05 dic 2020
PERIODISMO PURO |Entrevista
martes 10 noviembre, 2020

Gerardo Díaz Beltrán: "Llevamos más de 40 mil empresas cerradas"

Para el titular de CAME la situación económica aún no terminó de producir daño en la economía argentina.

Jorge Fontevecchia entrevistó a Gerardo Díaz Beltrán Foto: Pablo Cuarterolo

—¿Cuál es su balance a casi ocho meses de comenzados los movimientos restrictivos frente al coronavirus a nivel pymes? ¿Cuántas van a quedar en el camino y cuántas sobrevivirán?

—Vivimos una situación inédita, que entendemos que no terminó de generar efectos adversos. Sobre todo, en la pequeña empresa. La afectación de la de la macroeconomía impactó directamente a la pequeña empresa. Llevamos algo más de 40.000 empresas cerradas, con serias dificultades para reingresar a la economía formal. Aparte de la preocupación, estamos haciendo un trabajo para entender las herramientas que hacen falta en la post-pandemia, que no sabemos cuándo llegará. Atravesamos una cuarentena excesivamente prolongada. No cabe ninguna duda que había que proteger al ciudadano. Sin personas ni consumo, no hay empresas. Hay que buscar el difícil equilibrio de transitar este delgado camino entre sostener un estado sanitario y darle robustez a la economía.

—Si tomamos el universo de 600.000 pymes, estaríamos en que el 7% ya habrían cerrado.

—Es un número importante. No pasa solamente por el número estadístico. Las pymes, y fundamentalmente la pequeña, está integrada por familias, muchas de ellas con algún grupo reducido de empleados. Es gente que no solo no vuelve a reinsertarse en el sistema. También es el germen de un círculo vicioso distorsivo que afecta al consumo, que afecta el costo del estado para sostener a esa gente que se queda sin trabajo. Es indudable que la pandemia generó otros efectos, pero tenemos que ponernos firmemente a trabajar para reactivar la economía en este segmento. Un sector que representa 70% del empleo formal y algo más del 40% del PBI nacional.

Unas 60 mil pymes cerraron por los efectos de la pandemia

—Varios intendentes del conurbano que entrevistamos durante la pandemia planteaban que hacían un poco la vista gorda para que los comerciantes no quiebren. ¿Qué nivel de cumplimiento tuvieron las medidas restrictivas respecto a los comercios?

—Inicialmente muy bueno, casi absoluto. El sector comercial fue el que más se afectó. Estuvo absolutamente cerrado, salvo los rubros esenciales. A medida que mejoró el estado sanitario, se fueron dando las aperturas. Lo que sí pasa hoy es que tenemos algunas provincias que regresan a fases anteriores. Eso le quita sustentabilidad a la actividad económica. Es volver nuevamente a las restricciones y tener el problema de no buscar el equilibrio para que todo traccione armónicamente.

—Aquellas que están abiertas se encuentran con que los consumidores se retrajeron y venden mucho menos?

—Sí. La característica y calidad de consumo varió mucho a raíz de la cuarentena y la pandemia. El sector comercial viene con una caída acumulada en lo que va del año de enero hasta octubre de casi el 28%. Hay unos meses que hemos tenido índices negativos muy muy altos. A esto se suma que venimos de años realmente de índices negativos en la venta minorista. El consumo está retraído, se volvió a sentir este último mes de forma muy severa. Es indudable que la macroeconomía afecta directamente sobre el consumidor y sobre el comercio minorista o sobre la industria, algo que se sintió más fuerte el último mes. Hubo retracción de consumo, inclusive en los rubros que más más traicionaban, como alimentos, farmacias, construcción. Fue una retracción importante y sumado también. La incertidumbre en la economía genera un desabastecimiento bastante importante.

—¿Hablamos de precios constantes sin calcular la inflación?

—De cantidades físicas, no de facturación. En CAME tenemos una estadística que medimos cantidades comparativamente interanual.

—¿Se frenó la recuperación que se producía ante la progresiva apertura de comercios?

—Así es. Lo vemos también en farmacia y en el rubro alimentos.

—¿A qué lo atribuye?

