el mercado interno como en el externo.
La implementación del acuerdo dependerá, además, de la cohesión del Mercosur. Un bloque coordinado multiplica beneficios; uno fragmentado los reduce.
Nada de esto será suficiente sin estabilidad macroeconómica. Los acuerdos generan oportunidades, pero las decisiones de inversión se basan en previsibilidad: reglas claras, marcos regulatorios consistentes y menor incertidumbre.
Argentina tiene sectores bien posicionados —agroindustria, energía y economía del conocimiento— y también la posibilidad de consolidarse como plataforma regional de servicios corporativos y estructuras de inversión.
La diversificación de mercados no reemplaza al comercio regional, lo complementa. Integrarse como bloque fortalece nuestra posición frente al mundo.
El desafío es claro: transformar integración en competitividad y previsibilidad en inversión sostenida.
(*) Country Head Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, TMF Group.