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El verdugo del Río de la Plata

Mbappe, Griezmann y compañia, que venían de eliminar a Argentina, ayer dejaron afuera a Uruguay.

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Kylian Mbappé, la gran figura de Francia en la victoria sobre Argentina. | AP

Si entrenador es quien se ocupa de preparar a un plantel durante la semana, de establecer un ambiente competitivo pero sano entre quienes lo integran y de liderarlo inyectándole lo más naturalmente que sea posible cohesión y sentido de pertenencia, no hay mejor palabra para definir a Oscar Washington Tabárez. Si seleccionador es quien elige a los que están más aptos para integrar el grupo de cara a un evento deportivo de primera magnitud, tampoco. Pero si director técnico es quien se encarga de ejecutar en cancha los cambios de hombres y de sistema adecuados a las frenéticas necesidades del momento, esa excelencia queda relegada en el caso del maestro, cabeza de un proceso al que la derrota de Uruguay contra Francia en el Mundial no debería afectar esencialmente.

En primer lugar, porque las virtudes de Tabárez superan sus defectos. En segundo término, porque ha sido un conductor ejemplar. Y, ya que hablamos de circunstancias, porque el seleccionado que perdió 2 a 0 contra esta admirable representación francesa hizo un gran Mundial.

Conocido por su excelencia táctica y por su inteligencia para neutralizar al rival a través de planteos integrales con foco en una defensa que empieza con Godín y con Giménez pero que termina con Suárez, Tabárez no pudo contar con el goleador de las Eliminatorias, Edinson Cavani, y, en un partido en el que su equipo se mostró impreciso y, en ocasiones, impotente, decidió no colocar en el campo a Carlos Sánchez, el mejor asistidor –cuantitativa y cualitativamente– de Uruguay.

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Así, la selección fue un rosario de centros mal tirados, un pecado que Suárez no capitalizó, acompañado al comienzo del encuentro por la elegancia de Rodrigo Bentancur, pero sin aportes positivos de Christian Stuani. Esta vez, ni el timing ni los nombres funcionaron a la hora de los cambios y, como dijo Pablo Forlán –padre de Diego y campeón de América con Peñarol y con Uruguay, entre otros títulos– los charrúas fueron superados con justicia y extrañaron demasiado ya no a un goleador de élite, sino también a un futbolista de extraordinaria versatilidad y despliegue físico: Cavani.