—Hay varios factores desde nuestro punto de vista. Cuando inició la cuarentena la gente tenía incertidumbre sobre qué iba a pasar. Se sobrestockeó en muchos rubros. Ahora pesa la dificultad del poder adquisitivo. Es algo que tracciona. También se perciben síntomas de desabastecimiento. En el interior del país faltan muchos elementos del comercio cotidiano: La caída en indumentaria y marroquinería, supera en algunos casos el 30%.

—¿La incidencia sobre el consumo fue diferente en AMBA que en el interior del país?

—La falta de actividad en AMBA afecta al resto del país. La causa es la capacidad de producción industrial. Esto constituye un buen llamado de atención para generar espacios industriales en el resto del país. Al cerrarse el AMBA y  tener una cuarentena mucho más extendida también produce situaciones que llegan a las mediciones. Analizamos 30 ciudades de todo el país; son más de 1.000 comercios. En ese número están también los del AMBA.

—Tiene un puesto ejecutivo en  la Confederación Empresaria de su provincia, Misiones. ¿Cómo es la comparación sobre cómo afectó el coronavirus a las localidades fronterizas de Misiones de los dos países?

—Soy vicepresidente primero de la Confederación Económica de Misiones. Fui presidente hasta que asumí en CAME. Lo que vivimos hoy en Misiones dista mucho del resto del país. Al tener las fronteras cerradas, esa gran cantidad de dinero que se iba a Brasil y fundamentalmente a Paraguay, hoy está reciclándose en la economía misionera. Se está debatiendo y se aprobó en Cámara de Diputados un presupuesto para tener un tratamiento diferencial en las provincias fronterizas respecto al resto del país. Por tanto, Misiones no es el ejemplo para medir el resto. Estamos pasando un momento muy bueno. No se incrementaron sensiblemente las ventas, pero todo lo que iba a los países vecinos se queda en la provincia.

Atravesamos una cuarentena excesivamente prolongada, asegura el titular de CAME

—¿Es por el dólar?

—Tenemos dos asimetrías muy marcadas en Misiones. Una es cambiaria, fundamentalmente, con Brasil. La otra, estrictamente estructural, es con Paraguay. Las asimetrías del tipo de cambio son muy breves. Cuando tenemos un tipo de cambio alto y fuerte en Argentina rápidamente se va absorviendo, ya sea por el cambio o por inflación. Paraguay tiene una capacidad muy fuerte y una estructura impositiva absolutamente liviana, que puede competir sin ningún problema con Argentina.

—Dijo que: "en lo que va de la pandemia, el turismo regional perdió el ingreso de alrededor de 80.000 millones de pesos entre marzo y agosto por los seis fines de semanas largos y las vacaciones de invierno, que repercuten no sólo en forma directa en el sector sino también en las economías regionales que a diferencia de otras actividades." Usted marcaba que "en otras actividades pueden generarse stock que después se puede vender. En el turismo lo que se perdió, se perdió". Y además siendo Misiones una provincia especialmente turística, entiendo que el tema lo toca de cerca. ¿Qué expectativas tiene respecto a recibir turistas de los países limítrofes?

—Hay expectativas. El turismo es el sector que primero ingresó a la cuarentena. No sabemos cuándo va a tener actividad plena. La afectación es terrible. No solo en lo que se percibe en Capital, donde todos los hoteles estuvieron cerrados. Cualquier actividad que se genere en el turismo será muy bien recibida. Es un sector absolutamente paralizados. En Misiones empezó a haber turismo interno. Eso marcó una tendencia positiva en lo económico. El turismo está ligado al estado de ánimo del consumidor. Es una actividad que derrama muchísimo, especialmente a nivel regional.

En CAME hay dirigentes que son funcionales al poder político

—¿Hay empresarios o conocidos suyos de CAME que radiquen sus negocios en Paraguay?

—La relación con Paraguay es histórica. Hay muchos ciudadanos misioneros que tienen una ligazón familiar en ambas orillas. Hay muchos proyectos en Paraguay. Es un país que está cambiando y mucho. Tiene una estructura impositiva atractiva. Tiene tres impuestos centrales, que no superan ninguno de ellos el 10%, tiene una ley de maquila que no supera el 1% para ganancias (n. de la r.: es Realización, bajo contrato con una matriz extranjera, de procesos industriales o de servicios, totales o parciales sobre bienes tangibles o intangibles, admitidos temporalmente y cuyo producto tiene como destino a la exportación) y es un país con incentivos para atraer capitales. Hay muchas inversiones en Paraguay. Y muchas de ellas son de misioneros.

