4th de March de 2021
BLOOMBERG CAMBIO CLIMÁTICO
26-09-2019 00:15

Opinión | Greta Thunberg ya no quiere hacer amigos

Lejos de estar satisfecha con toda la atención que recibe de los líderes mundiales, está enojada porque esta atención no se traduce en acciones climáticas radicales. Esta molestia puede causar problemas al sistema político que hasta este momento ha optado por acogerla.

Leonid Bershidski
26-09-2019 00:15

En la cumbre climática de las Naciones Unidas el lunes, la activista climática sueca de 16 años Greta Thunberg pronunció el más incendiario de sus discursos hasta el momento. Lejos de estar satisfecha con toda la atención que recibe de los líderes mundiales, está enojada porque esta atención no se traduce en acciones climáticas radicales. Esta molestia puede causar problemas al sistema político que hasta este momento ha optado por acogerla.

El contenido del mensaje de Thunberg -sobre que el mundo solo tenía 420 gigatoneladas de dióxido de carbono para emitir, al 1 de enero de 2018, antes de que las temperaturas globales suban 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales- proviene de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU publicado el año pasado. El IPCC estimó que cumplir con este "presupuesto de carbono" hasta fines de siglo tendría un 66% de posibilidades de limitar el calentamiento global a 1,5 grados, el objetivo especificado en el Acuerdo de París de 2016.

"¿Cómo se atreven a seguir desviando la mirada y venir aquí diciendo que están haciendo lo suficiente, cuando la política y las soluciones necesarias aún no están a la vista?", preguntó Thunberg en su discurso. Tiene razón acerca de que las políticas actuales son insuficientes. Según el Climate Action Tracker, un proyecto respaldado por el Ministerio de Medio Ambiente alemán, si los países cumplen con sus compromisos sobre las medidas climáticas, el mundo superará los 1,5 grados de calentamiento alrededor de 2035 y los 2 grados en 2053. Eso, según el IPCC, implicará una serie de desastres ambientales; todos dentro de la expectativa de vida de Thunberg.

Lo que Thunberg sigue haciendo cada vez que habla públicamente es recordarles a los líderes que los objetivos marco que han suscrito son más ambiciosos que las políticas reales que se han adoptado para lograrlos.

Para dar solo un ejemplo, en Alemania, el movimiento Juventud por el clima (o Fridays for Future, como se le conoce en inglés) de Thunberg exige reducir una cuarta parte de la generación de energía a carbón del país para fines de este año y establecer un impuesto de 180 euros (US$198) por cada tonelada de emisiones de CO2. Ni siquiera el Partido Verde de Alemania llega tan lejos: apunta a un recorte de un cuarto en la generación de energía a carbón para fines de 2022 y un impuesto al carbono de 40 euros por tonelada de CO2.

El problema con los objetivos climáticos elevados, como el objetivo de 1,5 grados o el impulso de la presidenta electa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para la neutralidad de carbono de la UE para 2050, es que son difíciles de alinear con otros objetivos políticos razonables, como asegurarse de que no haya diferencias tan marcadas en los niveles de vida entre países. Y cuando se trata de gobernar, especialmente el estilo europeo, basado en coaliciones, se deben encontrar compromisos entre, por ejemplo, las políticas sociales y ambientales. Esto da como resultado programas generales bien intencionados, pero no particularmente de gran alcance.

Así que Thunberg tenía dos opciones: contentarse con ser una celebridad, pronunciar discursos ante los líderes mundiales, aceptar premios y asentir junto con sus garantías de que la escuchan y la entienden; u optar por un discurso cada vez más radical que la dejará fuera de la cultura convencional. Ella parece haber elegido esto último.

"¿Cómo se atreven?", la frase de su discurso en la ONU, difícilmente pretende conseguir más compromisos para dar discursos. Sin embargo, atraerá a una generación más joven frustrada por la desconexión entre los ambiciosos objetivos a largo plazo de los políticos y las medidas discretas. La facilidad con que esta frustración podría convertirse en enojo debería ser una verdadera preocupación, especialmente para aquellos políticos que pensaron que todo lo que tenían que hacer era dejar que Greta Thunberg hablara.