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Desde la otra orilla

Nominación al Oscar: nueva gesta nacional

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“Argentina, 1985”. La nominación de esta película de Mitre es un hito más que un fenómeno. | cedoc

La nominación al Oscar de Argentina, 1985, película dirigida por Santiago Mitre y producida por un grupo de destacadas personalidades del medio audiovisual, es un hito más en el fenómeno que produjo su estreno tanto el ámbito local como en el internacional. Una cinematografía como la argentina que nació junto con el cine solo cuenta en su historia con cinco nominaciones y dos premios de la Academia de Hollywood. La excepcionalidad del hecho es indubitable.

La nominación mantendrá, hasta que se despeje la incógnita, el interés del público sobre la película, provocará su exhibición en salas del país y del exterior, sumará espectadores y compradores que aún no se hayan interesado en el filme. El impacto beneficioso sobre la comercialización de la película y el incremento de su audiencia seguramente serán relevantes y le permitirán consolidar el hecho inusual de convocar nuevamente a multitudes a las salas de cine, que fue uno de los efectos más importantes e inesperados que produjo su estreno en Argentina, ante una merma notable de asistencia del público a las salas luego de la pandemia.

No es este el hecho más destacable que la nominación produce, porque además de los valores cinematográficos del filme cuyo reconocimiento se corona con esta nominación, el asunto de la obra permite conocer un hecho de la historia reciente que dignifica a la sociedad argentina. El Juicio a las Juntas, como se denomina al proceso judicial que llevó a la condena de los militares que perpetraron el último golpe de Estado en la Argentina e instauraron un sistema basado en la violación sistemática de derechos humanos esenciales, constituye el acto de mayor civilidad política que el país dio en su naciente democracia.

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Esto le otorga un valor especial y ratifica una orientación de la Academia a nominar películas que echan luz sobre procesos históricos vinculados al atropello de derechos y generan conciencia sobre la necesidad de defenderlos. Así sucedió en 1984 con la película de María Luisa Bemberg, Camila que en el primer año de la recuperación democrática narró el horror del autoritarismo con un historia sucedida en el siglo XIX. Un año más tarde, Luis Puenzo con La historia oficial que refleja el drama de la apropiación ilegal de personas vuelve a conquistar el juicio de la Academia y en este caso obtiene por primera vez para Agentina la esperada estatuilla.

La tregua, de Sergio Renán sobre la célebre novela de Mario Benedetti fue la primera película que alcanzó esta nominación, y si bien narra un drama íntimo, hay un friso social que marca la conducta de los personajes. Lo mismo sucede con El hijo de la novia de Juan José Campanella que obtuvo la nominación en 2001. El secreto de sus ojos, también de Juan José Campanella, logra la nominación y la estatuilla con una historia donde lo social y lo tribunalicio son el ámbito en el que se desarrolla la acción.

Las expectativas sobre el posible triunfo se incrementan por las razones apuntadas y por la recepción de otros premios internacionales que precedieron a la nominación.  Pero el afán colectivo por sumar triunfos a la celebrada consagración del país en el Munidal de fútbol de 2022 no puede conducirnos al engaño. La nominación de la Academia distingue el talento de un grupo de personas que desde distintos ángulos contribuyeron a la realización de un filme que mereció aprobación internacional. No es una distinción al país. Como el Mundial, el Oscar no reportará al pueblo argentino la paz y la igualitaria prosperidad que desea.

Estos triunfos en actividades relevantes para el ser humano echan luz sobre una contradicción que llama la atención en el mundo: cómo puede ser que un país en el que nacen y se forman personas que pueden destacarse y producir obras de impacto puede encontrarse tan postrado en su desarrollo, tan perdido en el ordenamiento de sus asuntos internos.

Si los artistas, productores, técnicos que crearon Argentina, 1985 obtienen el premio, habrá una distinción a un grupo de personas que pudieron superar las vallas que imponen las circunstancias políticas, económicas y sociales de un país aparentemente sin destino.

Más allá de la obtención del premio, los hacedores de la película pueden sentirse muy honrados porque obtuvieron la mejor distinción a una obra, que es el favor del público de todo el mundo y la difusión de un acontecimiento histórico que nos permite abrigar esperanzas en un futuro superador de las actuales circunstancias.

* Profesor de derecho constitucional.