—¿Cómo será el próximo invierno argentino si no existe una vacuna lo suficientemente extendida como para solucionar el problema del coronavirus?

—Siempre tenemos expectativas. Los que estamos al frente de una pequeña empresa siempre apostamos. Somos optimistas. Pero si no estuviese esa vacuna y viviésemos un rebrote del nivel que tiene Europa hoy, el panorama es poco alentador. La Argentina viene hace muchos años atravesando ciclos absolutamente negativos. No estamos en condiciones de seguir soportando cuarentenas o limitaciones en la actividad como hasta ahora. Lo que vivimos hoy es un desafío importantísimo. Debe servir para generar grandes oportunidades dentro de este desastre natural que vivimos. Pensar en un rebrote para el invierno que viene sería catastrófico. Es algo que debe preverse, porque está dentro de las posibilidades. No tenemos que esperar el invierno. Vivimos temperaturas muy altas en el interior de la Argentina, fundamentalmente en el norte, y se sigue presentando incremento de casos.

—Muchos empresarios pyme señalan que tienen un problema en la actual legislación laboral, especialmente en materia de despidos. Hay muchos empresarios que están al borde de la quiebra entre juicios laborales, muchas veces injustos.

—Así como evolucionó el consumo, la dinámica y el comportamiento de la sociedad, tenemos que empezar a aggiornar la legislación. Se precisa una ley laboral mucho más moderna, más flexible. No que perjudique al sector trabajador, pero sí para que estimule realmente la toma de empleo. Se precisan relaciones más flexibles. Tomar personal puede poner en riesgo la continuidad de la empresa. No se puede descapitalizar a una pyme para pagar una indemnización. Debemos discutir este aspecto. Es una situación que vivimos todos, aunque parezca un comentario un poco ingenuo. Deberíamos tener la capacidad de deponer mezquindades y sentarnos a trazar, en lo laboral, lo financiero o en lo impositivo, grandes formulaciones o reformulaciones. La economía no tiene ningún tipo de protección ni capacidad de reacción ante situaciones como ésta. . Tasciende al proteger a la pequeña empresa. Se trata de brindar el ámbito oportuno para que ese gran motor que está disperso a lo largo y a lo ancho del país, tenga la posibilidad de generar, por ejemplo, el 70% del empleo o seguir haciendo creciendo en el PBI nacional.

—¿Qué opina de la propuesta de Roberto Lavagna respecto de un marco regulatorio laboral diferente para los empleos nuevos?

—Está muy bien. Debemos arrancar discutiendo cómo hacemos para sostener a los que están empleados hoy. Hacer cosas de acá para adelante es algo auspicioso, pero tenemos que discutir qué podemos hacer para sostener el empleo actual. Si la economía no tracciona, es muy difícil pensar en recuperar mano de obra y tomar nueva. Primero cabe pensar cómo hacemos y qué herramientas vamos a tener para sostener el empleo actual. Después una cosa llevará a la otra.

La incertidumbre en la economía genera un desabastecimiento bastante importante

—Brasil modificó su ley laboral, ¿Se perciben modificaciones en las localidades fronterizas a Misiones?

—Brasil es muy ágil. También en los aspectos positivos, aún a pesar de tener una carga tributaria semejante a la nuestra, no como la nuestra indudablemente. La nuestra es mucho más importante, pesada y abarcativa. Si nos fijamos los números de los principales estados de Brasil, dos de los cuales lindan con Misiones, la actividad económica en Brasil no tuvo el resentimiento de la Argentina, pese a que padecieron duramente la pandemia.

—¿Se generó más empleo o se achicó?

—No se achicó. Generar más empleo también lleva tiempo. Es algo ligado a la posibilidad y al desarrollo de inversión del país. La reforma fue positiva. No quiere decir que debamos hacer exactamente lo mismo en Argentina. Pero tenemos que hacer una flexibilización o modernización laboral. No tengo ninguna duda.

