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COLUMNISTAS /
miércoles 28 enero, 2015

Los cables de Wikileaks sobre la AMIA y la grieta mediática

Por Rodrigo Lloret|La relación de Nisman con Estados Unidos y Página 12.

por Redacción Perfil

Foto: afp

En enero de 2011, Julian Assange le entregó a Santiago O’Donnell un pendrive con 2500 cables secretos de la diplomacia de los Estados Unidos referidos a la Argentina. Una de las cosas que más le llamó la atención a O’Donnell fue la información vinculada al atentado de la AMIA, en particular, la estrecha relación que mantenía el fiscal de la causa, Alberto Nisman, con la embajada norteamericana en Buenos Aires. “Dicha conducta incluye el adelantarle a la embajada medidas judiciales tanto de la fiscalía como del juzgado que entiende la causa AMIA, llevar borradores de resoluciones a la embajada para ser corregidos hasta conseguir la aprobación de la sede diplomática, y disculparse reiteradamente cuando no se dio preaviso de alguna medida judicial del caso a los diplomáticos y agentes de dicha embajada estadounidense”, explicó O’Donnell en un artículo titulado “Detrás de Nisman”, publicado el 18 de enero en su blog personal.

Al periodista que escribió dos libros, Argenleaks y Politileaks, con el material que le entregó Wikileaks le inquietaba en 2011 ver el nexo que mantenían los diplomáticos norteamericanos acreditados en Buenos Aires con Nisman por lo que redactó un artículo con la intención de publicarlo en el diario donde trabaja, Página/12, tal como lo había convenido cuando recibió los cables secretos con Assange y con Ernesto Tiffenberg, director del diario. “Sin embargo, Tiffenberg me comunicó que no publicaría mi texto sobre Nisman y la AMIA, así como los referidos al grupo Clarín, terrorismo en la Triple Frontera y otros que dejaban mal parados a funcionarios del Gobierno, incluyendo uno sobre el vicepresidente Amado Boudou”, reveló el propio O’Donnell.

O’Donnell agregó que Tiffenberg le informó que sería Raúl Kollman el periodista que escribiría en Página/12 sobre los cables de Wikileaks en la causa AMIA. La nota de Kollman se publicó el 27 de febrero de 2011 y se tituló “Una ayudita a los amigos para acusar a Irán”. Es un artículo que pone en duda la investigación de Nisman y desmiente su cercanía con el Gobierno. “De obsecuencia, de falta de independencia, de recibir órdenes de la embajada, ni una palabra”, recuerda ahora O’Donnell.

“Cuando leí el artículo le dije a Tiffenberg que me llamaba la atención que Página/12 siguiera la misma línea editorial de los grandes medios argentinos y extranjeros de proteger a Nisman y salvaguardar la investigación, pese a las dudas y presuntas inconductas que surgían de los cables de Wikileaks –sostuvo O’Donnell–. Me contestó que no, que La Nación y Clarín apoyaban la línea Galeano-Mullen-Barbaccia-Nisman, mientras que Página/12 sólo apoyaba lo que hacía Nisman, que era muy distinto a lo de sus antecesores”.

O’Donnell asegura que el pacto de silencio sobre la vinculación de Estados Unidos en la causa AMIA, –que según él, incluía a medios oficialistas y medios opositores–, se rompió cuando se firmó el Memorándum con Irán. Entonces, el periodista pudo escribir sobre la AMIA en Página/12. La columna se tituló “AMIA.doc” y se publicó el 17 de febrero de 2013. “Salvo la parte donde señalo que los cables muestran que durante su presidencia Néstor Kirchner había rechazado un convenio muy similar al que luego firmaría su esposa, que debí negociar con Tiffenberg palabra por palabra, el resto del texto, que documenta la falta de independencia de Nisman con respecto a la embajada, no mereció ningún reparo. Los tiempos habían cambiado”, aseguró O’Donnell.

Luego del primer artículo sobre Nisman en su blog, el periodista volvió a volcar la semana pasada más información sobre los cables secretos. El 24 de enero, bajo el título WikiStiuso, sostuvo que la embajada de Estados Unidos sabía que Jaime Stiuso, el ex mandamás de la SIDE, era el que proveía de informes a Nisman. También recordó que “Nisman recibía órdenes directas de la embajada estadounidense de no investigar la pista siria ni la conexión local y de dar por cierta la culpabilidad de los iraníes, aunque ningún juicio se había realizado”.

Según O’Donnell, los cables de Wikileaks demuestran más cosas: “Que Nisman le anticipaba sus dictámenes y los fallos del juez Canicoba Corral a la embajada con varios días de anticipación. Que una vez Nisman llevó a la embajada un dictamen de dos carillas y que la embajada lo mandó a corregirlo, entonces Nisman volvió unos días después con un dictamen de nueve carillas que sí fue aprobado por la embajada y recién entonces presentado en la causa. Y que otra vez Nisman pidió perdón tantas veces por no avisar que pediría la captura de Menem, que los diplomáticos tuvieron que escribir tres cables distintos para dar cuenta de sus sucesivas ampliaciones de sus pedidos de perdón y de sus promesas de que no volvería a suceder”.

A esta altura, es importante destacar que el propio O’Donnell aclara que no quiere ser “un peón en la batalla política entre el Gobierno y la oposición ni avalar conductas de unos y otros”. Por eso, en sus artículos en el blog también cuestionó la conducta de Jorge Lanata y de Horacio Vertbisky por modificar sus posturas de acuerdo a cómo se cambiaba la situación en torno a la causa AMIA, el acuerdo con Irán y la muerte de Nisman o en relación con esos periodistas y la guerra del grupo Clarín y el kirchnerismo.

Aunque sigue siendo el editor de la sección Mundo de Página/12, O’Donnell escribe en su blog pero no lo hace en su propio medio. El conflicto se produjo tras la muerte de Hugo Chávez, cuando O’donnell cuestionó al Estado de Venezuela por el manejo de la información sobre la salud del ex presidente en la columna titulada “No estuvo bien” del 10 de marzo de 2013. Una semana más tarde, la situación se complicó por un texto sobre el entonces flamante papa Francisco donde acusó a los editores del diario de cambiar su opinión: “Mi columna se llamaba ‘Perdón’, no ‘Dudas’ y termina pidiendo perdón. Me cambiaron eso sin avisarme”, advirtió O’Donnell en su cuenta en twitter.

Conocí a Santiago a principios de 2003. Yo era un joven redactor a quién él mismo y su hermana, la también gran periodista María O’Donnell, promovieron a editor de Internacionales de la revista TXT, que dirigía Adolfo Castelo. El primer número de ese semanario me tuvo como protagonista de una forma que no me enorgullece: la tapa reflejó la guerra en Irak escrita por nuestro “enviado especial” Jorge Zicolillo, un verdadero fabulador. Zicolillo nunca viajó a Bagdad y nos engañó gracias a mi falta de experiencia. Recuerdo que en ese delicado momento, Santiago lideró en la redacción de TXT la postura de hacer público nuestro error frente a los lectores. “No podemos ocultarlo y nos tenemos que hacer cargo”, repetía frente a los colegas que, por el contrario, preferían esconder debajo de la alfombra esa equivocación porque “ya había pasado en otros momentos del periodismo argentino”. Afortunadamente, la posición de Santiago fue la que se privilegió y, más tarde, la editorial que editaba TXT le inició un juicio a Zicolillo.

Hago esta referencia personal para destacar la gran estatura ética de Santiago O’donnell. Un periodista que siempre merece la pena ser leído. Y hoy más que nunca.


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