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sábado 20 abril, 2019

Mil elefantes

Macri arma un relato sobre la inflación histórica para disimular la propia.

por Carlos De Angelis

OJOS QUE NO VEN Mauricio Macri Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

El marketing electoral ha pasado a gobernar la política argentina en la era de Cambiemos.

Todo para ganar. No es que los publicistas, especialistas en encuestas de opinión, analistas cualitativos y todo tipo de consultores hayan estado ausentes de la vida pública antes de 2015, pero en este tiempo han tomado por completo el espacio gubernamental, donde toda acción es pensada en réditos electorales. Se debe recordar que, a años luz de las actuales narrativas, otros gobiernos de la democracia buscaron sus caminos a fin de persuadir a la sociedad.

A diferencia de lo que sucede en estos días, Raúl Alfonsín se rodeó de intelectuales de la talla de Juan Carlos Portantiero, Emilio de Ipola y otros reunidos en el Club de Cultura Socialista. De ese núcleo de pensadores surgieron los discursos inaugurales de la democracia argentina aunque, claro, la inflación galopante y la devaluación de la moneda terminaron enterrando toda esa reflexión, que hoy quedó en el olvido. Años después, con Fernando De la Rúa, la posta la tomarían los creadores del discurso publicitario político argentino. Las publicidades del ex presidente bajo el lema de "Dicen que soy aburrido porque no ando en Ferrari" bajo la dirección de la agencia Agulla & Bachetti impactaban a la par de la “Llama que llama”, recordado comercial de una empresa de telefonía. Luego, el kirchnerismo, sin despegar de una profusa maquinaria comunicacional, buscaría recuperar el espíritu revisionista de los José María de Rosa y Rodolfo Puiggrós, que de alguna manera se vio referenciado en el grupo Carta Abierta.

Aperturas y cierres. El macrismo, en cambio, descree de las modalidades narrativas de los gobiernos precedentes y ha buscado, a su modo, construir un discurso fundacional. Para esto se fueron combinando retazos del neoliberalismo, de la gobernanza tecnocrática, de la ortodoxia monetaria, junto con las retóricas antipopulistas y también las quejas históricas de las clases medias. La finalidad del conjunto de elementos ha sido introducir una cultura de los mercados en la sociedad donde el valor de todos los bienes (incluso los simbólicos) es fijado en torno a la oferta y la demanda. Sin embargo, este híbrido ha sido desmontado por el paquete de medidas planteadas esta semana, fruto del desbarajuste económico. Intervenir en los precios y las tarifas, ya sea para controlarlos o acordarlos con “pactos entre caballeros”, dinamita todo el esfuerzo narrativo precedente y queda a todas luces como una reacción de tinte electoral.  

Hijismo, por Beatriz Sarlo

No obstante, lejos de acudir a las formas solemnes para comunicar las urgentes medidas, se recurrió a la youtube-cracia mediante el video del hogar “visitado” por el Presidente donde relataban grosso modo las nuevas acciones. La falta de verosimilitud del corto corrió en forma paralela a la desconfianza sobre el futuro éxito del plan para bajar la inflación. Más allá de esto, pasó más desapercibida la inauguración por parte de Macri, junto con Horacio Rodríguez Larreta, de las oficinas de la consultora internacional Accenture en Parque Patricios de la Capital. Allí los hombres del partido amarillo mostraron con mayor elocuencia su proyecto bajo la creencia de que la sumatoria de este tipo de empresas de servicios con el sector primario agroexportador es la única salida posible para el país, al tiempo que se va desmantelando el sistema industrial. Esta es probablemente la discusión central de la Argentina actual: ¿podría este modelo alcanzar para “dar de comer” a casi 45 millones de personas, de las cuales la tercera parte es pobre o indigente?

Macri, en el mismo acto de apertura –ya consciente del 4,7% de inflación que sobrevendría para marzo–, insistió en que el problema son los últimos ochenta años, en los que el país tuvo un promedio del 62,7% de inflación anual, transfiriendo de hecho toda la responsabilidad a “los argentinos”, sin dar cuenta de la incidencia de su propia gestión en los problemas, excepto por un exceso de optimismo. Esto remite al viejo chiste que pregunta: “¿Dónde esconder un elefante? Y se responde: entre mil elefantes”.

Trampa electoral, por Nelson Castro

¿Solo audiencias pasivas? Básicamente en la base del proyecto del PRO está la creencia de que a la mayoría de la sociedad no le importa la política, está desinformada, solo mira titulares, por decirlo suave es frívola y espera que alguien solucione los problemas sin preguntar cómo. Desde esta perspectiva, eslóganes simples como “pobreza cero” irán a seducir a millones que no van a realizar el mínimo esfuerzo para racionalizar la propuesta. Un video no desmentido que circuló en 2015 mostraba a Federico Sturzenegger (diputado nacional entonces) contando en inglés los consejos recibidos para la campaña de 2013, que se reducían a no proponer ni explicar nada. La democracia de audiencias no necesitaría, desde esta perspectiva, ninguna explicación de nada. Este mantra se mantiene hasta nuestros días, cuando los problemas se deben simplemente a la cultura política equivocada de los argentinos.

Pero la penosa situación económica que afecta a millones de familias no transcurre sin efectos. Como plantea Byung- Chun Kin, este tipo de políticas genera formas de agresión de los sujetos consigo mismos, así como el desarrollo de enfermedades afectivas, como la depresión, entre quienes no logran ver la salida a su propia situación. Buena parte de la violencia que se percibe en los hogares y en las calles –y que parece a veces inexplicable– tiene su correlato en esta angustia. Curiosamente, el tiempo va provocando otro ajuste, pero esta vez en la memoria, y le permite a Cristina Kirchner posicionarse como ganadora en un posible ballottage frente a Macri. En paralelo a estas encuestas que se dan a conocer surge una serie de presuposiciones, sobre los efectos en la vulnerable economía, de un triunfo de la ex presidenta en las PASO de agosto. El terror tiene sus propias PASO. Pero claro que, en la era de esconder un elefante entre mil, toda prospección parece ocultar una táctica de quienes tienen la capacidad de construir relatos tan masivos como efectivos.

*Sociólogo (@cfdeangelis).

 


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