—En la región Emilia-Romaña las microempresas representan 74% de las exportaciones del país. ¿Es posible crear algo similar con las pymes de Argentina?

—En Argentina las pymes viven del mercado interno. Las exportadoras no alcanzan al 10%. Pero el desarrollo dependerá del mercado externo. El mercado interno tiene su techo. En gobiernos de hace algunos años el consumo interno fue récord. Aún así no se desarrolló del todo el sector de la pequeña empresa. Hace mucho tiempo que venimos planteando la necesidad de apoyar y tener una política de estado para que realmente estimule a que la pequeña empresa exporte.

—Manifestaron el apoyo a la ley que declara la emergencia por 180 días para los concursos preventivos y quiebras pero señalaron que no debe limitarse a las empresas que entraron en crisis en emergencia sanitaria. ¿Cómo debería ser aplicada?

—Lo que nosotros pretendemos es que la pequeña empresa tenga la posibilidad de ingresar a esta ley para proteger las quiebras o los concursos. Debería tener un capítulo que contemple la particularidad de una empresa. No es lo mismo un concurso de quiebras para una gran empresa o para una multinacional que para una pequeña empresa. Lo mismo cuando hay conflictos laborales. Debemos contar con la alternativa de una negociación mucho más franca, más liviana y de resolución mucho más inmediata, algo que tiene una representación en la cuestión costos. También con las exigencias para ingresar a a esta ley de concurso. Lo que queremos evitar realmente es que se inunden los tribunales de concursos de quiebra. Cuando una pequeña empresa cierra difícilmente pueda volver a abrir.

—Usted dijo textualmente: "Hay que elaborar un plan integral para salir del problema financiero que enfrentan las pymes". ¿Concretamente cuál sería el plan que ustedes promueven?

—Una tasa de financiamiento para una pequeña empresa no tiene que estar ligada a una tasa positiva o negativa respecto a la inflación. Debe guardar relación con la rentabilidad neta que maneja una pequeña empresa. El crédito que no se puede pagar termina generando demandas a las pequeñas empresas o produciendo su quiebra. Se necesita un sistema financiero que contemple las particularidades de la pequeña empresa. Si le exigimos patrimonialmente flujo de fondos y garantías, como a una gran empresa, jamás calificará. No podrá evolucionar para transformarse algún día en grande. Hay que tener políticas de estado para la pequeña empresa que contemplen su funcionamiento. No sería dar un cheque en blanco. Lo que se precisan son las herramientas para que traccione y contribuya al desarrollo.

Pymes: 5 herramientas para gestionar la empresa a bajo costo

—¿Fueron convocados a reuniones con el presidente Alberto Fernández como otras cámaras empresarias?

—Es lamentable, pero CAME nunca fue convocada por el gobierno nacional para hablar de la problemática de las pymes. Representamos a todas las pymes del país. No hay ninguna entidad en la Argentina que tenga la territorialidad que tiene CAME. Cada integrante de CAME es titular en una pyme. Eso genera un diálogo muy empático y muy realista respecto a la problemática pymes. Lamentablemente por diversas causas. No hemos sido convocados por el gobierno nacional para debatir la problemática pyme. Tenemos aportes para hacer. A pesar de no ser convocados. Hicimos aportes en todo este tiempo de pandemia. Lo planteamos respetuosamente como corresponde y técnicamente. Parte de lo que dijimos fue aplicado por el gobierno nacional.

—¿Y a qué lo atribuye?

—La política de Argentina es difícil. Hay una grieta severa, inútil, que llega a niveles como los que estamos pasando la dirigencia gremial empresaria. En lo personal, no tuve ni tengo absoluta actividad política, Jamás participé en un partido político, ni fui afiliado. La sensación de que trabajé con el gobierno anterior genera en algunos que nos encasillen en determinados sectores. No creo que sea un tema del presidente de la Nación. La obligación de una actividad gremial empresaria es ser bisagra entre quienes gobiernas y quiénes somos los representantes de las pequeñas empresas. Necesariamente hay que articular con el gobierno, poder discutir. Hay que disentir y hay que apoyar lo que estamos de acuerdo.

Hay ramas del gobierno que prefieren no discutir con la representación de las Pymes

—¿Acusan a la conducción de CAME de estar relacionada a Cambiemos?

