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COLUMNISTAS / NUEVOS ROLES
sábado 28 diciembre, 2019

El tiempo es un capital

Con un gobierno aún en ablande, el Presidente multiplica gestos que marquen un rumbo, mientra la oposición se ve desorientada.

por Shila Vilker

Alberto contra reloj. Foto: Pablo Temes
sábado 28 diciembre, 2019

Tiempo intensificado. Aunque la realidad social nunca cambia de un día para otro, a quince días de haber asumido el nuevo gobierno ha mostrado un impulso tan fuerte que el cambio de época se hace sentir. El primer éxito político del gobierno y en particular del presidente Fernández fue la aprobación de la compleja Ley de Emergencia sin grandes sobresaltos, en tiempo récord y en un Congreso donde no cuenta con mayoría propia. Exito que debe ser compartido con Massa y con Máximo.

Pero no todo son rosas. En una Argentina que es hoy un campo de batalla soft, la disputa por el sentido y la interpretación de los acontecimientos también ordena lecturas. Así, después de la instalación de la megaley como un ajuste a gran escala o un impuestazo, el Gobierno tiró de todo al asador: Nisman, Maldonado, Chocobar.

Cada nombre propio esconde una controversia del mismo modo que lo esconde la inminente discusión sobre drogas blandas y duras y la despenalización del consumo, los aumentos a cuenta de paritarias, o la respuesta positiva de los mercados.

“Si ser solidario es ajustar, esto es un ajuste”, dice Fernández. Desde luego está quien dice que la solidaridad es una decisión personal y no compulsiva. Se equivocan. Porque un país con el grado extremo de miseria que tiene Argentina hará la vida imposible a todos. La proliferación de agendas controversiales se da al mismo tiempo que Axel, el gobernador, propusiera a la Legislatura bonaerense un paquete impositivo progresivo con aumentos de hasta 75%.

Buscando consensos. El segundo hecho político, encadenado a la aprobación de la ley de los primeros 180 días, es la foto del acuerdo de los intereses en tensión. Se trata de un encuentro entre sindicatos, grandes industriales, pymes, campo, miembros de la Bolsa y otros actores sectoriales.

El Gobierno busca una base de consenso que trascienda los posicionamientos políticos, muy en sintonía con el discurso de asunción, en el que el llamado a la unidad fue uno de los principales highlights.

Entre tanto, y rápido para captar el clima de época, el intendente Montenegro se rebajó el salario y lo incluyó en el Presupuesto de modo impreciso. Golpe de efecto pequeño pero acorde a su electorado.

En el medio, una clase media aspiracional quiere seguir teniendo la ilusión de poder recorrer el mundo. El 30% para el dólar tarjeta le pincha el globo muy rápido. Para compensar este bolsillo mental se ofrece mucha política, mucha agenda y se abren muchos frentes. Otra vez  la voz de los medios se escucha más que la de la oposición. Han decretado que se embromó a los jubilados para socorrer a los vagos. La plaga, le dicen en el barrio, tomándolos por cucarachas.

La objeción sobre los jubilados es un señalamiento injusto. El Gobierno por ahora igualó hacia arriba con un bono para los menos favorecidos que ya empezó a hacerse efectivo. A los que están inmediatamente arriba en la base de la pirámide seguro no les gusta, porque ahora, sin haber perdido nada, quedan por el piso o en la base de la pirámide y encima sin la distinción de una jubilación al menos un poquito mejor. Esos están enojados, y los que están mucho más arriba también se quejan de la reducción de la jerarquía.

Fernández ha sido claro: “En marzo va a haber aumento para todos los jubilados. ¿Piensan que estoy loco, que voy a tener a los jubilados sin aumento y en la miseria?”

Gestos. Como todavía la marcha del Gobierno no se pudo desplegar,  los gestos lo son todo. Fernández comparte con los humildes de Cayetano la Nochebuena. Fernández responde a todo. Fernández recibe a Maradona, mayor ícono popular del país. Fernández da entrevistas que no parecen encorsetadas ni pautadas. Es un presidente que explica. Los gestos empiezan a delinearlo como un presidente solidario y dialoguista. También se lo ve cómodo en el rol, desempeñándolo con hiperactividad.

La oposición también tiene poco tiempo en su nuevo rol. Por eso, la centralidad de los gestos también corre para ella, que tiene aún por delante encontrar una dinámica operacional.

Por ahora, reparten su tiempo entre disputas –no logran acordar quién irá a la AGN– y ausencias. Macri va a Qatar cuando se discute la ley del mismo modo que Vidal va a París con su sorpresivo novio al tiempo que se discute el paquete impositivo para 2020 en la provincia. El saco (cuac) opositor aún no se lo han calzado. Por ahora, es más consistente la oposición en la opinión pública que en sus líderes.

En este fenomenal cambio de signo de la Argentina, la calle sigue viva. Mendoza es la arena donde se dieron las movilizaciones que hicieron dar marcha atrás al gobernador Suárez. Las multitudinarias movilizaciones, repletas de jóvenes, muestran la concientización en la que viven las nuevas generaciones; es muy posible que sea resultado de una educación que en los últimos años ha puesto un acento fuerte en el cuidado del medio ambiente. Viven en un mundo donde la ética solidaria se desplaza o amplía al entorno y los recursos. No es una manifestación contra el gobierno nacional, pero muestra que la demanda y la energía ciudadana están también en carne viva.

Ha pasado aún poco tiempo, pero se ha impuesto un ritmo intensivo. Hoy por hoy, el tiempo es también un capital. Pero el tiempo además es el núcleo de toda renegociación de la deuda. Que no parezca que pedir tiempo, sobre todo a los acreedores, externos e internos, es una cosa fácil. El tiempo es lo único que no vuelve. Por eso es saludable el tiempo de éxtasis que tiene el Presidente. Argentina no puede perder un segundo ni dar un paso más hacia el abismo.

 

*Analista de opinión pública. Directora de Trespuntozero.


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