—Es así. Y lo desmiento categóricamente. Desde el presidente hasta el último consejero. CAME es una entidad que tiene 90 consejeros, que reflejan a los 24 distritos federales. Sesionamos por lo menos una vez por mes. Tenemos el consejo integrado de forma muy heterogénea. No se pregunta ni religión, ni política, ni partido, ni ideología. Ahí congregamos muchas personas de muchos lugares del país que no tienen nada que ver con la política. No es un problema del gobierno central, del presidente. Son ramas o del poder que no están dispuestas a compartir o a disentir o discutir temas que tienen que ver con la problemática de las pymes. Estamos decididos y dispuestos a preservar y a defender la institucionalidad de CAME.

—Dijo que "creíamos que con Mauricio Macri se venía una buena etapa para las pymes; pero, al final, no se concretó". ¿Cuál es su balance?

—Cuando se dictó la Ley Pyme fue un capítulo atractivo, interesante. Hubo algunos articulados que nunca se pusieron en práctica. Por ejemplo, el famoso artículo 10 que hubiese sido de mucha utilidad para muchas provincias. Luego, la macroeconomía, la especulación, la falta de visión para las inversiones en el sector productivo quedaron en segundo plano. Se priorizó lo especulativo. Se deterioró la actividad de las pymes. Tuvimos un buen arranque. La Ley Pyme marcó una bisagra que se desmoronó posteriormente.

—¿Hay grieta también dentro de CAME?

—En CAME hay dirigentes que son funcionales al poder político. Eso también genera debate, discusión y problemas. Hay interna en CAME. Pero es la absoluta minoría. Hay un consenso absoluto dentro de la entidad de trabajar por las pymes y no tener que ver con los vaivenes políticos. No estamos en un proceso eleccionario en este momento. Intentamos llamar a una asamblea. No se pudo hacer por lo la intromisión de la política. Pero estamos decididos a sostener la institucionalidad y a respetar los términos que corresponden.

—La Inspección General de Justicia suspendió el proceso electoral dentro de CAME.

—Sí.

—En plena pandemia hubo una serie de acusaciones que provenían del supermercadismo chino sobre manejo de fondos, se llegó a mencionarse el nombre de Carlos Grosso. ¿Cuál es el punto de conflicto?

—La Cámara China no participó jamás de la entidad. Es una denuncia absolutamente armada por sectores de la política y por algún dirigente funcional. La denuncia fue planteada en la IGJ. Concretamente el denunciado es quien le habla más algún otro dirigente. Pero estamos muy tranquilos. Tenemos las cosas bien hechas. Estos traspiés no hacen más que deteriorar la imagen de la entidad. Pero no lo van a lograr. Seguiremos trabajando como hicimos siempre. Trabajaremos por los que representamos. No entraremos en un juego político. Ni siquiera les contestamos. Si hay elementos que deben ser jugados, que lo hagan. No nos van a amedrentar con este tipo de prácticas, Estamos habituados y estamos acostumbrados. No estamos en rencillas políticas. Nos dedicamos a trabajar por y para la entidad.

—¿Se refiere a la política nacional o una política de CAME?

—A la política nacional en connivencia con una absoluta minoría dentro de CAME.

La caída en indumentaria y marroquinería, supera en algunos casos el 30%

—¿Cuál es esa rama de la política nacional?

—Hay personas que se identifican con La Cámpora. Son los que expresaron algunas exigencias que no son acordes con el manejo y la funcionalidad de la entidad.

—¿Cuál es su relación con el que era vicepresidente primero de la entidad, el dirigente fueguino Diego Navarro?

—Hoy muy mala.

—¿Por qué?

—Porque es una de las personas funcionales a toda esta rama externa que no tiene nada que ver, que no conoce CAME, que no ha participado jamás en CAME y no tiene el conocimiento cabal de la institucionalidad que tenemos, de los años de trabajo con absoluta seriedad. Es algo que trasciende a mi rol de presidente.

—¿Qué sucedió que hubo un cambio en CAME? Durante 16 años fue presidida por Osvaldo Cornide.

—Me tocó suceder a Fabián Tarrío, dirigente de Lomas de Zamora que había sucedido a Cornide, que fue un dirigente histórico, prácticamente el creador de CAME. Tuvo una gestión brillante, pero había que evolucionar, había que aggiornarse. Modernizar la entidad. Aperturas como la actual tienen su costo. Al democratizar una entidad, se presentan situaciones como la que vivimos. No podemos permitir que personas o dirigentes de la política pretendan dirigir CAME.

—¿Cuál es la relación de CAME con las organizaciones de los empresarios más grandes como AEA o la UIA?

—Excelente. Con la CAC, con la UIA, con AEA, con la Copal. Hemos compartido muchísimos eventos y mesas de trabajo en distintos ámbitos. No tenemos problemas.

—¿Cómo vivió el conflicto de los Etchevehere en Entre Ríos? ¿Cómo irradió en los empresarios del campo de Misiones?

—Fue una alerta importante y una preocupación. No cabe duda que más allá del conflicto que pueda tener la familia, fue una usurpación. En Misiones tenemos algunas pequeñas usurpaciones en este momento. Estamos muy atentos. En lo personal y en lo institucional repudiamos absolutamente esa metodología. No solamente no aporta solución. Si no respetamos la propiedad privada difícilmente podamos evolucionar y llevar adelante inversiones y proyecciones para el desarrollo del país.

—¿Qué opina sobre el planteo sobre la agricultura y de la posibilidad de mover gente del conurbano hacia el interior?

—Vivo en el campo desde muy chiquitito. Aparte de ser veterinario, soy productor ganadero con mi hermano. Al campo se lo ve con mucha tentación. El trabajo del campo tiene sus propias características. Muchos eligen la vereda de en frente, sin conocer en profundidad qué significa. Hay mucho por hacer en el campo, mucha tierra que se puede convertir. Hoy la tecnología permite realmente convertir suelos muy pocos productivos en producciones posibles, inclusive para producir proteínas de distinto tipo. Hay posibilidades reales. Pero debe haber decisiones en cuanto al trabajo, el sacrificio para que sea rentable.

—¿Qué opina los distintos proyectos englobados en la metáfora de "vaca viva" en lugar de Vaca Muerta entre ellos de Gustavo Grobocopatel, del presidente actual de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina?

—Es absolutamente posible ampliar la producción agropecuaria. Estamos en una provincia chica. Tiene una ganadería en crecimiento. Se están haciendo las cosas bien. No pasa por la cantidad de cabezas. Lo importante es la capacidad de producir kilos por hectárea. Algo transportable a todas las actividades. No hace falta tener superficies interminables para ser productivos. Se debe aplicar tecnología, conocimiento, que no es un dato menor. Hay que trabajar con mucha seriedad, con mucha firmeza. Todo lo que tenga que ver con el campo son ciclos biológicos. No se manejan ni por resoluciones ni por dictámenes sino por tiempo, dedicación. Los frutos llegan con el tiempo.

"Un rebrote para el invierno que viene sería catastrófico"

—¿Los emprendimientos agropecuarios en su gran mayoría son pymes?

—Hay muchísimas pymes en el sector primario. En CAME tenemos un sector de Economías Regionales. Es el primer eslabón. Casi el más importante, porque es el de mano de obra intensiva y es el que genera el producto para que después se industrialice e inclusive se exporte o se lleve al mercado interno. Hay un potencial importante para transformarse en exportadores.

—¿Hay una psicología diferente entre un empresario Pyme y uno de una gran empresa?

—La pyme no tiene mucho espacio para la especulación. La pyme vive cotidianamente. No suele tener espaldas financieras. Genera todos los días. Pone su capital en riesgo cotidianamente. Todos los que tenemos una pyme aspiramos algún día a tener una gran empresa. Los colaboradores están en el día a día con el titular de la empresa. La simbiosis que se produce entre el grupo de colaboradores y quien le toca liderar es muy fuerte, constructiva: Eso genera intercambio de conocimiento. Algo a lo que quizás no acceda una gran empresa con gran inversión en recursos humanos. En este último tiempo y gracias a la tecnología, tenemos mucho acceso a muchísima información y ejemplos para poner en práctica lo que se hace en otros lugares. Adaptarlos a nuestras características, a nuestras regiones. La idea es acceder a la igualdad de competitividad para tener el mismo nivel de conocimiento.

—¿Cómo es la comparación entre un empresario de Misiones con uno de Rio Grande do Sul, por ejemplo?

—Fundamentalmente en Misiones, tenemos similitudes. Misiones está compuesta por un crisol de razas muy muy variado. La cultura del trabajo es algo prioritario. Admiro de Brasil el nivel de compromiso y nacionalismo respecto a su producción. Protección para el mercado interno y compromiso para exportar. Las Pymes producen denominadores, una de ellas es precisamente ese compromiso y el hecho de que esté todo un grupo familiar involucrado.

—¿A nivel internacional está involucrado con otras asociaciones similares? ¿Hay una cultura pyme distinta en Italia, en España o en Estados Unidos?

—Hay una cultura distinta, pero también tenemos políticas distintas. Italia tiene muchos años de desarrollo, por ejemplo. Miramos a Italia como el gran ejemplo. Soy de la idea de que no todo lo que se hace en el resto del mundo puede ser aplicado en la Argentina, pero sí pueden ser adaptables. Son muchos años de desarrollos del viejo continente y de otros países del propio continente con desarrollos sustentables y políticas de estado. En la Argentina no tuvimos capacidad de generar políticas de estado perdurables y sustentable en lo que hace al desarrollo de la pequeña y mediana empresa.

Hay que hacer una modernización laboral. GDB

—¿Qué sintió cuando vio que Cristina Kirchner en su carta recomendaba reunirse con todos los sectores? ¿Cuál es la posición de CAME sobre un gran acuerdo nacional?

—Aunque parezca ingenuo, el planteo es justamente deponer mezquindades y trabajar. No tengo duda de que para salir de la situación que estamos necesitamos juntarnos absolutamente todos sin perder identidad, con respeto, tolerancia. Poder escuchar y decir lo que estamos y no de acuerdo. La Argentina está en una situación preocupante para el ciudadano común, para el empresario, para dirigentes gremiales y empresarios. Si algo hay que pregonar y trabajar es para hacer una gran mesa de consenso donde estemos sentados todos: los trabajadores, la política, los dirigentes gremiales empresarios, los empresarios. Hay que empezar a dar un paso en serio, no exclamativo sino abarcativo y sincero.

—¿Hay alguna región del país en la que hayan cerrado más empresas?

—Nuestras mediciones son nacionales. La pequeña empresa tiene la característica de seguir trabajando, pese a todo. Eso se debe a la mentalidad que tiene el titular de una pyme. Muchas veces se cierra una pyme y automáticamente se ponen a trabajar y explorar otros rubros, otras actividades. Se cierran algunas pymes y se abren otras, pero no cabe ninguna duda que el porcentaje de mortalidad de las pymes supera terriblemente al nacimiento de pymes.

—¿Cuántas pymes habrá a fin del año próximo?

—Trabajamos e intentamos hacer notar la importancia de sostenerlas. En este contexto que vivimos se hace sumamente difícil, pero tenemos que buscar la forma entre todos. El gobierno puso una parte, pero puede hacer mucho más con respecto a políticas definidas. Un ejemplo está en el esquema impositivo. Lo perentorio es que no se sigan cerrando Pymes.

—El presupuesto enviado por el ministro Martín Guzmán plantea un crecimiento para el año próximo de 5% después de una caída de este año del 12%. ¿Cuál es su propio pronóstico y qué escucha de los asociados a CAME para el año próximo?

—No manejamos los números ni la información que maneja el ministro Guzmán pero me parece que tiene un sobrevalorada la situación.

—El optimista sería Martín Guzmán.

—Sí, claramente.

—Si no se crece el 5%, habiendo caído 12% este año, va a ser muy difícil que se mantengan esas empresas pequeñas y medianas. Si se crece 3% en lugar de 5% y se cayó 12%, o sea que va a estar -9 que en el año 2019.

—Por eso se requiere de medidas audaces. Hay que modificar urgentemente el sistema impositivo. Aunque realmente genere ese bache de financiamiento que hoy tampoco está, redundará en un círculo virtuoso que generará actividad, consumo y terminará neutralizando el costo fiscal inicial en la baja de impuestos. Hay muchos impuestos que se pueden bajar a la pequeña y mediana empresa. Hacerlo las hará sostenibles.


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